Celebrando los treinta años de la Literatura de Pavel Oyarzún (Artículo)
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2 de mayo de 2021

 

Confieso que uno de los problemas más difíciles en el ámbito literario es referirse a la obra de otro escritor. Más aún, si se trata de un amigo con quien me liga el recuerdo de compartir pantagruélicas jornadas de bohemia, sueños y quimeras. Es el caso de Pavel Oyarzún, compañero en este oficio de escribir, a quien conocí hace más de dos décadas, cuando su persona y su obra poética eran ya un referente para los más jóvenes.

Es importante recalcar esto último. La vida literaria de Pavel se divide en dos mitades exactas: la primera que va desde 1989 hasta 2004, se circunscribe en los avatares del quehacer lírico. Luego, a contar de la aparición de su primera novela hasta nuestros días, con un paréntesis en 2015 con la publicación hecha por Nadar Ediciones, de su trabajo poético recopilatorio con el libro “Palabras abren sepulcros. Antología poética invertida”, la vida de mi amigo se desenvuelve entre los vericuetos de la creación narrativa. Es lo que trataremos de explicar.   

Algunos aspectos esenciales de su trabajo poético

En diciembre de 1989 hace exactamente treinta años, un joven escritor llamado Pavel Oyarzún sacudía el ambiente literario de Magallanes con la publicación de un libro de poesías llamado “La Cacería”, texto impreso en la Editorial Atelí de Punta Arenas,  compuesto de veinte y un composiciones en verso libre, en que  denunciaba con un descarnado tratamiento literario el genocidio padecido por los pueblos indígenas de la isla de Tierra del Fuego en las postrimerías del siglo XIX y albores del XX. El autor, en el prólogo que antecedía a la obra, se refería a ella de la siguiente manera:

“Imaginar a un yámana o a un selknam recibiendo un tiro, y pensar lo que pudo haber sentido en ese momento alguien que se mantenía unido al mundo por instinto, es imaginar lo imposible, lo que no tiene rostro, origen ni retorno”.

“Aquí la poesía no puede ir por esta geografía, dando un soplo de vida como en el Libro del Génesis, y hacer que estos muertos se levanten y se incorporen a estas luchas como patriotas renacidos. Eso es lo inimaginable. Eso es lo terrible”.

Cuatro años más tarde, en 1993, este autor presentaba un breve texto poético, tan controvertido como el anterior, pero de una temática absolutamente diferente. ”La Jauría desquiciada” es una obra de quince poemas divididos en cuatro partes, en donde Oyarzún nos comparte su particular interpretación del desencanto de la juventud, producto de una mirada nihilista de la sociedad con un escepticismo que estremece. Así en la estrofa final del poema “Todas iban a ser reinas” se lee:

“Todas las noches de la República

Se abren para ellas.

Para que las transiten

Riéndose como locas,

Todavía sin senos…

Con el alma y la vagina profanadas”.

Estas obras iniciales hablaban de un quiebre no sólo con el tradicional lenguaje poético, al renegar no sólo del empleo del verso con rima, sino además, de proponer una ruptura con las temáticas que en palabras del vate, caracterizaron a los escritores de nuestra  literatura magallánica, durante más de un siglo; “una producción poética que giraba en torno al paisajismo y la configuración de estereotipos humanos; un encierro entre la descripción del paisaje y las estampas magallánicas”.

Luego de publicar en 1994, el poemario “La luna no tiene luz propia”, Pavel Oyarzún se abocó a dar un sustento ideológico y teórico a su crítica literaria. Junto al escritor Juan Magal editaron en marzo de 1998 - siempre con el sello Atelí - el libro “Antología Insurgente. La Nueva Poesía Magallánica”, título sugestivo y provocador, en donde los autores seleccionaron a veintisiete poetas, varios de ellos inéditos, hasta conformar un texto precedido de un importante ensayo introductorio – firmado por Oyarzún- el que en sus primeros párrafos contenía una fuerte crítica a los bardos que pertenecieron a generaciones anteriores: “Al parecer, a los poetas australes, por décadas, sólo los motivó el exaltar las magnitudes de un paisaje, de por sí conmovedor en su extensión, rigor climático y desolación, como así, también, la gesta pionera, los recuerdos pintorescos de la infancia, las costumbres y vestimentas campesinas, las fiestas y conmemoraciones de carácter patriótico, los himnos a las escuelas primarias, las loas a tal o cual pueblo o ciudad de la región, en fin, todo aquello que no conllevara el reflejo o la intervención poética en los conflictos sociales y humanos profundos en relación al individuo y su tiempo”.

