Con otro estaba empiernada / Masca la Iguana
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

Mía, aunque tu vayas por otro camino…
Armando Manzanero, canta autor yucateco.

     Fue mía por 15 años, no es que uno sea posesivo pero la disfruté como nadie y ella era feliz entre mis piernas.

     Pasamos mil cosas juntos y en un descuido, me la robaron, la vi en la calle y dije ¡es mía!, a los días la encontré, supe la verdad, su precio y lo que vale, ¡mil quinientos pesos! y me despedí de ella: mi bicicleta.


     El carpintero me cobró 180 pesos por hacerle un asiento para mi hijo de 4 años, que por cierto no quedó bien del todo, apenas semana y media y un par de paseos con mi vástago y precisamente al regresar del último, dejé la bicicleta recargada en la ventana, a unos tres metros de la puerta a la que no le coloqué el candado, situación que el ladrón de bicicletas aprovechó para chingármela.


     A los pocos días frente el CBTIS vi circulando mi bicicleta, la conducía un joven a quien identifico como asiduo ciclista, lo cual me consternó por partida doble. Se perdió entre los autos y pensé el cómo hubiera reaccionado ante la posibilidad de intervenir en su camino. La respuesta a esa pregunta llegó una semana después.


     Durante ese lapso ubiqué posibles reacciones, pero la realidad es que no tengo factura de la bicicleta marca Alubike de 21 velocidades, así que ni como demostrar mi propiedad más allá de mi palabra y por otro lado, el ladrón de bicicletas ya había allanado mi morada, con todo lo que implica que un ladrón ingrese a violentar el hogar. La recomendación era “déjala ir” ya requería un par de refacciones: sistema de frenos, una llanta, pintura e incluso hubo un amigo que me dijo que al estar dañada la tijera delantera hubiera corrido mucho riesgo mi hijo. Razones había para no reclamar, pero a la semana y días la vi estacionada cerca de donde me detuve. Ahí la cosa cambió. La sentía mía.


     Mi bicicleta la encontré estacionada dentro de un negocio establecido, por lo que pedí hablar con el encargado y exponer mi caso reclamando mi propiedad, avalada por mi palabra, pero el joven ciclista, trabajador de ese negocio, argumentó que él sólo había aprovechado que la vio en una casa de empeño y me mostró el ticket de compra. El ciclo se cerraba, pues hace poco más de 14 años yo la había comprado en Tehuacán de la misma manera, ignorando también si era producto de un robo. Propuse que le pagaría el monto del ticket al joven y que me regresara mi bicicleta a lo que accedió y finalmente, no lo he hecho ni lo haré. Ese dinero lo invertiré en una nueva bicicleta más grande y segura, decisión que tomé después de meditarlo… ¡pero sigue siendo mía!, como diría el yucateco romanticón de Armando Manzanero.


     La iguana dice que ya no usa rueditas, que puede mascar mientras pedalea por la terracería y quiere que también mande a hacerle un asiento con otro carpintero para que vayamos los tres a pedalear, bueno yo pedaleo, mi hijo y la verdosa pasearán.


     Hoy hay modelos de bicicletas adecuados para mi estatura, así que traigo la jiribilla de chamaco que estrenará pronto juguete nuevo, esperando que mi próxima bicla me dure el doble de tiempo que mi vieja alubike, reconociendo que la extraño y, aunque anda empiernada con otro… ¡sigue siendo mía!

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