Tuxtepec, ¿santuario de asesinos?
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-  MASCA LA IGUANA -


De buenas intenciones están llenos los caminos del infierno.
Refrán popular.

Las primeras cabezas fueron colocadas en una esquina del palacio de Tuxtepec, no hace más de un año y medio.  La decapitación nos horrorizó en esa ocasión y también cuando en Santa Cruz las colocaron  en la terminal de autobuses. Pero muy rápido nos hemos acostumbrado a ver estas escenas de salvajismo. Tan rápido que,  podemos invitar a que los asesinos vean en Tuxtepec la posibilidad de hacerse un santuario para encomendarse al santo patrón de los decapitadores.

Se ha utilizado la decapitación a humanos en diferentes momentos e intenciones, ya bien para castigar un delito, cuando las convenciones así lo han permitido  o para terminar con un enemigo, cuando el instinto domina. Los encabezados rojos de los últimos días dan cuenta de dos nuevos asesinatos donde degollaron a varones, uno habitante de Tuxtepec. Los periódicos señalan “regresa la violencia a Tuxtepec”, noticia a la que nos hemos acostumbrado.

Hay de decapitados a decapitados, ello estriba en el personaje y las causas que originaron su asesinato. De tal forma que la decapitación mecánica, la guillotina en Francia, Bélgica, Suecia, Italia y el Reino Unido, tuvo a sus verdugos y víctimas que trascendieron su momento histórico, como lo fue la exhibición durante once largos años de las cabezas de los insurgentes mexicanos, Allende, Aldama, Jiménez e Hidalgo en la alhóndiga de Granaditas. La Biblia tiene también a sus decapitados famosos: el convertido  San Pablo, que por ser romano tenía derecho a la decapitación, de otra forma hubiera sido crucificado; el apóstol de España, Santiago el mayor y por supuesto, Juan el Bautista.

Juan bautizó a su primo Jesús en el río Jordán, la relación con el río sagrado hace que sea el santo patrono de muchos pueblos de la cuenca sotaventina. Juan, el bautista, despertaba las pasiones carnales de Salomé, mujer desairada que pidiera la cabeza de Juan en charola de plata. Deseo que Herodes le cumpliera para  alimentar el imaginativo colectivo hasta nuestros días. Se conoce más la forma en que murió Juan el Bautista que la trascendencia de su legado espiritual, tal vez por ello en Tuxtepec se recordó por muchos años que fue una pasión la que le provocó la muerte arrancando su cabeza de su cuerpo. Tuxtepec, durante  muchos años, en la  fiesta de San Juan Bautista, amarrados de las patas  decapitó a cientos de gallos “en honor de su patrono”. Esta actividad lleva la lógica de que si Pedro fue muerto en la cruz igual que Jesús, el estado vaticano debería crucificar algún animal, un gato, un pato, una res o cualquier animal para que, la gente, animada por el sufrimiento del ser en cuestión, no olvide la importancia de apóstol.

La Casa de la Cultura, la Asociación Cultural El Flamenco, el grupo Arte Urbano y  la Diócesis de Tuxtepec analizarán el jueves dos de junio la pertinencia de varios elementos involucrados en el programa de la fiesta de San Juan: la venta de espacios comerciales, el dinero que hay que invertir y la conveniencia de darlo a conocer al público  o seguir en el juego del misterio – como fue el caso del manejo de las sugerencias del Comité de Autenticidad de la Guelaguetza por parte del Ayuntamiento – y por supuesto, las opiniones encontradas relacionadas en si arrancarles las cabezas a los gallos que cuelguen amarrados de una cuerda a media calle, para que, con la fuerza de la velocidad del jinete, la cabeza sangrante se muestre en la mano que emule al verdugo que recibiera las ordenes de Herodes.

Como el asunto de fondo es una fiesta patronal y no un carnaval organizado por el Ayuntamiento y asociaciones civiles, la postura del Obispo es crucial y determinante. Así lo asumió hace años el Obispo José de Jesús Castillo Rentería, quien a su llegada a la recién nombrada Diócesis Tuxtepecana, en una misa envió un mensaje claro y contundente. “En Tuxtepec se acabaron los actos de barbarie, no más muestras violentas, no más gallos sacrificados”.

La postura de Felipe Matías Velasco, cronista costumbrista de Tuxtepec lleva el mismo sentido del sacerdote, y lo ha dado a conocer de tiempo atrás en su poesía, base para reconstruir esta fiesta de San Juan. Sin embargo el principal defensor del sacrificio de los gallos es el Ayuntamiento de Tuxtepec, en voz del Director de la Casa de la Cultura, razón por la cual este jueves se decidirá si el Obispo Antonio cede al gusto, ignorando la decisión de su antecesor.

Nadie ignora que el pueblo gusta de pan y circo. Las Fiestas de San Juan nunca se han suspendido, y no se trata, parafraseando al Director de la Casa de la Cultura de “vivir una fiesta primitiva, (sino) recoger lo que quedó tirado del 44 y tender la mano a lo que dejó trunco el río”. El asunto de los gallos es tema juzgado, revivirlo es la invitación a que en tono de mofa, Juan Bautista sea el santo protector de los nuevos verdugos de la sociedad. Y para decapitados ya tenemos muchos en el país como para hacerles una fiesta.

La iguana, de milenario pescuezo, dice no saber nada y que en cuestión de los arranca cabezas, es bueno que no prefieran las iguanas… debe ser porque ignoramos de qué lado mascan.


luis fernando paredes y nino*Luis Fernando Paredes Porras. Pedagogo, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM

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