
5 de enero de 2018
Quiero pedirle a los Reyes
en una carta sentida
que burilen en mi vida
la alegría de los ayeres;
que provengan de los seres
de luz: risa, beso y grito,
si de adulto necesito
jugar, sanar y observar,
y amor recibir y dar
en mi escrito solicito.
La festiva carcajada
que exorcice una tristeza
que espabile a la pereza
que acepte a la mano ajada;
de amigos, sea rebanada
de un postre que con fervor
se haga con buen humor
y se sirva en cualquier mesa
donde se escribe o se reza,
se lo pido al buen Melchor
Y a Gaspar se los requiero
esperando los conceda,
pues son roces de seda
de los seres a quien quiero;
me transmuten si estoy fiero,
ante el rencor, se interpongan,
de mis labios bien dispongan
los besos, suaves cual trino,
enmarcando mi destino
y a mi vida la compongan.
Cual bramido de elefante
que al enemigo previene
quiero un grito, el que detiene
ante el peligro a un infante;
arriba, abajo, adelante
ya de día o de noche,
en camello, a pie o en coche
un grito que busque el centro,
con la fuerza de epicentro
y que apriete como broche.
Quiero verles otro año,
a Baltazar se lo imploro,
por si gozo o si lloro
haciendo cuitas del daño;
pero en alegrías me baño
siendo ésta, magia mía,
y cuál niño que lo ansía
protejo a mi inocencia,
rechazo senil demencia
y sonriente espero el día.
Un deber se me ha encargado
siendo el juez mi hijo querido,
mi regalo preferido
una extensión de lo amado;
en su carta me ha mandado
que tome el turno de rey,
que se me quite lo buey
oyendo a la eternidad
y que reine en nuestro hogar
siempre, amorosa ley.
La cultura mexicana
a jugar siempre te invita,
si Dios atendió tu cita
de forma tarde o temprana;
paternidad que se ufana
de sopesar los estragos
brinda, siendo tres tragos:
“disculpa, perdón y abrazo”,
ya que bendito es el lazo:
¡que vivan los Reyes Magos!
Masca la Iguana / Luis Fernando Paredes Porras








