El sueño y los encuentros de Hernán Cortés (Artículo)
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27 de diciembre de 2019

 

El sueño de Hernán Cortés (1485-1547)

El sueño siempre estuvo presente, sueño que compartió con sus amigos y que lo tenía inquieto permanentemente por conocer lo oculto, lo misterioso, sueño de aventurarse por los mares que separan a la cuba con el Continente Americano y llegar a una nueva tierra que se decía exuberante, atractiva, mágica, peligrosa pero llena de riqueza, es así como llega Hernán Cortés un abril en plena primavera del año 1519 a la tierra donde su realidad sería mejor que su sueño. Tampoco sabía lo que le esperaba, pero estaba seguro que algo grandioso lo esperaba, a medida que se iba acercando a la costa del continente, sentía que cientos de ojos grande llenos de asombro lo observaban a cada paso que daba, pero también escuchaba una voz, posiblemente de su subconsciente que susurraba despacio en sus oídos diciéndole que sus sueños y sus pensamientos se habían convertido en realidad, en ese momento fue cuando Hernán Cortés comprendió que el destino lo había escogido para ser el protagonista de una de las aventuras heroicas más impresionantes de la historia. Ese sueño lo había acercado a un nuevo mundo borrando las distancias entre Él y el gobernador de Cuba Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), poniéndolo al frente del desafío a lo imposible: conquistar un nuevo mundo. Al pisar la tierra del continente su mente se llenó de emociones, entre alegría y miedo que súbitamente se transformaban en valor iracundo.

Sus ojos café azulados voltearon con su penetrante mirada hacia el mar y contempló las suaves curvas de las olas y sintió la tierna adhesión de la arena cristalina en sus fuertes y majestuosos pies, trémulo de alegría mezclada con el temor que causa lo desconocido, miró el movimiento de las hojas de la impotente vegetación y el tinte delicado de las flores, en ese instante la amorosa y fiel mirada de sus compañeros se mezcló con la fuerza del sol y las gotas del llanto de felicidad de los conquistadores los fue secando el viento y Cortés después de una profunda meditación y ante el dilema de quedarse a cumplir la proeza de la conquista o regresar, decidió transformar su timidez en dureza de diamante, su dulzura en crueldad del tigre, su frialdad en fuego, su lúgubre obscuridad en luz celestial y sus inquietudes y temores en pasión decidida por conquista un nuevo mundo.

El primer encuentro

De entre los árboles y matorrales salieron a su encuentro hombres llenos de pánico que lloraban sin motivo alguno, viendo a los conquistadores como dioses y a Hernán Cortés como el todo poderoso, imponente y decidido. Esos hombres los llevan con su líder el cual asombrado por sus apariencias tan desiguales y considerándolos dioses le comenta a Cortés su desdicha por la amenaza incesante que sufre su pueblo por parte del Rey del imperio Azteca.

Después de una semana, vinieron hombres del Rey Azteca y le dijeron a Cortés: Señor, nuestro Rey le da la bienvenida y como muestra de ello le manda estos presentes, los cuales causaron gran sorpresa y despertaron la avaricia de los conquistadores, pues los regalos eran de oro. Bien, contestó Cortés y tomó los regalos que brillaban como el sol mismo entre sus manos y exclamó ¡vean la fortuna que nos espera!. Esos primeros regalos sirvieron para que Hernán prometiera fortuna y felicidad en abundancia a quienes se quedaran a conquistar el Imperio Azteca que al parecer estaba lleno de oro

Segundo encuentro

Incitados por el oro dirigieron su marcha hacia la capital del imperio pasando por las tierras de otro gobernante oprimido por los aztecas el Señor de Tlaxcala, a quien Hernán le ofreció su protección a cambio de su alianza. Es allí donde Hernán Cortés se percata que Malinalli-Malinche-Marina (1500-1529), la mujer que le habían entregado como regalo, no lo deja solo, esa hermosa criatura canta y juega a su lado, lo mira con ternura y su mirada es una caricia y su risa es música, se da cuenta también que Marina es hermosa a la vista y suave al contacto, que es quien lo cuida y protege cuando lo necesita, le da dulzura, ternura, comprensión y amor sin condiciones y le obedece en todo lo que quiere, es en ese momento cuando Cortés piensa que esa mujer fue creada para ayudarle a conquistar el nuevo mundo y decide cuidarla, amarla y protegerla, porque de no hacerlo, corre el riesgo de quedarte solo y poner en peligro su sueño de conquistar al Imperio Azteca y perderse del oro.

