Los análisis que la actual administración federal ofrece de los avances del compromiso del milenio en torno a la EDUCACIÓN PARA TODOS nos hace caer en la cuenta del manejo aritmomorfo como elemento fundamental de los diagnósticos y de los pronósticos educativos.
¿EVALUACIÓN EDUCATIVA?[1]
Por: Luis G. Benavides Ilizaliturri[2]
Los análisis que la actual administración federal ofrece de los avances del compromiso del milenio en torno a la EDUCACIÓN PARA TODOS nos hace caer en la cuenta del manejo aritmomorfo como elemento fundamental de los diagnósticos y de los pronósticos educativos.
Se concretan los informes en seis acciones[3] que exigen atención prioritaria hacia el 2015, para dar cumplimiento, a los compromisos de Dakar. Cabe hacer notar que el 8 de Septiembre del año 2000, México suscribió la Declaración del Milenio que igualmente compromete al País con el cumplimiento de responsabilidades que nunca serán realizadas sin la educación:
Defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial
Establecer una paz justa y duradera en todo el mundo;
Respetar la igualdad soberana de todos los Estados: integridad territorial e independencia política
Respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales;
Vivir los valores fundamentales de: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto de la naturaleza, responsabilidad común de la gestión del desarrollo económico y social;
Promover el desarrollo y la erradicación de la pobreza.
o Reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día y el de las personas que padezcan hambre; igualmente, para esa misma fecha, reducir a la mitad el porcentaje de personas que carezcan de acceso a agua potable o que no puedan costearlo.
o Velar por que, para ese mismo año, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria y por que tanto las niñas como los niños tengan igual acceso a todos los niveles de la enseñanza.
o Haber reducido, para ese mismo año, la mortalidad materna en tres cuartas partes y la mortalidad de los niños menores de 5 años en dos terceras partes respecto de sus tasas actuales.
o Para entonces, haber detenido y comenzado a reducir la propagación del VIH/SIDA, el flagelo del paludismo y otras enfermedades graves que afligen a la humanidad.
o Prestar especial asistencia a los niños huérfanos por causa del VIH/SIDA.
o Para el año 2020, haber mejorado considerablemente la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios, como se propone en la iniciativa “Ciudades sin barrios de tugurios”.
Existe en los organismos interesados en educación desde el campo de la economía y las finanzas, una fuerte tendencia a identificar sin más educación y escolarización, es decir, a reducir el quehacer educativo de los Estados a asegurar le oferta de servicios escolar y a promover la permanencia en ellos de los estudiantes, así se esboza en esta ponencia.
Sin embargo, el compromiso de la educación para todos, ya desde Jomtien, reafirmado en Hamburgo y reasumido en DAKAR, comprende mucho más.
No se trata sólo de que la educación sea considerada como el medio indispensable para el desarrollo, entendido éste como el crecimiento económico de los pueblos y el acceso al bienestar[4]. La educación es mucho más. En efecto, la educación es el único medio que los seres humanos hemos inventado para hacernos efectivamente seres humanos.
Esta es la tesis central de la EDUCACIÓN PARA TODOS. Por ello, tanto en Jomtien, como en Hamburgo y en Dakar, la UNESCO plantea el compromiso educativo como un derecho para todos sin restricciones ni exclusiones: sin límites de edad, sexo, religión, grupo, situación social, ni años de escolaridad.
El reto más grande para cumplir con los compromisos del milenio no estriba sólo en ofrecer escuela en todos los nivele ni en retener en ella a todos los que ingresan.
Ciertamente este es un reto educativo enorme, pero de nada servirá si no reflexionamos nuevamente en los fines de la educación.
La falta de claridad y de reflexión sobre los fines de la educación ha hecho de los servicios escolares una realidad ajena a los problemas económicos, sociales y culturales de nuestro entorno.
Si, con visión prospectiva, y, en función de los fines de nuestra educación, revisamos cada uno de los compromisos de Dakar y determinamos lo que nos falta por conseguirlos, seremos congruentes en nuestros empeños y acercaremos las metas a nuestro presente.
