El gozo de mis pecados
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Masca la Iguana

El gozo de mis pecados

Primera parte

Luis Fernando Paredes Porras*

Hace algunos años, en 1995,  la  película “seven” me permitió como recurso mnemotécnico, recordar fácilmente cuales  son los 7 pecados capitales, lo que no logró por supuesto, y por fortuna, fue evitar que los siguiera cometiendo. Es cuaresma y es el tiempo para hablar, desde un carnaval de las palabras, de los pecados, por el placer de hacerlo, gozo que, por cierto,  no he logrado identificar a qué pecado debe corresponder, porque así como reza el refrán “no hay nada nuevo bajo el sol” puedo afirmar que “todo acto humano, se alimenta de un pecado”, lo que conlleva a decir por ejemplo que, si usted hace mucho es porque es un gran pecador, o viceversa; pero no me meto con sus  pecados que a cada quien le cuesta mantenerlos.

Conocí que era pecador porque la catequista me lo señaló con eso de que tenía que golpear mi pecho al momento de decir “por mi culpa, por mi culpa por mi enorme y grande culpa”, lo bueno es que no le hice caso ni a la catequista ni a la oración que no me fue significativa en su sentido literal gracias a los juegos del jardín de la pequeña iglesia (templo) de Santa Bárbara en la colonia del mismo nombre, al oriente de la ciudad que me viera nacer a los pecados, Puebla de los Ángeles. La primera culpa – pecado que recuerdo fue cuando me preguntaba unos años después, en silencio,  sobre las cosas de Dios y sentía miedo de que el omnipresente y omnisapiente amigo mío y amigo de todos, se enojara por ello y descargara en mi infantil humanidad, su omnipotencia. Sin asuntos de teología de por medio, sólo me parece pertinente decir que seguí preguntándome y eso me llevó al libro del jesuita Héctor Tassinari: “quiero conocer mejor a Dios”, y de ahí a los herederos poblanos de los ideales enciclopedistas liberales. Así que después del recorrido, el pecado se resignificó tanto que, con pena y poca gloria,  gozo con ellos  - aunque a veces hay gloria  sin pena - . Pero en síntesis comprendo ahora que gracias a los pecados las mentes creativas y por supuesto, pecadoras, aportan a la concupiscente existencia placeres como por ejemplo, la película “seven” que contó con las actuaciones de Brad Pitt y Morgan Freeman, inspirada la historia, en la sórdida vida de Nueva York, como lo explicó el guionista Andrew Kevin.

Estos días haré sendos recorridos por los  caminos que los pecados, de una u otra forma, me han invitado, obligado o yo me he tomado el atrevimiento de recorrer, para reflexionar sobre lo que me han dejado.

Dice la Iguana desde una hermosa Pochota, árbol majestuoso que por cierto, no da manzanas, que ella tira la primera piedra, no como señal de su vida sin pecado, sino como muestra de que su cola es una hábil sonda lista para usarse contra el primer ser que llegue a decirle que el pestilente arroyo Moctezuma perdió su belleza…por su culpa…por su culpa…por su enorme, grandísima, escamosa y verde culpa. Yo sé bien por qué lo dice, me consta que no tiene pecado original, pues nació de un huevo…por eso digo que yo tampoco me siento pecador.

*Pedagogo, comunicador mexicano, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM y de Sabersinfin.com región Sureste.

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