Tercer encuentro

Después de caminar muchos kilómetros y formar nuevas alianzas con los pueblos que iban pasando, los conquistadores llegan a donde el horizonte les permite mirar la majestuosa capital del Imperio Azteca la Gran Tenochtitlan rodeada de agua que como espejo refleja la luz del sol transformada en diamantes. A la entrada hacia la ciudad de los aztecas les da la bienvenida Cuitláhuac (1476-1520) uno de los hermanos del Rey Azteca quien los colma de regalos, les da de comer y de beber y un día después los conduce al encuentro con el Emperador Moctezuma.
Encuentro con Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520).

El 8 de noviembre de 1519 los contingentes de Cortés y Moctezuma se divisaron a la distancia, en esos momentos viene a la memoria del Emperador Azteca las palabras de sus sacerdotes y adivinos que decían desde hacía mucho tiempo “vendrán hombres blancos y barbados con armas que escupen fuego ellos son los dioses", sintió el emperador una gran emoción por ser el elegido de los dioses para recibir a sus emisarios, se percató como sus sueños y sus imaginaciones se iban desplegando en su mente transportándolo a otra dimensión de la realidad que le permitía ver a seres con aspecto galáctico. Al acercarse más a los conquistadores, el emperador experimento un viaje astral, sintió como su cuerpo se transformaba en energía y llegaban a su mente habilidades psíquicas como la clarividencia y la telepatía que le permitieron viajar en el tiempo.

Construyendo una consciencia en dimensiones superiores logrando un estado místico interdimensional, que lo preparaba para ver de cerca a Cortés y sin palabras decirle que eran bienvenidos a la Tierra de la Serpiente y del Ave, a donde la tierra se une al cielo, donde el cuerpo y el espíritu del hombre forman parte de la Ciudad Cósmica la gran Tenochtitlan.
Mientras tanto en la mente del conquistador Hernán Cortés.

Los recuerdos de las epopeyas heroicas que le habían permitido llegar hasta esta ciudad maravillosa le hacían sentir como un héroe que debía continuar su lucha para dominar a este imperio de abrumadora atracción y belleza sin igual, llena de exquisitas riquezas.

Cortés al estar cerca de Moctezuma reconoció su energía y entró en un en estado vibratorio místico, sintiendo la necesidad de en un abrazo unir su cuerpo y alma con la del emperador.
En ese encuentro se dio la fusión de dos culturas, de dos tradiciones, de dos mundos, de dos religiones, generando un sincretismo cultural que dio origen al mestizaje y a la transculturación y al surgimiento de un nuevo pueblo, una nueva raza con creencias y tradiciones culturales propias, es en ese momento cuando del abrazo entre Moctezuma y Cortés nace México.

Pero sin lugar a dudas el encuentro entre ambos personajes generó un inicial choque que se fue resolviendo mediante un proceso paulatino de acomodación y asimilación, de dos estados de conciencia y la fusión de las culturas del uno y del otro.

Aunque posiblemente les haya faltado tiempo y condiciones a Cortés y a Moctezuma para poder estrechar lazos de amistad e intercambiar opiniones, ese encuentro memorable de un 8 de noviembre de 1519 dio como resultado una nueva identidad cultural híbrida, mestiza, con características y elementos culturales propios: la Raza Cósmica, que son la fuente de inspiración del Pueblo Mexicano.
ECM112019

EL SUEÑO Y LOS ENCUENTROS DE HERNÁN CORTÉS 
Enrique Canchola Martínez 
Universidad Autónoma Metropolitana 
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Noviembre 2019