El trabajo
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El trabajo
 
 
Jorge Alberto Durán Ramírez*

 

El día del trabajo, que se conmemora al inicio del mes de mayo me ofrece la oportunidad de presentar lo que se hacía en tres áreas laborales distintas: militar, obrero y peluquero desde la visión de Don Julián.

Una buena parte de la vida normal de un ciudadano común y corriente está dedicada en su mayoría al trabajo, actividad que muchos deben realizar a veces en contra de su voluntad, a veces por muy poca paga, a veces retirados de su lugar de residencia. El trabajo que se desempeña señala y ubica socialmente al individuo, las relaciones sociales se verán influenciadas por la gente que se trate durante en la labor diaria.

a) Peluquero y Militar

    Para Don Julián el trabajar fue algo natural y desde pequeño estuvo en contacto directo con lo que sería el oficio de su vida.
“Yo nací en peluquería, el oficio viene desde mi papá, tenía una peluquería haya donde yo nací... en ese tiempo cobraba de 10 a 25 centavos... era baratísimo, ¿no?”

    Como peluquero su padre siempre fue afortunado, pues eso le permitió comprar su casa en Santa María sin embargo no todos los días había trabajo.
“...Había trabajo sábado y domingo y la mayor parte de los peluqueros ya, lunes, martes, miércoles, se dedicaba a tocar la música, unos el banjo, el bajo, la guitarra, el contrabajo, casi se hacían conjuntos musicales de los peluqueros.”

    Sus primeros pasos en este oficio fue cepillando los sombreros y la espalda de los clientes para quitar los pelillos que inevitablemente caen, y a veces le regalaban un centavo como propina; y así, viendo y practicando con chamacos y hasta con su padre aprendió los cortes de pelo y recibió su primer dinero, generalmente los domingos.
“...Yo comencé cepillando sombreros, dando bola a los zapatos, barriendo y viendo como cortaba, ya mi papá (decía): Méteme la mano, rasúrame la barba; ya comienza usté a soltarse, ya le gusta a usté...”

    Cuando terminó la primaria y no quiso estudiar, su padre lo metió a trabajar, con uno de sus clientes, en una fábrica textil, a los 13 años, desde entonces él ya tenía dinero y eso le daba cierta libertad para moverse y divertirse, podía ir al cine o a la lucha libre, según gustara.

    En esta fábrica textil, llamada La Victoria, ubicada en la 26 poniente y 9 norte, se producía hilo; él manejaba una maquina llamada trosil, ganaba 2 pesos con 25 centavos diarios, y podía tocarle cualquiera de los tres turnos establecidos: de 7 a 15 hrs., de 15 a 21 hrs., o de las 21 hrs. hasta las 7 del otro día, este último turno sólo trabajaba de lunes a viernes.
“Puebla era textil, no había otro trabajo más que el textil, había muchísimas fábricas en lo textil y el ferrocarril...pa’ la época era un buen sueldo porque alcanzaba pa´ todo...
“...mire (el trosil) es un carrete que tiene un pabilo grueso, ese carrete baja y pasa unas pesitas, hasta que pasa al último, que es (una) especie como de una pesa pero tenía cuero, ahí salía el hilo, usté lo único que tenía que tener cuidado cuando se reventara ese hilo pegar en el chorrito la hebra de la canilla, eso era todo que hacia usté, cambiar los carretes que se acababan, llegaba la canilla que se llenaba de hilo, paraba usté la maquina, (eso) se llamaba mudar, quitar la canilla llena y poner canilla nueva, echar a andar la maquina... como de unos 5, 6 metros, dándole vuelta toda la mañana...”

“...no era muy cansado, era más cansado la peluquería, cuando fui joven, que tenía usté que arreglar quince, veinte clientes, todo el día parado, era cansado, pero la fábrica no...”


    Después de 4 años dejó la fábrica porque:
“...no me gustó estar encerrado... tenía que entrar a una hora exacta, a las siete, no me gustó la esclavitud...”

    Por ese motivo Don Julián regresa a trabajar a la peluquería y de ahí pasa a realizar su servicio militar y posteriormente se da de alta como peluquero en el mismo ejército.
“... en ese tiempo yo ganaba 3.50 diarios, pero al arreglar al soldado me dejaban un tostón o veinte centavos, ¿eh?, pero me dilaté cerca de un año y medio y pedí mi baja, porque yo no tenía que hacer instrucción, iba directamente a trabajar la peluquería, pero llegó un comandante que quería que nosotros hiciéramos instrucción como soldados y después de la instrucción a cortar cabello.
-No señor, yo me contraté como oficio, yo no me contraté como soldado raso.”


    Al darse de baja en el ejercito Don Julián se dedica a la peluquería pues además de gustarle el oficio le dejaba buen dinero; primero en el Distrito Federal y después en Puebla como lugares de residencia regular.

    En el Distrito Federal trabaja la peluquería, entra a las 9 de la mañana, sale a las 2 de la tarde, toma hora y media para comer; regresaba y cerraba a las 8 de la noche. En sus ratos de ocio se dedica al baile, de ahí conoce mujeres, prostitutas, y con ellas recorre varios de los estados de la República. Para no depender de ellas Don Julián busca trabajo en las peluquerías, ya sea de manera permanente o atendiendo solo algunos clientes, de cualquier manera el siempre tiene dinero para vivir. Cuando termina con su amante en turno regresa al Distrito Federal, busca peluquería donde trabajar, asiste al California a bailar hasta que le sale otra mujer y con ella vaya a otras ciudades.

    En aquel tiempo se podía ganar mínimo 40 pesos diarios y se le llamaba seguro al pago que recibía, porque el dueño de la peluquería pagaba esa cantidad cuando no había clientes; en ocasiones podía arreglar hasta 15 personas, ganando 75 pesos a razón de 5 pesos por cliente, estos se repartían al 50 % con el dueño, de cualquier manera muchas veces superaba el salario mínimo, por supuesto que en algunos lugares lo obligaban al traje o a la filipina almidonada todos los días, lo que daba realce a las peluquerías lujosas.