RENOVANDO IDEALES LIBERALES, EN EL PARQUE JUÁREZ DE TEHUACÁN
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RENOVANDO IDEALES LIBERALES, EN EL PARQUE JUÁREZ DE TEHUACÁN

Por: Luis Fernando Paredes Porras*

Juárez toda su vida causó controversia, porque partía de la idea de que no puede existir el respeto donde no hay orden. El orden es un principio aplicable a toda nuestra vida y en todas sus esferas. Cuando falta el orden, en cualquier momento falta el respeto.

Y al ser humano, al ciudadano, nos espanta el orden, no hemos sido educados para ser ordenados, que no es lo mismo que ser obedientes.

Juárez no fue obediente en el sentido de recibir una orden y, sin pensar en sus consecuencias, acatarla por temor o por conveniencia personal, Juárez fue un liberal que cumplía con deberes que su consciencia le marcaba. Su gran legado fue el proceso personal durante el cual formó su carácter, carácter que le permitió encabezar una de las etapas más difíciles de nuestra patria, dado que había que establecer y mantener un orden, la Reforma.

 

 

Existe un orden manifiesto en la naturaleza que ante el impacto de nuestro desorden como especie, hoy, comenzamos a vivir las consecuencias  y muy pronto nos obligará, y a un costo muy alto, a jerarquizar nuestras intenciones y acciones a favor del respeto por la única casa que compartimos todos, el mundo, casa que damos forma con  nuestro compromiso o nuestra indolencia, afectándonos a todos.

Hay que recordar con énfasis a Juárez, el hombre que tenía la convicción de que somos seres humanos con la libertad de elegir, de aplicar el libre albedrío y gestar ideas que nos lleven a realizar actos en beneficio de la humanidad.

El orden, en el hombre, comienza gobernando  sus emociones y sus ideas. El primer gobierno que debe procurar todo ser humano es el gobierno de sí mismo, y ello no puede hacerse en medio del caos, ya que cuando es el desconcierto lo que prevalece y el barullo  interno nos domina,   creamos  personalidades que, aún con las mejores intenciones, terminan  perjudicando el desarrollo de las familias y de quienes las integran, así como de los pueblos.

Juárez aprendió a gobernarse a sí mismo, y en el intento, como todo ser humano tuvo errores, pero nunca dejó de aprender de ellos,  situación que  le permitió ser un visionario y hombre de grandes actos, pues demostró que una mente ordenada  y alimentada con el espíritu liberal del amor por la humanidad, busca establecer y mantener la paz y la armonía para favorecer el desarrollo de los pueblos y la evolución de quienes le conforman.

Los ideales de  grandes hombres como Miguel Lerdo de Tejada, Jesús González Ortega, Santos Degollado, Sebastián Lerdo de Tejada, Gabino Barreda, Melchor Ocampo, Manuel Doblado, entre otros, se amalgamaron a los ideales que encabezara Benito Juárez, provocando una de las épocas más gloriosas para nuestra historia, emitiendo en 1859, las Leyes de Reforma que decretaban la nacionalización de los bienes de la Iglesia, la ley del matrimonio civil, la separación de la Iglesia del Estado, la ley del Registro Civil, la secularización de los cementerios y los hospitales, y la libertad religiosa.

Benito Juárez García fue un hombre a la altura de cualquier circunstancia por su  valor y valores, por su  inteligencia, en síntesis, por su carácter, fue reconocido como digno de galardón por el Congreso Colombiano y  declarado Benemérito de las Américas. Hombre culto, conocedor del derecho canónico y civil, capaz de leer latín, inglés y francés, proveniente de una etnia monolingüe, reconoció siempre que fue la educación que recibió, y la que a lo largo de su vida se procuró, lo que le permitió transformar su mente. A decir de Gabino Barreda: “no es grande quien transforma el estado de la materia, sino quien transforma el estado de la mente”.

Juárez se rodeó de colaboradores igualmente cultos y con un sólido carácter. Pensar en ellos, en los hombres y mujeres que le acompañaron, es pensar en el derecho que todos tenemos de recibir una educación liberadora que tendrá como una consecuencia, elegir a las mejores mujeres y mejores hombres no sólo para el gobierno de un municipio, de una ciudad, de un país, sino para elegir a quienes nos acompañen durante nuestra vida y las acciones que emprendamos en el proceso.

Este hermoso Parque Juárez, ícono de nuestra ciudad por su trazo y fantástica arboleda que cobija a visitantes, estudiantes, amas de casa, empresarios, ciudadanos, familias completas, debe simbolizar de ahora en adelante, el compromiso personal por educar nuestra mente, alimentarla de más y mejores ideas, de conocer y controlar nuestras emociones poniéndolas al servicio de nuestro desarrollo. Éste nuestro hermoso parque Juárez, con sus  caminos que convergen en el kiosco, nos debe recordar que todas las acciones que emprendamos deben tener la más elevada intención de que seamos capaces y, en la medida que experimentemos  el placer del reconocimiento de nuestra propia dignidad, podremos servir a nuestra familia,  nuestra comunidad, nuestro país.

Se siente la presencia del ideal jurista cuando respetamos la dignidad propia y la del otro, cuando confirmamos en mente y corazón que somos semejantes e iguales en derechos. Tehuacán, ciudad de indios, lugar donde convergen los más variados intereses, ciudad de contrastes ante los cuales no debemos ser indiferentes. Tehuacán, ciudad de emigrantes que reclama tolerancia por las distintas formas de pensar y de actuar, lugar multicultural que requiere aprender a vivir la interculturalidad, porque somos una ciudad de enorme riqueza, una ciudad que la conformamos todos los que aquí vivimos, merece nuestra ciudad lo que Juárez anhelo siempre para el país y los mexicanos: orden; un orden que emane de los más altos ideales de hombres y mujeres que decidan convivir en armonía respetando las diferencias.

Fallecido a los 66 años de edad en 1872, habrá ceremonias en todo el país este 21 de marzo  para recordar su nacimiento, y así como nuestro glorioso himno nacional menciona “ y retiemble en su centro la tierra, al sonoro rugir del cañón” así pedimos que retiemble el centro de nuestro ser ante el nombre de Benito Juárez García y, emocionados por el orgullo de ser mexicanos, encarnemos con nuestras vivencias diarias la frase inmortal valorada en todo el mundo:  “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Este es el ideal Juarista: la educación de la individuos para establecer el orden en su mente y corazón;  poder reconocer y mantener el orden, la paz y la justicia en sus pueblos; cuando lo hagamos, sentiremos el placer del deber cumplido y entonces podremos saber que estamos contribuyendo a la patria que merecemos.

  

* Luis Fernando Paredes Porras ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es director del proyecto Las 1001 Voces (http://lasmilyunavoces.blogspot.com), el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.

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