Tan sólo somos números
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

03 de agosto de 2015

No hay cosa más incierta que el número de años de las señoras

que se dicen de cierta edad.

Lord Byron

¿Ha sentido alguna vez, amable lector, que independientemente del nombre y apellidos y de todos las documentos que sirven para identificarnos, al final solamente somos un número? Lo vemos cuando nos toca hacer un trámite en alguna dependencia de gobierno, para sacar o depositar dinero, cuando elaboran nuestra historia clínica en algún hospital, o cuando nos toca esperar el turno en algún lugar hasta que nos llamen, siempre se nos relaciona por medio de un número previamente asignado. Recibimos un número para nuestro documento de identidad, para pagar los impuestos, en la tarjeta de crédito, en el seguro social o historia clínica. Poco a poco nos hemos ido pareciendo a los productos que compramos los cuales tienen un número asignado por medio del código de barras. Todo al final es un número.

Como no hay registros escritos de cuándo el lenguaje se desarrolló, es imposible saber cuándo y cómo comenzó el uso de los números. De investigaciones arqueológicas se establece que esta forma de relacionar las cosas por medio de números tiene por lo menos unos 30,000 años y surge desde la época de los hombres primitivos los cuales para saber cuántos animales habían abatido en la cacería lo marcaban con señales en un palo, se piensa que había la misma necesidad de comunicarse usando números como hoy en día.

Investigadores han descubierto que en todas las culturas se tenía la idea de números, en algunas sólo existían las palabras uno y dos en su vocabulario y en otras el conocimiento era muy avanzado. Los primeros documentos sobre los números escritos datan de hace unos 5,000 años en el valle asiático de Mesopotamia y unos 2,000 años después, los Sumerios, desarrollaron un sistema de escritura numérica conocido como cuneiforme. Los egipcios al ser comerciantes necesitaron escribir grandes números lo que provocó el desarrollo de un sistema que se extendía hasta los millones.

La grafía de nuestras cifras actuales, proviene de las cifras Gobar, palabra que significa polvo. Hace referencia al polvo fino que los calculadores esparcían para poder trazar los números con un punzón y efectuar así sus operaciones. En la actualidad existen dos sistemas básicos para representar los números mediante signos: la numeración arábiga, llamada así porque fue introducida en Occidente por los árabes, y la numeración romana, heredada de los romanos. En la numeración arábiga, cualquier número puede representarse mediante la combinación de solo diez signos, llamados cifras o dígitos: 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9; la numeración romana se basa en el empleo de siete letras del alfabeto latino (I, V, X, L, C, D, M) a las que corresponde un valor numérico fijo. Debido a su mayor simplicidad, la numeración arábiga sustituyó en la Edad Media al sistema romano.

En el año 530 a.C. Pitágoras desarrolló una relación entre los planetas y su vibración numérica, le denominó “la música de las esferas”. Consideró que esas vibraciones se extienden, además, a las letras y a las palabras que componen nuestros nombres y los de quienes tienen relación con nosotros, de manera que se ha desarrollado una equivalencia numérica y, por lo tanto, vibratoria, para cada letra del alfabeto.

En el alfabeto hebreo cada letra tiene un significado y se corresponde con un número. Los hebreos por medio de la Gematría calculan el valor de la palabra y frases sumando las letras que contienen, a fin de compararlas con el de otras palabras. Cuando la suma de los números de los caracteres que componen una palabra daba el mismo resultado que la suma de los caracteres de otra palabra, que sin embargo no era la misma, se percibía una analogía entre ellas y se considera que deberían tener necesariamente una conexión.

Es en este contexto que se considera que nuestro nombre y la fecha de nacimiento determinan ciertas influencias vibracionales en cada uno de nosotros y es a través de su estudio, por medio de la numerología, la forma en que se cree podemos descubrir cuáles son nuestras fortalezas y debilidades.

Somos números, pensamos en números, vivimos cuadrando números y morimos ahogados en un mar de números, ¿podríamos vivir sin ellos? Sinceramente creo que merecemos ser más que un simple número en la sociedad que vivimos, pero ya es tarde para lamentarse, no lo cree así amable lector.

*Imagen: espaciodeconciencia.com

Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSer Bien en Sabersinfin.com.

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