Sobre la gratitud
Minuto a Minuto

29 de diciembre de 2013
Qué mejor momento para poder hablar de lo que es la gratitud, que esta época decembrina donde los regalos y los buenos actos sobran. He aquí donde surge la cuestión: ya sabemos qué regalar y sabemos que alguien nos regalará algún obsequio, pero ¿en verdad sabemos agradecer?

El agradecimiento es algo de lo primero que se enseña en la formación cívica de un individuo y algo que las normas de etiqueta exigen para la aceptación social, no obstante, muchas de las veces no nos enseñan en verdad a sentir el valor de la gratitud.

Antes que nada, hemos de saber que la gratitud es aquel sentimiento que se presenta ante una acción hacia nuestra persona, que nos permite encontrar un momento de gracia espiritual y nos complementa de alguna manera. Sin embargo, muchas veces se llega a confundir el agradecimiento con un egoísmo de parte de quien da, es decir, si yo regalo algo, por ende, la otra parte debe de mostrar su gratitud a través de un regalo de igual o mayor valor o hasta en forma de un favor a futuro.

La gratitud se ha desvirtuado a tal grado hoy en día, debido a que nos hemos acostumbrado siempre a recibir, a tener una felicidad constante y dejamos de lado todos esos momentos de ansiedad o dolor (siendo que éstos son inherentes a la naturaleza del universo). Hoy en día damos siempre por hecho y no pensamos nunca en el "qué pasaría si no": despertamos por la mañana y sabemos que estamos vivos y nunca nos ponemos a pensar que somos tan frágiles eslabones en la cadena perpetua e infinita del universo, que así como aparecemos, desaparecemos; en Navidad (volviendo a la actualidad), los niños despiertan con la ilusión de los regalos bajo el árbol y deben estar allí porque así debe ser y al encontrarlos, se acaba ese deseo, pero si no se encuentran, lo único que pasa por sus pequeñas mentes, es un sentimiento de infelicidad y enojo, y solo en esta situación se puede ver lo contrario a la gratitud siendo que en el primer caso no se demuestra.

Queremos siempre más y nuestra vida se maneja a través de lo que deseamos, de lo que queremos y de lo que soñamos, pero nunca en lo que tenemos. Llega un momento en donde si hemos anhelado algo y lo conseguimos, no podemos hallar su goce por el hecho de que ya estamos pensando en lo siguiente que querremos.

Nos encontramos en una constante búsqueda de la felicidad a tal grado que se nos olvida vivir. Llega el año nuevo y nos ponemos a pensar en los propósitos para el año que viene, y nos enojamos por no haber cumplido los del año pasado y, de alguna manera, no nos pasa por la mente el hecho de que así como hubo momentos difíciles, también hubo momentos buenos o de goce.

Sería bueno que este año pensáramos más en agradecer que en tener.

Luis Canchola CupichLuis Canchola Cupich es estudiante en la Facultad de Derecho de la UNAM.