Una reflexión en torno a calidad educativa. Muchos estudiosos de la educación intentan definir qué es la CALIDAD de la educación. En su curso, muchos se han olvidado de que la calidad NO es un ser-en-sí, sino un ser-en-otro, cuya determinación no puede ser general, ni abstracta, ni unívoca. La calidad de un ser (la educación, por ejemplo) responde a situación histórico/temporal concreta cuyas características sólo pueden ser señaladas por la sociedad que vive la educación.
Otro problema se refiere a la evaluación que simplemente se identifica con los diagnósticos, cuya publicación –como se sabe por estudios formales al respecto—no realiza mejora alguna sobre el ser mismo de la educación. Se diría que la medida de la “educación” que hace la OCDE (cuyo nombre manifiesta su especialización en materia educativa) se ha convertido en parámetro denotativo de lo que sucede en nuestras escuelas y a la vez en meta por superar: los físicos afirman que cuando “miden situación o velocidad de los electrones” de hecho no saben lo que miden… imaginémonos si sabremos lo que miden esas “pruebas” llamadas educativas…
En toda reforma educativa el reto más grande consiste en: definir, redefinir los fines de la educación, los conceptos sobre educación; formular una teoría educativa conjugada con una práctica congruente y que todo ello se realice participativamente con la sociedad. Ahí estriba el problema central de la educación.
Respecto a la participación social, su función no se puede reducir a lograr que los padres apoyen a las escuelas y a los hijos que asisten a ellas. La participación social es un proceso educativo en sí mismo que hace soberano al pueblo porque le permite planear, definir, valorar, evaluar los procesos educativos y, sobre todo, definir los perfiles del mexicano del futuro.
Dos reflexiones finales:
El analfabetismo (así se declaró en Hamburgo) no es simplemente un problema educativo, sino es primordialmente un problema social. Somos analfabetas porque somos pobres y no al revés. Si estructuralmente todo gira en torno al mercado y sus reglas, si la pobreza crece y la búsqueda por la subsistencia ocupa toda la vida… Ningún esfuerzo alfabetizador logra resultados a menos que se sustente en un cambio social estructural.
Finalmente, respecto a la atención escolar de toda la población, conviene tener en cuenta los costos educativos: ningún presupuesto puede satisfacer las necesidades de aprendizaje permanente de toda la población, ni puede escolarizar a toda su población con el modelo de escuela que tenemos.
Ya desde Jomtien se propuso la necesidad de crear nuevos modelos educativos cuyas tecnologías sean diferentes a la tecnología escuela. Hacer más de lo mismo no resuelve el compromiso de México para el 2015[3]. HABREMOS DE CREAR Y ACEPTAR NUEVOS MODELOS EDUCATIVOS QUE NO NECESARIAMENTE ESCOLARICEN en la escuela que hoy tenemos.
[1] Artículo publicado en el Boletín Electrónico del CIPAE, No. 11, julio 2006.
[3] No podemos aspirar a construir un país en el que todos cuenten con la oportunidad de tener un alto nivel de vida si nuestra población no posee la educación que le permita, dentro de un entorno de competitividad, planear su destino y actuar en consecuencia… Aunque varios factores contribuyen a promover la soberanía de los individuos y la de los grupos sociales que éstos forman, para el gobierno no existe la menor duda de que la educación es el mecanismo determinante la robustez y velocidad con la que la emancipación podrá alcanzarse, el factor determinante del nivel de la inteligencia nacional y la punta de lanza del esfuerzo del esfuerzo nacional contra la pobreza y en pro de la equidad. El gobierno de la República considera a la educación como la primera y más alta prioridad para el desarrollo del país, prioridad que habrá de reflejarse en la asignación de recursos crecientes para ella y en un conjunto de acciones, iniciativas y programas que la hagan cualitativamente diferente y trasformen el sistema educativo. (Plan Nacional de Desarrollo. Pág. 48)








