PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN - EL ESCÁNDALO
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foto_elda_ruiz.jpgPEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

(Español 1833-1891)

EL ESCÁNDALO

Por: Elda Ruíz Flores* 

En la historia de sus libros declara el autor que El Escándalo era su obra  predilecta, en lo cual estuvo de acuerdo con el público, que siempre le demostró sus preferencias. Por lo que al novelista se refiere, el juicio no deja de ser algo extraño, pues, ciertamente, no es éste su mejor libro, ni mucho menos. Aunque contenga escenas que sólo pudo concebir y plasmar la mente de un verdadero maestro, trátese de un perfecto folletín que, a ratos, parece también una "guía de pecadores". 

 

Antonio Luis Fabián Fernández de Lara y Álvarez Conde, conde de la Umbría, era conocido sólo como "Fabián Conde" hasta poco antes de comenzar el relato, por haber estado deshonrada, pública e injustamente, la memoria de su padre, el general Fernández de Lara, a consecuencia de un novelesco episodio de la guerra carlista en que aquel resultó muerto y acusado de traición, sin haber cometido otra que la de tener amores con la esposa del jefe político de la plaza fuerte de que era comandante. Rehabilitada la memoria del difunto general, substituyendo una mentira por otra menos importante, con el fin de que la reputación de la dama complicada en la aventura no sufriera menoscabo, Fabián entró en posesión del título paterno y de la fortuna, que había estado confiscada.

 

 

El joven conde de la Umbría era un tarambana con exagerada fama de Don Juan, ignorante con alardes de esprit fort, y que nunca había pensado más que en divertirse. Tenía dos amigos íntimos y únicos: el expósito Diego, médico, hombre hipocondríaco con marcados caracteres de enfermo mental, y el bonísimo—casi santo—Lázaro a secas que no quería usar otro nombre y que luego resulta ser barón de 0'Lein, hijo del opulento marqués de Pinos, quien le desheredó y maldijo por creer que había requerido de amores a su esposa, madrastra del joven, cuando la verdad fue lo contrario. Los tres amigos, Fabián, Diego y Lázaro, se habían conocido en la sala de disección de la Facultad de Medicina, adonde el primero iba a perfeccionar sus conocimientos anatómicos, por su afición a la escultura; el segundo, por razón de su carrera, y Lázaro, "por admiración a la muerte, como muy dado que era al análisis de la vida, de las pasiones, del comercio del alma con el cuerpo y de todos los misterios de nuestra naturaleza".

 

Todo cuanto antecede y lo que sigue se lo explica con gran detalle el atribulado Fabián al jesuita padre Manrique cuando acude a él en busca de consejo para el terrible conflicto en que le había puesto la calumnia de Gregoria, mujer de Diego, al acusarle de una tentativa de seducción que no había existido. A consecuencia de tal calumnia, el acongojado galán se veía compelido a batirse con el irascible Diego, quien le amenazó, además, con hacer pública en la prensa la verdad de la aventura del general conde de la Umbría y con revelar a don Jaime de la Guardia las culpables relaciones que tuvo Fabián con la mujer de un hermano de dicho señor, haciendo así imposible la boda del joven con la seráfica Gabriela —hija de don Jaime—, que se hallaba en un convento esperando a ver si su adorador se decidía a renunciar a la desordenada conducta pasada.

 

Después de la extensa confesión de Fabián, entre el padre Manrique y Lázaro consiguen sacarle del atolladero en que se encontraba, convenciéndole de que debía renunciar al título y capital de que disfrutaba como consecuencia de una farsa, a la mano de Gabriela al desafío con Diego y a la buena opinión de la gente, poniendo sus ojos tan sólo en la- propia conciencia y en Dios. Una vez consumado tan formidable sacrificio y hallada por Fabián la tranquilidad de alma, reconoce Diego la injusticia con que trató a su amigo, y muere, a consecuencia de los disgustos, después de obtener el perdón del mismo. Y al saber don Jaime y Gabriela el noble proceder del redimido pecador, también le perdonan y, al fin, se casan ambos jóvenes.

 
En cuanto a Lázaro, después de la ceremonia de la boda, se despide del padre Manrique prometiendo ir a verle con frecuencia "y... hasta quizá pedirle hospitalidad y quedarse allí definitivamente".

*Elda Ruíz Flores (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva, y  Coordinadora  de Difusión Cultural en la Universidad Pedagógica Nacional U 211 Puebla; colabora en los programas de radio: Sexo Sentido e InteligenciaSexual.com

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