Yo, pecador con gula
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Masca la Iguana

El gozo de mis pecados: la gula

Segunda parte

 

Luis Fernando Paredes Porras*

Debemos buscar a alguien con quien comer y beber

antes de buscar algo que comer y beber,

pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo.

Epicuro de Samos (341 AC-270 AC) Filósofo griego.

 

Como en todo, hay algo bueno en los pecados. Si no lo podemos ver o no lo queremos ver eso es ya otro asunto. Compartí anteriormente mi idea sobre el pecado en general, ahora se “me antoja” pensar sobre mi gula.

No hay manera de ocultar que peco, tengo sobrepeso. Esto quiere decir que además peco doble, porque podría ingerir muchos alimentos y hacer ejercicio, ante lo cual reconozco que vivo con  pereza y con gula…o para no sentirme tan mal permítame decir que padezco cierto grado de pereza y de gula.

Ya entrados en mi pecaminosa  intimidad, confieso que no es que coma mucho, sino que como mal…en cuanto a la pereza ni cómo ayudarme porque lo derecho no tiene vuelta. Así que hasta el día de hoy soy parte de la estadística que nos hace un país de  tragones pecadores.

Como lo que se ve, no se juzga, dejaré en paz mi gordura o mi romántico sobrepeso, para decir que si de tragar se trata, las experiencias más duras han sido cuando he tenido que tragarme mis palabras. Ya deje usted las que emito, las que pienso, ahí debo admitir que el silencio  no ayuda mucho.

Reconozco que mi tolerancia a sentir hambre es grande, aunque no en todos los sentidos porque he dejado de tenerla por algunas actividades que me eran placenteras y le dedico mucho tiempo a la tragazón de otras que no siempre resultan ser tan benéficas como aquellas. Es decir, ando indigesto de ideas y acciones que no he podido digerir y desechar del todo.

Pero ya estoy cayendo en reflexionar más en la parte no tan favorable de la gula cuando dije que en todo hay aspectos positivos…pienso que ésta reflexión es esa parte.

Es incómodo, insano y goloso tener sobrepeso, por eso, juro que así era, hoy haría mi segundo recorrido nocturno en bicicleta con amigos de un club, pero el pecado llamó a mi puerta, o con precisión, al  celular  y a esa misma hora, me informa otro pecador,  es la cita para acudir a dar una fiesta sorpresa a un amigo  - ese es de pecados mayores- . Me pidieron coopere para el pastel, que ya se tiene todo lo demás.

La iguana que es amante del ciclismo sí irá al recorrido por las calles de la ciudad, pues va a estrenar su juego de luces para que la vean de noche los automovilistas. Ella no tiene sobrepeso ni encarna el pecado de la gula. Me exhorta a que piense bien lo que voy a hacer en la noche y me recuerda que hace tiempo, cuando no la conocía, como se lo conté una noche de confidencias, comí carne de iguana…me lo dice en un tonito que no es reclamo ni reproche, sino como estrategia de presión psicológica para que me trague sus palabras; le digo entonces que no estaría comiendo sólo, sino con amigos y que, los amigos, son los amigos; ella  hace me trague mis palabras cuando con su cola, me pasa  la grasa para la cadena y me recuerda que si la iguana masca, no es por gula.

*Pedagogo, comunicador mexicano, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM y de sabersinfin.com región sureste.

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