El trabajo
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    Después de un buen tiempo en el Distrito Federal, es llamado por su hermano para que atendiera la peluquería de su papá, a pesar de la diferencia en el cobro por el corte de pelo; pues mientras en México se puede cobrar 5 pesos el corte, en Puebla se cobraba de uno a tres pesos. Por hacer la comparación Don Julián recuerda que, en los años 50, el salón California cobraba 3 pesos.
“pus yo me regresé a Puebla porque mi padre en su peluquería ya estaba grande y tenía una peluquería que tenía mucho trabajo, un hermano mío, trabajaba con él, ya me dijo un día
-Mira, ya viviste bastante tu vida como tú la quieres, vete a trabajar, yo ya no puedo trabajar.”


    Así Don Julián dejaba para la peluquería de su padre un peso por cliente, llegando a dejarle hasta 20 pesos diarios que se sumaban a lo dejado por su hermano en la misma peluquería.

    Desde que terminó el servicio militar, Don Julián ya hace su vida independiente, así que cuando regresa a Puebla él ya no puede renunciar a esa manera de vivir.
“...Yo perdí la autoridad del padre cuando vine del servicio militar, hice mi vida yo solito, yo respetaba a mi padre como padre pero hasta ahí nomás, pero las decisiones yo las agarraba, ya cuando vine a Puebla, pus amantes, bastantes amantes que tuve...”

    A pesar de ser un oficio mal visto en los años cuarenta, Don Julián lo prefirió a otras maneras de ganarse la vida.
“...Muchos amigos en el Distrito Federal me invitaban a robar
-Nomás echas aguas.

-No.

-Que eres una chiva.

-Soy una chiva y no me gusta (robar).

Yo tengo mi oficio, mi oficio es muy socorrido, eso era todo, si yo me ganaba allá en el 50, 60 pesos diarios, 40, que ganaba yo muy bien, yo comía con las propinas...”


    Aunque en Puebla se cobraba bastante menos que en México, dinero nunca le faltó además estaba compensado porque no tenía horario fijo que cubrir, por lo tanto podía entrar y salir a la hora que gustara:
“...entraba a las 9, 9 y media, si había trabajo, trabajaba yo, si usté quería pus salir un rato: -Orita vengo- p’s iba a caminar una hora y regresaba usté, salía usté a comer y volvía usté a regresar, ya a las 8 de la noche pus ¡Aí nos vemos!, me voy a ver a la novia, ¿no?”

    Hacia los años 50 se formó la Sociedad Mutualista de Peluqueros que agrupaba a cerca de 100 personas y se reunían en el local prestado por el Sindicato de Panaderos, su finalidad era cerrar un día a la semana, escogiendo primero el día lunes y después el domingo; pero no faltó quien dividiera al grupo alegando que se iban a quedar sin comer.
“...un señor que se apellidaba Mota, que estaba en la 11 norte, cerca de Reforma, que comenzó a dividir y ya se hicieron dos asociaciones de peluqueros, pero el centro social de peluqueros en el que nosotros pertenecíamos era el más fuerte, y como el peluquero es muy revoltoso tuvimos que llegar hasta la Corte Suprema de Justicia en México pa’ cerrar..
“...entonces vino una delegación de Cuba, de Peluqueros, y ahí los recibimos y nos dieron muy buenos consejos, que en Cuba...la Guillette, les daba un tanto por ciento, como la fábrica de máquina de mano que era la Bocin,...daban dinero...”


    También tenían una fiesta antes del día del Carmen, en el barrio del mismo nombre, donde había baile, comida y bebida, sin embargo, a diferencia de otras agrupaciones no daban dinero, solo para publicaciones en el periódico u otros gastos pequeños.
“...había un señor en la Luz, que se llamaba el señor Marcial, tenía su peluquería y hacía brochas de serda para rasurar y las vendía en toda la República, ese fue el secretario, ese nunca pedía nada, él de su dinero iba, para los demás si pedían pero era para gastos que se originaban de pasaje, ya le digo...”
“...cuando estuvo el pleito estaba de Gobernador el Sr. Ing. Betancourt... nos tenía miedo porque en la peluquería había mucha gente muy preparada, había compañeros en el centro que tenían buena clientela, licenciados, ingenieros y pedían, “oye fíjate que tenemos este problema” y los asesoraban de gratis, cuando llegábamos con el señor ese, pus se admiraba de que no éramos tan burros, sabíamos que estábamos peleando, ¿no?, entonces ya Betancourt no quería hablar con nosotros, entonces el Secretario de Gobernación era Narváez Cano, es al que nos echaba enfrente, llegó un día Betancourt a decirnos que éramos comunistas y los compañeros: “Bueno Señor que cosa es comunismo, haber explíquenos usted, qué por pedir, pelear un derecho somos comunistas, no sabe usté ni lo que dice”...”


    De lo ganado en la peluquería Don Julián construyó su casa, costeó la carrera de medicina de su hija, le puso una farmacia y se la equipó completamente, además paseó con esposa e hija por todo el país.

    Don Julián, de manera inteligente, se dio de alta en el Seguro Social, a través de unos amigos, posteriormente se causó baja y él mismo pagó su seguro voluntario:
“...cumplí mis 60 años y mis 500 cotizaciones y tengo 10 años que estoy pensionado...600 pesos mensuales...más los centavos que tengo en el banco que me da 900 pesos mensuales...yo ya me quisiera quitar de peluquero pero pus haber...”

    Así Don Julián actualmente atiende su peluquería, a veces la farmacia de su hija, compitiendo con otros “estilistas”, 8 en un tramo no mayor de 200 metros.
“...Tengo mis clientes, tengo mi clientela especial, hoy ya no me da muina que pongan peluquerías alrededor mío, ¡que no cobren barato!, hay jóvenes que cobran 7 y 8 pesos, no esta correcto, se ponen estilistas por 7 pesos,  yo estoy cobrando 10 pesos, si no hubiera tanta peluquería cobraba yo 15 pesos, pero no se puede con tanta competencia...yo le cobro lo que es...por eso desgraciadamente se chotean los oficios, orita todos quieren ser estilista, todo mundo quiere tener peluquería, lógico que a todos nos baja el trabajo porque no hay tanta gente pa’ tantas peluquerías...”.
 
*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor.

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