¿QUÉ HARÁN LOS RECHAZADOS?
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¿QUÉ HARÁN LOS RECHAZADOS?

Por: Isabel Specia Cabrera*

 

La palabra rechazo, en sus varias definiciones, significa residuos o fracciones no valorizables; no aceptar o admitir; negar, rehusar. Podríamos decir entonces que los miles de jóvenes que serán rechazados por la UNAM, UAM e IPN, son los residuos sociales que no encajan en los términos señalados por la Constitución

 

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Política Mexicana, que en su artículo tercero señala que “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado –Federación, Estados, Distrito Federal y Municipios- impartirá educación preescolar, primaria y secundaria…” y que añade en su fracción V que “….el Estado promoverá y atenderá todos los tipos y modalidades educativos –incluyendo la educación inicial y a la educación superior- necesarios para el desarrollo de la nación…”

 

Miles de jóvenes realizaron en días pasados el examen de ingreso a las 81 carreras que oferta la UNAM tanto en sistema abierto como escolarizado. Las cifras oficiales sobre el número de aspirantes son inciertas, pero se tiene como dato de referencia el registrado el año pasado cuando unos 140 mil aspirantes participaron en el concurso de selección, para ingresar a esta máxima casa de estudios.

 

La cifra, claramente superada este año, arrojó trágicos resultados. De este total (140 mil), sólo fueron aceptados 15 mil. La UNAM cuenta en la actualidad con 160 mil estudiantes en nivel de licenciatura. El resto de aspirantes quedaron sin la menor posibilidad de una preparación universitaria, si tomamos en cuenta que el nivel económico de una gran mayoría de ellos les impide pagar una preparación particular cuya colegiatura oscila entre tres y cinco mil pesos, cifra bastante elevada si se toma en cuenta que el salario mínimo en la ciudad de México es de alrededor de 50 pesos, lo que equivale que al mes un padre de familia obtiene por su trabajo aproximadamente mil quinientos pesos.

 

El día 29 de marzo, se darán a conocer los resultados de la selección. Miles y miles de jóvenes tendrán que ver con decepción que su nombre aparezca con el adjetivo de “rechazado”, muchas de las veces, aún acreditando el examen, por lo que su deseo de contribuir o ser parte del desarrollo del país, se verá mermado. ¿Qué hará?

 

Poco antes de conocer los resultados del examen a la UNAM, la UAM, convoca a todo estudiante que quiera ingresar a la institución a realizar su registro y su pago correspondiente para poder presentar el examen, el último día para realizar el pago será el seis de marzo. ¿Cómo creer esto? Si como estudiante, no se está cierto en acreditar el examen a la UNAM, puede pagar el de la UAM, total, si lo que sobra es dinero.

 

Desde fines del año pasado, varias instituciones educativas en el Distrito Federal, ofertaron cursos preparatorios para el ingreso a la UNAM. En la mayoría de ellos, su publicidad resaltaba la garantía de ingreso. Sin embargo, la realidad es claramente otra. El sábado 21 de febrero, la salida de cada uno de los estudiantes reflejaba la angustia, desesperación, decepción, estrés e incertidumbre que había provocado el examen. Llanto en muchas de las jóvenes que abrazaban a sus familiares que con angustia y rezos esperaban fuera de las instituciones utilizadas para realizar la máxima prueba. “¿Qué pasó, por qué lloras?”; ¡No manches güey, está perrísimo el examen!; ¡Parece examen de doctorado, no hay alumnos de bachillerato que sepan lo que estos güeyes preguntan! ¡Ni madres, a la UAM! Estos y muchos más eran los comentarios que se escuchaban de los aspirantes que salían desconcertados. Y qué decir de los padres, que con angustia veían pasar los minutos, las horas en espera de ver a sus hijos salir del martirio.

 

Los rechazados, como suele llamarse a quienes no obtuvieron un sitio en la institución educativa, se han unido en varias ocasiones para manifestar su inconformidad y este año no será la excepción. Los integrantes del MAES (Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior) convocaron para este próximo sábado 28 a una movilización a todos los estudiantes que deseen unirse a su movimiento que lucha “por el derecho de todos a recibir educación superior”.

 

Para el MAES, la UNAM, UAM e IPN, excluyen anualmente a cerca de 200 mil jóvenes de su derecho a recibir una educación superior. Y añaden que no se trata de la falta de preparación de los aspirantes o de la incapacidad para aprobar un examen de admisión, sino de la falta de lugares suficientes en las universidades públicas para satisfacer la demanda de ingreso a sus aulas.

 

¿Qué harán los rechazados?, después, quizá, de manifestarse se enfrentarán a la terrible realidad de esperar un año más para intentar nuevamente lograr un espacio en una universidad pública y ¿en tanto?, acaso podrán ingresar algunos a una institución privada, otros tendrán que buscar empleos temporales, unos más quedarán en casa bajo la protección económica de los padres, perdiendo, como vulgarmente se dice, el tiempo, algunos más podrán prepararse en otras áreas como idiomas, computación, secretariado, etc. Sin embargo esto no es la solución al grave problema que existe en la educación superior.

 

Cada día y sobre todo cada informe de gobierno escuchamos a los presidentes hablar sobre la creación de escuelas a nivel primaria y secundaria para satisfacer la demanda estudiantil a este nivel, pero ¿qué pasa con la Universidad? ¿Por qué no crece al mismo nivel?, ¿acaso no se puede crear una cantidad de lugares para satisfacer la demanda de estudiantes del nivel superior? O es simplemente que no se generan al mismo ritmo los puestos laborales en donde se puedan colocar los egresados, y se prefiere detener la preparación, lanzando así a miles a buscar empleos poco remunerados, temporales o sin garantías laborales.

 

La población crece minuto a minuto, y los recién nacidos tendrán que enfrentar siempre la competencia por lograr un sitio para estudiar, ya sea en preescolar, primaria, secundaria, educación media o superior.

 

Uno de los factores importantes para el desarrollo de un país es su nivel educativo. Las cifras en nuestro país revelan que seis millones de mexicanos no saben leer ni escribir. ¿Y el mandato constitucional? Al igual que en muchos otros sectores que contribuyen al crecimiento de esta gran nación, todo se queda en escritos y falsas promesas de quienes pelean con ahínco un puesto de elección popular.

 

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

 

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