La triste historia del “chelero” enamorado
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LA TRISTE HISTORIA DEL "CHELERO" ENAMORADO
 
 
Luis Fernando Paredes Porras*
De aquellos campos no quedaba ni una flor…
 
Al cumplirse 6 días de huelga en la compañía Cervecera del Trópico, que da trabajo en la región de la cuenca del Papaloapan a más de 1500 familias de forma directa y otro tanto de manera indirecta, el ambiente en la ciudad se tensa, luego de que la empresa de papel FAPATUX cerrara sus puertas hace un par de meses durante la huelga y ante un sindicato dividido. Por si fuera poco, los cañeros  inician una protesta contra el gobierno por la compra de azúcar a los Estados Unidos  y no se cumple el mes aún del enfrentamiento de sicarios por algunas calles de Tuxtepec.

En las afueras del emporio cervecero platicamos con un joven ex trabajador  que espera que el sindicato le devuelva su trabajo, para que además de obtener una fuente de ingresos, siga la fama de algunos cerveceros que…

Farid, alias “el perro loco”, ahora es desempleado de la cervecera y como muchos, anhela los viejos tiempos de las bondades de estar en el monstruo de alcohol, no sólo por las prestaciones  como el reparto y el aguinaldo – y en el caso de retiro, el famoso medio día o día completo de apoyo – sino por un acto que, por la forma en que lo platica, debe significar mucho para aquellos que, habiendo conocido las entrañas de la fábrica  COCETROSA, abrevaron del manantial, de la fuente, de la llave de donde el mismo Dios Baco llenaría sus garrafas, sus cueros, para beber, en compañía de otros dioses, el néctar  dedicado a ellos. No todos, pero si un buen grupo de los ex trabajadores y  trabajadores de la COCETROSA, comentan que su paladar extraña, ancía, reclama, el sabor que pocos hombres en el mundo han degustado…la cerveza cruda.

Farid es un hombre joven que no resistió la tentación – y la oportunidad- de comprarse una moto-,  medio de transporte veloz y económico que propició, dado los resultados temporales de su accidente,  el que sus compañeros de trabajo le apodaran  “el perro loco”; este sobrenombre,  se  lo colgó un supervisor a unos días de su despido, después de 4 años de desempeñarse como trabajador en las áreas de tapanaco – donde él mismo comenta que se crío – y en la de embasado. Farid, a los 19 años, edad a la que entró a  trabajar,  conoció la fama que alimenta el ego y el mito de que el gremio de empleados de la cervecera, son los unos auténticos dandis, como él mismo afirma “rompecorazones de bares, cantinas, loncherías, cenadurías, discotecas, antros, tugurios, puteros, tabledances, y terror de las calles de la región”, pues al más puro estilo de Juan Charrasqueado, o para decirlo de otra forma, de Juan Camaney, ellos, los que con sus manos y sudor hacen posible la cerveza, ellos, como si fueran miembros de una cofradía, de una poderosa secta que alimentados por la fuerza de la cerveza cruda, se embisten de una energía capaz de seducir con una mirada – o con un rollo de billetes – a las mujeres divinas de la cuenca, es por lo que, en los bajos mundos de la concupiscencia son llamados, “los cervezorros”.