Más adelante justificaba esa crítica aduciendo las posibles razones y señalaba: “La mantención de este statu quo poético se encuentran, más bien, en la conformación de un orden social y cultural al cual se le impuso un arquetipo de poeta; vale decir, aquel que juega un rol contemporizador, ocupado sólo de la exaltación paisajista o dirigido a cantar al estoicismo del pionero, o de los que “hacen soberanía”, en suma, el lado hazañoso del ser humano (inmigrante y colonizador) de este territorio”.

Luego de mencionar y enumerar a los principales autores magallánicos, que de acuerdo a la propuesta de Oyarzún, -fueron la excepción a la regla- se impone a fines de los años ochenta y principios de los noventa del siglo anterior, la aparición de un tipo de poeta que “cuestiona el orden social y moral, la presencia o ausencia de Dios, la vida y la muerte, la ciudad y la marginalidad urbana, el consumismo o la voracidad adquirida a nivel masivo, la dictadura y sus efectos, la democracia y su hibridez, el amor y el odio, las utopías personales y el desamparo”. Propone además, como criterio para elaborar esta antología, la incorporación de cinco nuevas temáticas que estos autores utilizan en su propuesta creativa y que los diferencian de los llamados “tradicionales”; la aparición de aspectos histórico-sociales y testimoniales; la cuestión indígena; la problemática social y moral; la presencia de motivos urbanos en el contenido poético y una nueva búsqueda para retratar, desde lo lírico, el sentimiento amatorio.

A principios del milenio, Pavel Oyarzún presentó otro texto poético: “Patagonia, la memoria y el viento”. Aquí el hablante lírico discurre, plasma y denuncia en cuatro etapas lo que historiadores del calibre de Osvaldo Bayer, cineastas como Héctor Olivera o periodistas como Carlos Vega Delgado habían desmenuzado en sus respectivas disciplinas; la descripción y el  rescate del gran movimiento obrero patagónico, con su fuerte vínculo de ideas ácratas y miles de muertos en el período de 1919-1921, en las sangrientas jornadas de Puerto Bories, Punta Arenas, Río Gallegos y Santa Cruz, movimiento aplastado por la reacción confabulada entre los poderes políticos de Chile y Argentina, unidos para defender los intereses económicos de grandes conglomerados de empresarios privados, en donde integrantes de los gobiernos de ambas naciones tuvieron directa participación en la repartición de la riqueza industrial. 

Pavel había llegado a la madurez como poeta. En diciembre de 1998 obtuvo el primer lugar en el Concurso Binacional de Poesía de la Patagonia. El 2000 obtuvo la Beca de Creación Literaria otorgada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. En noviembre de 2001 logró el primer y el tercer lugar en el IX Festival de “Todas las Artes Víctor Jara”, en los géneros de cuento y poesía. En tanto, en abril de 2002, la Ilustre Municipalidad de Punta Arenas le concedió el Premio Municipal de Literatura. A fines de ese año, nos sorprendió con la entrega de un hermoso texto de corte bucólico e intimista denominado “In Memoriam”, en que el autor rinde una suerte de homenaje póstumo a doce poetas, dedicando una composición a cada uno de ellos. Los nombres de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Fernando Pessoa, Thomas Eliot, César Vallejo, Vicente Huidobro, Sergei Esenin, Enrique Lihn, Rolando Cárdenas, Jorge Teiller, Roque Dalton, José Luis Martínez embellecen estas páginas. El libro concluye con los versos en recuerdo de su padre en que dice:

“No te doy descanso, padre mío, a pesar de saber

que el reposo de tu sangre es tan merecido

como el del vino en la madera;

porque soy tu hijo, y ninguno de tus hijos

renuncia a llamarte cada día;

y porque sabemos que tú no dejas de acudir al llamado,

como de costumbre.

Acercándonos a la obra narrativa de Pavel

Como dijimos, nuestro autor publicó en 2004 su primera novela “El Paso del Diablo”, que esencialmente profundiza, utilizando las diversas técnicas que ofrece el discurso narrativo, los distintos motivos, elementos y personajes que se ofrecían en los versos de “Patagonia, la memoria y el viento” sobre las huelgas llevadas a cabo por el movimiento obrero. La acción transcurre en los últimos días de 1921, cuando el líder anarquista, Antonio Soto Canalejo, emprende junto a doce compañeros una retirada por un paso cordillerano escapando de las tropas del 10 de Caballería del ejército argentino comandado por el teniente coronel Héctor Benigno Varela.  

