El calzón negro
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No solo de Piña vive el hombre

El Calzón Negro

 

Luis Fernando Paredes Porras

 

En los llanos del sotavento mexicano, la vena de la cultura jarocha del país, la cuenca del río Papaloapan, el río de las mariposas, se originado grandes versos populares en la métrica de la décima espinela, “El Calzón Negro” es uno de ellos.

 

La sexualidad en la vejez es aún para la mitad de la segunda década del siglo XXI un tema poco abordado con la misma intensidad que el deseo sexual en cualquier otra edad.

 

Por ello la imagen que le muestro cobra especial relevancia dado su contenido erótico, su postura social y el verso que le acompaña “El Calzón Negro” que forma parte del patrimonio cultural intangible del sotavento mexicano, del pueblo jarocho, del país y del mundo que se mueve, a lo dirían algunos, gracias al sexo.

 

“El Calzón Negro” nos ayuda a visibilizar la vida sexual que quienes lleguemos a vejez, experimentaremos probablemente, dependerá de algunas situaciones, entre ellas, su desmitificación.

 

La fotografía la  tomé en estas tierras sotaventinas, en Loma Bonita Oaxaca, frontera con Veracruz; posa Angie quien participa de un movimiento de saberes colectivos a favor de las organizaciones educadoras y la inclusión y visibiliza otro aspecto de la sexualidad humana.

 

 

Así el arte de la palabra y la imagen  se fusionan para el mismo objetivo, el reconocimiento de quienes somos y el respeto que ello nos merece.

 

 

 

 

 

EL CALZÓN NEGRO

Salió una anciana del baño,
su viejito la miraba
y al punto le preguntaba:
¿de dónde es el gusto extraño?,
pues ya llevas varios años
usando ropa interior
de oscuro y serio color
y ya mi vista se aburre,
¿qué acaso no se te ocurre
que eso te da más calor?

La viejita indiferente
caminando paso a paso
levanta en su mano un vaso
y allí sumerge los dientes;
al viejo mira de frente
para darle explicación,
se acomoda en el colchón
y guarda una breve pausa:
aquí te digo la causa
de lo negro del calzón.

 

Muchos colores usé,
pues la carne firme estaba,
el fuego que me quemaba
contigo lo disfruté;
hace tiempo lo apagué
por no hacerlo disoluto,
te fui fiel en lo absoluto
lo que te digo es muy cierto:
cuando el pájaro está muerto,
¡el nido viste de luto!

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