Ni son todos los que están ni están todos los que son, pero el mito del cevezorro ahora sufre la embestida de la huelga. El primer golpe se dejó sentir en los últimos días  de enero del 2010. Por la  mañana  reunieron a un grupo de trabajadores en torno de la línea uno (esa que produce la cerveza 710 de exportación). Todos ellos sabían que las noticias eran terribles, pues la noche anterior se había dado a  conocer en una lista, la lista negra, el nombre de los 450 trabajadores que dejarían de laborar en una de las empresas más controversiales de la región, no sólo por el terrible impacto que ha tenido  el aumento del alcoholismo desde su llegada, y con ello todo tipo de violencia – con la despreciable complicidad de autoridades municipales que han permitido que pululen comercios clandestinos y con licencia al por mayor, haciendo, por ejemplo, de los carnavales una gran cantina dada la dependencia del patrocinio frente a la falta de competencia del gobierno municipal, para hacer de los días de carnaval, un atractivo para el turismo regional y un motivo de orgullo para todos los habitantes de Tuxtepec, que no buscan excederse amparados por la embriaguez permitida. Las bondades de la compañía cervecera del Trópico, desde otro ángulo, ha sido la generación de empleos directos e indirectos que detonaron a su llegada, misma razón por la cual,  la huelga es desastrosa para la economía local, no sólo para el ingreso de las más de 1500 familias, incluidas las de aquellos que esperan poder regresar a trabajar. Todo había comenzado una noche anterior, cuando  al grupo de futuros despedidos  que se encontraban en ese turno, los condujeron a la sala de aprendizaje para darles la noticia; el obvio desacuerdo se hizo sentir y la noticia se propagó entre los trabajadores, por ello al día siguiente, al reunirse frente a la línea uno, ya sabían el motivo, y de uno en uno fueron llamados a las oficinas de recursos humanos, donde les daban los argumentos y les hacían de su conocimiento el monto de su liquidación. Movieron al grupo que esperaba, de la línea uno, a las inmediaciones de las líneas 10 y 11, desde donde continuaron llamándoles, al poco rato, subdividieron ese grupo en dos, llevando al nuevo  enfrente de las oficinas generales. El desfile individual continuó y conforme salían, reuniendo pequeños grupos, eran escoltados por guardias internos y llevados hasta la salida en camionetas. El pavimento de la salida de torniquetes quedó regado de cascos, gafas y guantes, ante la indicación que se despojaran de ellos. La gran mayoría de despedidos acudió a las oficinas del sindicato de cerveceros. Eran los fríos de enero los testigos de la crónica de una huelga anunciada.

Ustedes aguanten, aguanten.


El sindicato indicó a los despedidos que no hubiera actos de violencia ni represalias, que habría que esperar a la revisión del contrato y de no haber solución, estallaría la huelga.

Farid, en su moto amarilla, se trasladaba de la colonia la Esperanza – esa misma que mantiene para regresar a trabajar– al sindicato que citaba a reuniones.  A su llegada los compañeros le gritaban  “que onda perro loco”, otros más “que pex rayo loco”  por aquello de la característica   que a alguno le evocó la máscara del Rayo de Jalisco,  sin faltar aquellos que le dicen “Kalimán”, “el rayito colombiano”. A las dos semanas recibió apoyo por parte del DIF, consistente en una despensa con arroz, aceite, frijoles y chile.
Mientras tanto su padre, con 24 años laborando en la cervecera, le informaba a su vástago de los movimientos internos que iban generando el ambiente de tensión. Los baños fueron el escaparate de propaganda para ventilar varios asuntos, chivas y chivitos, decían los trabajadores. Y así se llegó el día de colocar la rojinegra en las entradas de la empresa, las guardias en turnos de 12 horas han dado cabida a más apodos, a más fantasías,  quejas, chistes,  añoranzas, ironías ante el Sancho, habladas de queridas; los huelguistas mencionan que añoran  la vida de tranquilidad de algunos y  de excesos de otros y,  de manera callada, aquellos que probaron de las mieles dedicadas al Dios Baco, sienten en sus bocas las caricias de la amante preferida de algunos que, desafiando las reglas, conforman el grupo de los pocos hombres que saben del sabor de la cerveza cruda. “El perro loco” comenta que espera se acabe pronto la huelga, que apoya al sindicato y desea volver a trabajar, entre otras cosas porque  no  puede permitir - e  insiste en esa idea-, que se acabe con la fama de los “cervezorros”.  Lo miro y escucho  como habla  con el corazón en una mano y con la cerveza bien fría  en la otra.

Chicles, tortas, tacos, cigarros,  refrescos, comidas es lo que se ofrece  fuera de la fábrica a los huelguistas. Las ventas han sido bajas, como también ha bajado al ritmo de la economía en esta región,  en donde todos los habitantes vivimos una desagradable resaca de carencias, violencia y temores... y eso que no tomamos jamás, cerveza cruda.
 
* Luis Fernando Paredes Porras es director del proyecto Las 1001 Voces y Colectivo a favor de la infancia , el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.
 

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