El éxito de esta novela superó las expectativas del propio autor demandando varias reediciones. El argumento de la obra ha servido para la elaboración de cortometrajes y de algunas películas inspiradas en la figura casi mítica del gallego Soto Canalejo. En su conjunto, el texto consiguió recuperar desde la ficción parte de la epopeya anarquista en el austro y lo más importante a nuestro entender: junto al éxito de librería también llegó el reconocimiento del Ministerio de Educación; “El Paso del Diablo” fue incorporado a los planes y programas de la asignatura de Lenguaje y Comunicación, y en las universidades de la Patagonia se le considera un libro clave para comprender los grandes procesos sociales que ocurrieron en esta parte del mundo en la primera mitad del siglo XX.

Pavel publicó su segunda novela “San Román de la Llanura” en el invierno de 2006. La obra había recibido el año anterior, de parte del entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el  Premio a Mejores Obras Literarias Inéditas.

En síntesis, la obra presenta a Roberto, un periodista de Valparaíso, que recibe el encargo de escribir la biografía del anciano hacendado en Magallanes, Maximiliano Meléndez, quien vive en un pueblo construido por él, a doscientos kilómetros de Punta Arenas. La acción gira en el invierno de un remoto año 1931 y está contada desde una primera persona. La periodista Andrea Berger, especializada de la sección Cultura y Espectáculos de la desaparecida revista “Ercilla”, escribió en el Nº 3.296, el siguiente comentario: 

“Roberto descubre en esta travesía inserta en clima difícil, un mundo desolado y lleno de personajes sacados de películas, donde ocurren una serie de sucesos dignos de las grandes ciudades. Además, enfrenta una constante lucha entre su ser y la soledad del entorno que lo rodea. Es un relato sumamente descriptivo que detalla de manera fascinante los parajes y las personas que en él viven, así como las sensaciones que el protagonista experimenta en el transcurso del relato, lo que permite al lector adentrarse en ese extraño pueblo al fin del mundo”.  

A estas novelas le sucede el extenso relato “Barragán”, mestizo tehuelche nacido en el Fuerte Bulnes, que emprende sin éxito – movido por el odio hacia el hombre blanco- una suerte de recuperación de los territorios usurpados por los colonizadores. Publicado por Editorial Lom, en 2009, esta obra completa la trilogía que Pavel se propuso escribir a comienzos de este milenio y que busca novelar desde la recuperación histórica tres episodios en que se conjugan las tres acciones temáticas y discursivas que movilizan su acervo narrativo: los personajes que construyeron la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, el genocidio indígena y el movimiento obrero en la Patagonia.

Pasaron siete años para que Pavel nos compartiera su controvertido trabajo “Krumiro”, editado en marzo de 2016. La acción transcurre en Punta Arenas y en algunos espacios de Santiago. Retrata la adolescencia y juventud de un joven militante comunista dividido entre la consecuencia con los principios y la causa revolucionaria y su adicción al sexo que lo lleva a concretar todo tipo de encuentros fugaces con distintas mujeres con el único propósito de satisfacer su propio deseo carnal. Krumiro, nombre despectivo dado también a los rompehuelgas, es un sexópata que a la manera del Marqués de Sade, goza y sufre participando de la lucha social y de su propia perversión.

Aquí se presenta una característica clásica de los personajes centrales de la narrativa de Pavel: todos ellos son antihéroes. En general, se trata de actores cuestionables, contradictorios desde un plano moral que no poseen los grados de valor que se requiere para llevar adelante el rigor que presupone el relato; en aquello consiste una de las mayores propuestas de la narrativa de Oyarzún: romper con el molde de un personaje central que lo resuelve todo y que termina imponiendo un discurso. Los protagonistas de la obra de Pavel son actores que poseen una doble personalidad, que los hace vulnerables a la cotidianeidad y detestables al paladar del lector prejuicioso. Son los personajes secundarios los que emergen en ayuda del protagonista para sostener y elevar el nivel del relato y de la acción.

 

“Será el Paraíso”, su nuevo y último trabajo

Ambientado en el año 1984 esta novela recrea el plan de tres jóvenes comunistas que emprenden una particular campaña de reclutamiento de militantes en la soledad de la isla de Tierra del Fuego. Confrontados con un paisaje hostil se suceden todo tipo de situaciones adversas que hacen tambalear la causa por la que luchan presentándose otro de los elementos literarios en que descansa buena parte de toda la obra de Pavel: la aparición del absurdo que supera a toda proyección de la realidad.      

 

Foto: RadioPolar.com
Nota: Esta crónica fue publicada originalmente en el dominical El Magallanes.  

 

 Víctor Mauricio Hernández Godoy. Presidente de la Sociedad de Escritores de Magallanes, Chile.
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