Nótese que sólo en los casos 1 y 2 hay voluntad y acuerdo de que otro pague la cuenta, los demás son casos involuntarios, forzosos, podríamos decir, incluso, que hay una especie de delito pues implica un costo sin consentimiento, casi un robo.
Analicemos ahora al caso de la EDUCACIÓN GRATUITA. Me refiero al sistema que consiste en que el que estudia no paga por los servicios educativos que recibe. Este sistema se aplica en las escuelas del gobierno mexicano. Es cierto que en algunas universidades se cobra 20 centavos por el trimestre, otros pagan dos mil pesos, pero comparando con los costos reales, estos pagos no significan nada para la institución.
La gratuidad de la educación la hemos vivido toda la vida que no advertimos nada malo en ello, es más, se llega a defender como una de las grandes conquistas del pueblo. Pero si usted ya acepta que nadie puede comer un sandwich gratis, entonces está a punto de aceptar que tampoco existe educación gratuita, pues ésta no cae del cielo.
Puede uno pasarse años y años en las escuelas y universidades, recibiendo certificados de Primaria, Secundaria y Preparatoria, o bien, títulos de Licenciado, Maestro y Doctor y nunca preguntarse quién pagó por los gastos que se generaron. O se prefiere aceptar una respuesta simple: se paga con los impuestos.
Casi cualquier Licenciado, Maestro o Doctor salido de las universidades públicas opinará que el sistema de educación gratuita es algo correcto, y la prueba es que él pudo lograr los títulos que posee.
Consideremos grosso modo que alguien que recibe el grado de Doctor y que posiblemente estuvo becado desde la primera, implicó los siguientes gastos pagados por los contribuyentes:
Primaria $ 100,000.00
Secundaria $ 75,000.00
Preparatoria $ 120,000.00
Licenciatura $ 2,000,000.00
Maestría $ 3,500,000.00
Doctorado $ 5, 000,000.00
Es decir, formar un Doctor cuesta más de diez millones de pesos. Al nuevo Doctor le parece que el sistema de educación gratuita es una maravilla pues él nunca pagó nada, es más, le pagaron buenas becas y gastos por estar estudiando, es un sistema perfecto, pensará. Cuando se le pregunta al flamante Doctor que logró disfrutar de esta gratuidad invariablemente pensará que se debe defender ese sistema pues de otra manera nunca hubiera yo estudiado.
Es comprensible su respuesta pues él es uno de los beneficiados. Es como si se le preguntara a un Diputado si es bueno que exista el Congreso. Con los sueldos que tienen, los bonos, la posibilidad de viajar a donde quieran con cargo al erario, de darse aumentos de sueldos cuando deseen, aguinaldos extravagantes... jamás opinarán que haya algo inmoral en la Cámara de Diputados.
Pero qué pensará el graduado universitario cuando se le diga que todo ese dinero fue aportado involuntariamente por los contribuyentes (por eso se llaman impuestos), que dejaron de comer para pagarle sus gastos y que por eso ahora ya están más pobres.
Qué pensará nuestro graduado cuando se le demuestre que quienes más contribuyeron a sus gastos, no fueron los empresarios, pues ellos tienen forma de evadir los impuestos, sino los empleados de cheque quincenal y la gran masa de consumidores que son los pobres y en pobreza extrema de este país.








