La otredad del Amor (Artículo)
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

12 de febrero de 2018

“La otredad del amor, la existenciamos quiénes estamos agotados y exhaustos por haber vivenciado de “pie a pa” los mandatos de un amor adulterado, adormecido, simplemente enajenado por las costumbres, convencionalismos y la tradición”.

¡Cierto! Nosotros también amábamos a la usanza de las costumbres, explorábamos el amor romántico, -un amor tramposa y alevosamente cautivador pero sin lugar a dudas, un anzuelo, un despiadado y peligroso cazador-. Nos enamorábamos, ¡Seguro que sí!, pero vivíamos controlados, condicionados, manipulados; disminuyeron notablemente nuestras alternativas y aspiraciones personales, entonces, pedíamos permisos “disfrazados de opiniones”, vivíamos considerando el bienestar del otro(a) antes que el nuestro, aceptábamos replegar las alas como muestra de nuestro amor: Prohibido volar tan alto, tan rápido, tan lejos, por supuesto… Nunca más a solas.

Debíamos estar atentos, comunicados, estar a tiempo, al cien, concentrados, dispuestos, adivinando, cuidando palabras, sentimientos; todo y absolutamente todo, a favor y en torno al bienestar de nuestra “Pareja”.

Renunciábamos a los espacios libertarios, donde nuestro SER se expandía y gozaba, donde nuestro pensamiento se desarrollaba de manera autónoma, se empoderaba y, donde por supuesto nuestras decisiones se fundamentaban sin complacencias, sin comprometerlas ni sujetarlas a “su” aprobación. En pocas palabras renunciábamos poco a poco a nuestro YO para llenar la oquedad infantil no resuelta de nuestro(a) ser amado(a). Oquedad de afecto, reconocimiento, acompañamiento, apoyo, inspiración, motivación, aprobación, protección, afirmación, amor, seguridad, en fin, sin lugar a duda, carencias (vacíos) emocionales que quedaron como un reclamo de vida, y que a lo largo de nuestra existencia buscaron desesperadamente a como dé lugar ser llenados, ocupados, completados. Un amor así siempre estuvo en riesgo, fue vulnerable, agotador, fastidioso, infértil… adulterado.

Sin duda una misión agotadora y tradicionalmente insana, pues dejamos de lado nuestros talentos, hobbies, gustos, preferencias, soledades a solas (válgase), amigos, amigas, viajes e ideologías; todo lo anterior como una prueba del amor que se nos exigió como garantía de su legitimidad. Sumisamente nos doblegamos, olvidamos escuchar nuestra música interior, la que nos configuró como individuos del y para el buen amor; olvidamos jugar a solas, cantarnos, contarnos, incluirnos en el bienestar ¡vivirnos! desengañarnos… Amar. Así nos mantuvimos comprometidos y ocupados en proporcionar placer y bienestar a “nuestro” ser amado, fieles a sus expectativas pero desleales e infieles a nuestra individualidad, a nuestra plenitud.

Nuestro rostro empezó a perder alegría, nuestros ojos dejaron de brillar como antes lo hacían, la intranquilidad se hospedó en nuestro corazón y las discusiones se volvieron el pan de todos los días, así también, la comodidad, la rutina, la traición, el chantaje y la manipulación; todo esto independientemente de la concesión legal de nuestra libertad si ya habíamos firmado nuestra sentencia final, que garantizaba la exclusividad, nuestra fidelidad y lo eterno del amor”.

Se nos fueron cortando las alas pues los convencionalismos y el amor romántico nos adoctrinaba para ser “La mitad del otro(a)”, su “Media Naranja”, su “Otro Yo”… su “Alma gemela”. Dejamos nuestra identidad, creencias, espiritualidad; cambiamos todo, incluso nuestra religión “por amor” por nuestra necesidad de sentirnos amados y afán de poseer el objeto amado.

Pasamos a ser barro para dejarnos manipular como guiñapos: Los sumisos peleles del amor. Así, se normalizó y quedó sepultado en vida EL AMOR.

La otredad del amor es una filosofía llena de valores, donde la integridad, lealtad, convicción, individualidad y honestidad son premisas que marcan la diferencia; donde no hay medias naranjas si no individuos que comparten y aceptan sus diferencias e ideologías, sus deseos y decisiones. Son cada uno en el amor, son él y ella, no la mitad del otro, no uno mismo; son seres inteligentes que piensan el amor, que han dejado de “amar” a ciegas, que han dejado de convidarse y entregarse en el primer encuentro; son individuos que hacen un balance, analizan, lo convienen; que deciden deciden amar o no, hacerlo o no, individuos que eligen sexuar la relación o no, su caducidad, hacen acuerdos acerca de lo posible para ambos, se saben y sienten en completa libertad para amarse, para amar e incluso para amar o relacionarse simultáneamente con otros(as).

Es totalmente ilógico creer que un solo ser humano puede ser compatible o deba ser compatible con nosotros en todas nuestras ideas y áreas de nuestra vida; hay con quienes solo nos podemos divertir o ir de fiesta, ir al cine; otros u otras con quienes charlar o tomar cafecito, otros u otras para viajar, otros u otras para hacer negocios, otros u otras para compartir nuestra sexualidad, otros u otras para acompañarnos la vida, otros u otras para cohabitar, otros u otras para todo lo demás. Esta es una realidad que ha quedado sepultada y que ha adulterado la verdadera esencia y grandeza del amor.

El AMOR no merece ser tratado como objeto, mercancía, escaparate, moda, recurso, patrimonio, imagen, status, estrategia etc.

EL AMOR PUEDE INCLUIR AL AMOR, A LA LIBERTAD, AL TIEMPO, AL ACUERDO, A LA INDIVIDUALIDAD, AL DERECHO, AL RESPETO, simplemente: A la OTREDAD del AMOR.

***De la Saga: “LAS OTRAS” (D.R) Autora: Mónica Marcela Moranchel Vélez.

Imagen: circuloafrodita.com

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