En Marx, la contradicción se da necesariamente entre las fuerzas de producción y los modos de intercambio (que configuran lo social), cuando en el desarrollo de las diversas fases de la producción (fases históricas), eventualmente las fuerzas de producción rebasan los modos de intercambio; es decir, las relaciones sociales existentes dejan de funcionar adecuadamente con respecto a la producción; las fuerzas de producción rebasan sus modos de intercambio y encuentran en éstos un obstáculo para su desarrollo. Esta contradicción se resuelve siempre con una revolución, llevada a cabo por aquella clase cuyos intereses económicos se ven minados por la añeja e inservible forma de intercambio, distribución, comercio de sus bienes. Y esta contradicción, que se presenta necesariamente en cada nueva fase de producción o fase histórica, es la que justamente conforma la Historia.
La Historia tiene así la forma de la contradicción. Sin embargo esto no siempre ha de ser así. Llegará un momento en que este proceso se detenga, en que alcance su telos. Para ello, las condiciones que posibilitan la contradicción, a saber, la acumulación de los medios de producción en unas pocas manos, el modo de propiedad privado; el trabajo de unos para enriquecer a los otros, basado y posibilitado primeramente por la división del trabajo, las ideologías formadoras y sustentadoras de los Estados, que sirven a los intereses de los propietarios, etc.; esas condiciones han de ser derrocadas mediante la revolución comunista. El comunismo, entonces, resulta ser la finalidad de la Historia, más no distada por la razón, sino por los hechos y su lógica que ha de llegar a un punto donde las contradicciones sean tales, que sea imposible que el capitalismo (formación social anterior) siga existiendo.
Para Kant la Historia tiene también la forma de la contradicción, que él explica en términos de un antagonismo. Pero, a diferencia de Marx, este antagonismo no es producto de condiciones materiales reales de la existencia, de los modos y fuerzas de producción, así como de los modos del intercambio, sino un mecanismo ideado por la Naturaleza para llevar a la humanidad (como especie) al telos de su historia. El antagonismo se da tanto en los individuos como en las colectividades reunidas políticamente en Estados. La máxima libertad (y puede leerse aquí máximo egoísmo) que cada individuo quiere hacer valer, no puede cohabitar con la libertad de otros individuos, que pretenden a su vez ser totales. Debe existir una voluntad general (ya una falsedad, una máscara para Marx) que quebrante la voluntad propia de cada hombre con miras a poder fundar un orden social donde la libertad de cada uno, ya minada (positivamente)[6], pueda convivir con las otras libertades, también minadas. Y esta voluntad general, presentada bajo la forma de una legislación perfecta, posibilita la Sociedad Civil, una sociedad donde las libertades de cada uno habitan en armonía, pues se respeta precisamente la voluntad general que las gobierna a todas. Legar a la constitución de esa Sociedad y de esa legislación, lo mismo dada entre los individuos que entre los Estados, es la más alta tarea de la humanidad como especie (una percepción que para Marx eliminaría el valor de cada individuo en virtud de una sublimación, de una concepción general, abstracta y falsa de los hombres), pues ha de llevarla hacia el telos que la Naturaleza le había destinado: el desarrollo total de todas sus disposiciones naturales.
* Ximena Franco Guzmán (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), es egresada de la Facultad de Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es docente en nivel bachillerato.
Referencias bibliográficas:
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Antología de materialismo histórico Marx, K., Engels, F., Lenin, I.V., Cultura popular, México, 1975
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Sobre Kant:
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_____________ Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Ariel, Barcelona, 1996
_____________ Crítica de la Razón Práctica, FCE, México, 2005
Llano Alonso, Fernando H. El humanismo cosmopolita de Immanuel Kant, Dykinson, Madrid, 2002
Arendt, Hannah Conferencias sobre la filosofía política de Kant, Paidos Ibérica, Barcelona, 2003
Foucault, Michel Sobre la Ilustración, Tecnos, Madrid, 2003
Cassirer, Ernst Filosofía de la Ilustración, FCE, México, 1975
[1] Eco del problema teológico del libre arbitrio de la voluntad, determinada en su potestad por Dios, que trabaja, entre otros, San Agustín.
[2] La Naturaleza quiere .que se entregue al trabajo y al penoso esfuerzo para, por fin, encontrar los medios que le libren sagazmente de esa situación. (p. 48)
[3] Kant afirma que en tanto el hombre habita en sociedad con otros hombres necesita siempre de un señor que le quebrante su propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad valedera para todos, para que cada cual pueda ser libre. (p. 51)
[4] Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción. (p. 19)
[5] Esto no quiere decir que baste presentar un problema como resuelto por los dictados y según la razón, para que la solución dada sea acríticamente aceptada. Y no podría Kant creer esto, siendo, como era, un ilustrado, para quien los prejuicios y la tutela de razón no eran sino defectos del hombre. Sin embargo, Kant argumenta ordenadamente para dar solución al problema planteado por él, y así podemos decir que al menos pretende que la razón ( pues los ejemplos históricos concretos apenas si aparecen para fortalecer el argumento con pretensiones empíricas) por sí sola pueda resolverlo.
[6] Este positivamente se entiende en dos sentidos, ambos capaces de explicar la idea kantiana: positivamente en el sentido de derecho, es decir, la voluntad máxima que cada individuo desearía implantar si no se le presentara un freno, encuentra este freno en una legislación que ordena las diversas libertades de modo que éstas puedan convivir en un mismo espacio social. Y la convivencia dentro de lo social es la única manera en que el hombre puede desarrollar sus disposiciones naturales racionales, lo cual explica el segundo sentido de positivamente.








