La historia de la conquista es distinta de lo que conocemos: Eduardo Matos Moctezuma
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26 de septiembre de 2020

 

La Malinche y los tlaxcaltecas fueron unos traidores; Hernán Cortés quemó sus naves; el capitán español se sentó a llorar al pie de un árbol en la llamada “noche triste”, o los antiguos mexicanos creyeron que los europeos eran dioses, son algunos de los hechos de la Conquista de México que por años se han dado por ciertos, pero que en realidad no ocurrieron, aseguró el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

El fundador del Proyecto Templo Mayor y miembro de El Colegio Nacional señaló también que las causas de la derrota de Tenochtitlan y Tlatelolco fueron cuatro: psicológicas, económico-políticas, el armamento y las estrategias, y la salud.

Al participar en la conferencia virtual “La conquista de México”, organizada por la UNAM San Antonio, rumbo a los 500 años de ese acontecimiento, el doctor honoris causa por la UNAM explicó el papel relevante que tuvo la Malinche en esta historia. Era una mujer inteligente, muy preparada y culta, hablante de maya yucateco y maya chontal, náhuatl y posiblemente totonaca.

Con su presencia y la de Jerónimo de Aguilar, un español que años atrás naufragó y aprendió maya, se pudo hacer una triangulación de idiomas para que el conquistador español pudiera comunicarse. Ese manejo de lenguas fue definitivo en el ámbito militar.

El también integrante de las academias mexicanas de la Lengua y de la Historia, aclaró que Malinche no fue una traidora porque, simplemente, no era mexica, sino originaria de un pueblo cercano al actual Coatzacoalcos.

Lo que hizo fue defender a su gente de la expansión azteca, que consistía en triunfos militares y la imposición inmediata de tributo, de la entrega periódica de maíz, frijol y otros productos al tlatoani, en ese momento Moctezuma II.

En la primaria nos dijeron –continuó– que cuando llegó Cortés quemó sus naves. Eso nunca ocurrió; en realidad las encalló en Veracruz, y más tarde aprovechó los aparejos de esos navíos para construir bergantines en Texcoco y Tlaxcala.

Los tlaxcaltecas aceptaron apoyar a los españoles y se les ha tildado de traidores, cuando no lo son. En los europeos vieron un aliado que los ayudaría a evitar la opresión del poder mexica, recalcó Eduardo Matos.

Una vez que los conquistadores llegaron a Tenochtitlan, un factor importante fue la muerte de Moctezuma, añadió. Según la versión española, Cortés le pidió que se asomara por la azotea del palacio donde estaba prisionero para calmar el ataque del pueblo azteca. “Se dice que le arrojaron piedras y que una lo hirió de muerte”.

La versión indígena, en cambio, indica que fue muerto por Pedro de Alvarado. “Me inclino por esta última, porque Moctezuma ya había perdido el mando; al haberse nombrado a otro tlatoani, su hermano Cuitláhuac, ya sin mando y sin poder de convencimiento, el primero representaba una carga para los españoles que ya planeaban la huida de la famosa noche triste”.

Abundó que durante la madrugada huyeron por la calzada de Tacuba. Fueron descubiertos y de inmediato atacados. La batalla fue muy violenta y la retaguardia de Cortés quedó aislada; se perdieron vidas humanas, caballos, fardajes de oro. En Popotla, el militar español se entera de lo ocurrido y suelta unas lágrimas por la pérdida de sus tropas, según relató Bernal Díaz del Castillo.

Pero el “árbol de la noche triste” es un mito más. Jamás se menciona en ninguna fuente histórica que se sentó a llorar bajo el ahuehuete. Sencillamente continuó su huida hacia Tlaxcala, donde ordena la construcción de los bergantines, 12 o 13 pequeñas embarcaciones que le sirvieron para atacar la ciudad de Tenochtitlan.

Matos Moctezuma dijo que la derrota de la capital mexica, y la ciudad hermana y vecina, Tlatelolco, se debió a cuatro causas. La primera fue la psicológica, el ánimo que prevalecía en cada bando; entre los aztecas había augurios que no señalaban nada bueno para el imperio, como la aparición de un cometa, el incendio del templo de Huitzilopochtli sin motivo, la aparición de una mujer gritando en las noches “¡Ay, mis hijos!”, etcétera.

A ese ánimo decaído se sumó la muerte de su gran jefe de los ejércitos y sumo sacerdote, Moctezuma, y a las pocas semanas de gobierno del nuevo tlatoani, Cuitláhuac, quien murió víctima de viruela.  Las tropas mexicas estaban desmoralizadas, aun así pelearon y se defendieron de una forma tremenda. En cambio, el mando español sobrevivió hasta el final de la conquista.

Otro fue el económico-político, toda vez que los pueblos sojuzgados por los aztecas vieron la oportunidad de liberarse de ese yugo. Se registraron levantamientos contra el tributo, pero fueron reprimidos. Ante esta situación se unieron masivamente a las tropas españolas.

Miles de indígenas tlaxcaltecas, cempoaltecas, huejotzingas, entre otros grupos, se sumaron a los 800 o mil europeos para formar un ejército de 70 mil u 80 mil guerreros. Ese fue uno de los aspectos definitivos en la Conquista

El tercer elemento fue el armamento y las estrategias. Cortés mandó cortar el agua potable que abastecía a la ciudad y con los bergantines enfrentó a cientos o miles de canoas. También evitó el ingreso de alimentos para sus 180 mil o 200 mil habitantes.

La cuarta causa fue la viruela, una enfermedad nueva para los antiguos mexicanos, añadió Eduardo Matos.

El último tlatoani, Cuauhtémoc, después de una resistencia impresionante, fue aprehendido y llevado ante Hernán Cortés. Le dijo que había hecho lo posible para defender a su ciudad y su pueblo, que ya no podía más; le pidió entonces tomar el puñal que llevaba al cinto y ser sacrificado.

El destino de los guerreros mexicas capturados en combate y sometidos al sacrificio era acompañar al Sol en su recorrido. El conquistador no lo entendió, les perdonó la vida y así tuvo que vivir los siguientes cuatro años, sin cumplir su ciclo como gran capitán del ejército azteca.

Tlatelolco fue el último lugar de la resistencia indígena. El 13 de agosto de 1521 cayó en poder de Cortés. A partir de entonces surgió la Nueva España y nació el México de hoy, concluyó el destacado arqueólogo.

Boletín UNAM-DGCS-807/2020
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