19 de septiembre de 2013
“La tierra al moverse trata de despertarnos,
con el fin de recordarnos que somos hermanos”
JARyM
El negro ha sido un color generalmente asociado con la muerte, color de luto, de tristeza, de silencio, es por ello que alegóricamente lo he usado para recordar lo ocurrido el jueves 19 de septiembre de 1985, día en el que a las 7 de la mañana con 17 minutos un sismo de magnitud 8.1 en la escala de Richter, y con una duración aproximada de 2 minutos, causó gran destrucción en el país y especialmente en el Distrito Federal, localizándose el epicentro en la costa del Estado de Michoacán a una profundidad de 15 kilómetros bajo la corteza terrestre. No teniendo precedente en la historia telúrica de nuestra nación, ya que una de las diversas apreciaciones en cuanto a la energía que se liberó en dicho movimiento fue su equivalente a 1114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una.
Los sismos se producen como resultado del movimiento relativo de las placas que forman la litósfera terrestre, en este caso se produjo como consecuencia del movimiento relativo de la placa de Cocos con respecto a la de Norteamérica. Esta zona continuó liberando energía a través de réplicas, la más importante fue la ocurrida el 20 de septiembre, a las 19 horas con 38 minutos, y que causó gran alarma, debido a que alcanzó una magnitud de 7.3 en la escala Richter, provocando daños materiales, asociados a construcciones falladas previamente como consecuencia del sismo del día anterior.
Cálculos oficiales registraron 7 mil muertos, pero años después, el número se elevó a 10 mil. Se dijo que se rescataron 4 mil personas atrapadas entre los escombros, muchos de los cuales fueron encontrados hasta 15 días después del terremoto. Fueron 3 días en los que la ciudad se quedó sin suministro de luz, agua y líneas telefónicas. Ese día y los siguientes, dejaron de funcionar 32 estaciones del metro y 103 calles de importancia. Se suspendieron las clases por más de 30 días.
La ayuda internacional fue rechazada en un principio. El estadio de béisbol del Seguro Social se usó para acomodar y reconocer cadáveres. Se utilizaba hielo para retrasar la descomposición de los cuerpos. Las personas rescatadas con vida de los escombros fueron más de 4000. El número de estructuras destruidas en su totalidad fue de aproximadamente 30 000 y aquellas con daños parciales más de 68 000.
Recordamos el hecho de que en los hospitales derrumbados, una parte de los recién nacidos se logró rescatar, llegándolos a conocer como "Los Niños del Milagro", debido a que en los siete días que estuvieron bajo los escombros, los bebés estuvieron completamente solos, no hubo nadie que les diera de comer o beber, nadie que los cubriera y les diera calor, y a pesar de tener todo en contra, sobrevivieron.
Como consecuencia del sismo, doce de los edificios multifamiliares del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco y nueve del Multifamiliar Juárez tuvieron que ser demolidos y en los seis meses siguientes fueron demolidos más de 152 edificios en toda la ciudad. Estructuras muy antiguas tales como la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el Palacio Nacional y el edificio de Nacional Monte de Piedad que datan de la época colonial, soportaron el sismo.
Lo extraordinario, estimado lector, es que de inmediato la población civil se organizó; se creó la agrupación civil "Brigada de Rescate Topos Tlatelolco", grupo de rescate que ha auxiliado a la población incluso a nivel internacional. Se improvisaron estaciones de auxilio y la gente que podía donaba artículos y contribuía como le fue posible al esfuerzo de la recuperación; automóviles civiles se tornaron en vehículos de auxilio; líneas de personas movían medicamentos para ser inspeccionados y posteriormente ser suministrados. Las primeras acciones organizadas fueron realizadas por los grupos Scouts de las localidades afectadas, mismas que fueron sostenidas durante varios meses con la atención de damnificados. Cruces dibujadas con un color rojo sobre papel eran suficientes para identificar personal o locales de auxilio.
Pero, ¿cuánto hemos aprendido de la desgracia ocurrida en la capital del país a 28 años del sismo?, ¿estaremos preparados para otra contingencia similar?, las nuevas generaciones no dimensionan las consecuencias de esa terrible tragedia y ojalá lo comprendan. Como podrá apreciar estimado lector, ¿será necesario que sucedan este tipo de eventos para que despertemos y volvamos a relacionarnos fraternalmente con nuestros semejantes?, el tiempo lo dirá.

Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSERbien en Sabersinfin.com








