Sentir los chingadazos
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- ANGAS O MANGAS -


Por caderona es que nos gustaba la Gina Montes antes de que  engordara tanto. Ahora sigue tocado su violín y diciendo “tenakiuo” cuando la entrevistan, pero de la Gina que bailaba, adelantándose a la llegada de las teiboleras, no queda nada.

Del humor blanco de aquellos programas me gustaba mucho los melodramones mamones de la sección llamada “Mercado de lágrimas”. Historias sencillas interpretadas por un tal Suárez, una mujer que no recuerdo y el entonces no tan viejo Chabelo, interpretando a un niño de 10 años, y los tres formaban una familia que nos compartían sus dolores y alegrías con sobreactuaciones que me fascinaban.

Dice mi nieta que los busque en internet que de seguro están, pero como no le sé a las computadoras mejor no le busco, la vaya a desmadrar y esas cosas por lo que veo no son baratas. Ya le dije a la nieta que mejor ella lo haga y me los enseñe en las próximas vacaciones de semana santa.

No fue por la Gina Montes el que me acordara de esta sección humorística, porque en esta pródiga región tenemos muchas mujeres caderonas, no tocarán el violín ni dirán tenankiu pero quien chingá quiere oír música habiendo tanto que ver. De que sería bueno que supieran inglés y supieran música nuestras mujeres, pues eso sí, pero ya es harina de otro costal. Pero vivimos en pueblo donde eso no importa tanto, ¿o sí?
Tampoco importa que las cosas se hagan y luego no se usen. Por ejemplo ahí en la feria del pueblo – que por cierto este año no hubo y que bueno, porque el año antepasado se andaba perdiendo mi nieto Joaquincito, el muy pendejo se me soltó de la mano y cuando lo busqué, en la madre, no lo veía por ningún lado. Mi hija se puso más loca que de costumbre y lo venimos a encontrar no muy lejos jugando con unos niños de un puesto – quedó bonito el auditorio y sólo se usó una vez en el que vimos el baile de la guelaguetza. ¿Cuándo se volvió a ocupar? Que yo sepa, nunca más hasta el día de hoy ¿y quién se puso al brinco?, nadie, aunque haya costado un chingo de nuestro dinero, porque no salió barato.

-    Mira pa’ lo que sirvió el pinche campo de tiro por computadora que hizo el ayuntamiento, ¡pa’ pura madre! – me dijo mi esposa cuando aún estaba acurrucado  en la cama viendo las caricaturas con mi nieto – el mismo pendejo que se me perdió hace dos años – y me enseñó el periódico.

Y sí, ahí estaba la nota diciendo que la policía en esta nueva administración no va  a usar la sala de tiro por computadora que se construyó, esa que está en uno de los patios del ayuntamiento y en la cual dicen que los funcionarios anteriores se la pasaban en la noche jugando como  chamacos. Sólo para eso sirvió, porque el director nuevo  de la policía, dice en el periódico, quiere que sus elementos sientan en vivo los chingadazos que dan las armas al dispararse. Y bueno yo estoy de acuerdo, porque no es lo mismo ver los toros desde la Barrera.

El caso es que, si no la van a usar como dice el reportero que dijo el director de la policía, entonces ya también valió  otro gasto que hizo el ayuntamiento ¿y quién ha levantado una sola palabra para protestar? Nadie, ni un alma errante.

Pero por otras acciones “nos desgarramos las vestiduras” – esta frase se la aprendí el padre el domingo en misa – y perdemos el tiempo en dimes y diretes haciendo verdaderos melodramas en lugar de exigir resultados.

Dice mi hermano – que desde que se jubiló se la pasa viendo la televisión todo el día y se sabe toda la programación- que hay un canal de puras series viejitas y que ahí pasan a la Gina Montes cuando estaba ¡por ahí! Pero yo no tengo esa tele por cable, así que iré a visitarlo y sirve de que nos aventamos una partida de dominó.

Por angas o mangas no es una gracia que se hable tanto de inseguridad y que en este mi rancho antes tan tranquilo, se desperdicie nuestro dinero con tanta impunidad. A ese centro computarizado de tiro que construyó Pacheco y tanto presumió  parece que se lo llevó la tristeza. Le pasó como a la Carabina de Ambrosio – que así se llamaba el programa cómico que les digo – y lo jodido del asunto, es que sin una Gina Montes.

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