Peluda Navidad: angas o mangas
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Angas o mangas

La peluda navidad

El sastre

Dios que todo lo puede, todo lo sabe y está en todas partes sabe bien que mi ausencia fue por causas de salud. Los dejé muchos meses pero en ese tiempo a mi amada mujer le faltó solamente que le orinara un perro. Por eso es que decido escribir ahora en navidad, como si fuera limpia porque cada vez que veo un can, le veo ganas de alzarle la pata a mi vieja, quien por cierto, ya sólo tiene una.

El Sindicato de Ficheras Pirujas Anexas y Similares, EL SIFICHPAS continúa su trabajo y está cada día más fuerte, ya saben que eso de la putería es tan antiguo como los piojos. Ya les diré cómo vamos con la organización y la lealtad de todos los presidentes municipales a quienes apoyamos hace un año y acaban de dar su informe… ¡me!

Mi amada Dulcinea ha cambiado un poco su carácter, desde que le mocharon la pata derecha hace 8 meses, es más atenta conmigo, ella dice que sabe que ahora requiere más mi apoyo y que no es bueno que me esté ninguniando como cuando tenía sus dos patas buenas y, como ella dice, podía mear a gusto de aguilita en cualquier lado. Mi querida esposa nunca tuvo un buen chamorro, más bien se le veía la canilla muy jodida y no quiero ni acordarme cuando le daba por dejarse crecer los pelos… ¡qué cosa tan espantosa!, pero verla peluda era cosa que a mi suegra la hacía muy feliz. Cuando vivía la viejita, que era de la costa, de un pueblo de los alrededores de Pinotepa Nacional, no desaprovechaba oportunidad para decirme que sus tres hijas eran bellas, que eran unas hembras hechas y derechas, bonitas y bien peludas. Mi suegra comenzó a odiarme cuando se dio cuenta que mi novia se había rasurado a petición mía, y como había amor de por medio en ese entonces, pues mi amada quedó lisita de su flaca canilla. Con los años el odio que me tenía mi suegra se convirtió tan sólo en desprecio y el asunto de mi ignorancia por no saber apreciar la belleza envuelta en pelos se encargó de recordármelo todos los años que le restaron de vida, que fueron muchos, porque cada vez que nos visitaba en la casa, sin faltar ninguna ocasión, nos traía aguacates, tortillas y un kilo de chicharrón de puerco, que creo que lo mandaba a hacer especial porque estaba cundido de pelos. A los años aprendí, como muchos de ustedes, a quitarme los pelos de la lengua.

No quiero ni decirles lo peluda que era mi suegra, ya se han de imaginar si decía que tenía tres hijas hermosas y bien peludas, pues ella tenía que mostrar al mundo la fuente de tanta gracia, el molde peludo que era, no por nada desde adolescente le apodaron a mi suegra “la elote” por aquello de que se dejaba crecer los pelos de todas partes a grados que en su mismo pueblo causaba admiración y, como cosa rarísima, respeto. Así que se han de imaginar el odio que me agarró cuando los primeros 5 años de matrimonio su hija se rasuraba las piernas y las axilas.

“La elote” era buena suegra en el fondo, si bien me decía en la casa que yo era un pobre diablo que no sabía nada de la vida, lo hacía cuando estábamos solos los tres, nunca estando sólo ella y yo, no, siempre tenía que estar mi esposa; y cosa que le agradezco a “la elote” es que jamás me ofendió delante de mis hijos, al contrario, siempre les dijo “respeten a su padre, porque como quiera que sea y esté como esté, es quien ayudo a que ustedes nacieran, bola de cabrones”. A veces extraño a mi suegra… pero sólo a veces.

Después de 5 años de casados mi esposa ya con tres hijos me dijo, déjate ya de babosadas que ya no me voy a rasurar las patas, lo haré con las axilas porque es cierto que huele uno menos, pero ya no estés chingando con lo otro porque tengo muchas cosas que hacer con tres hijos, así que no friegues. Por fortuna no le salieron tanto como cuando la conocí, eran tres o cuatro pelos sueltos por aquí y por allá que ni se notaban ya. De eso me estaba acordando ahora que le pongo su crema para las varices en la pierna izquierda. Dejen que les comente que aunque tenía flaco el chamarro la cosa se componía ya de la rodilla pa´rriba.

Será navidad y mi lampiña y coja compañera de mi vida me pidió que hiciera un brindis ahora que estarán en la casa todos los hijos con su pareja y sus hijos y los hijos de sus hijos… o sea, un chingo de trabajo que me espera, pero nada como estar en familia. Mi nieta Hilary, que estudia en la Universidad Veracruzana y está muy apegada conmigo quiere que les cuente eso de los pelos de su bisabuela porque ella no me cree que pudiera estar tan peluda como se la describo. Hilary tiene un novio choto, ella dice que es metrosexual y ambos se depilan para estar bellos. Yo le digo que deje algo para la lengua y ella se ríe nada más…cabrona esta.

Los pelos nunca se han alejado de mi vida ni mi suegra. Ya el chicharrón que como no tiene pelos y hace muchos años que ya no me los quito de la lengua, pa´ qué más que la verdad. Es más, le debo mucho a esos tés de elote que me tomé por años y mejoraron el riñón.

Y pues con las muchachas del Sindicato de Ficheras, Pirujas, Anexas y Similares, el SIFICHPAS, eso de las depilaciones es cosa de todos los días, así que por angas o mangas esta navidad estará de pelos en la casa, con mis recuerdos y el peludo fantasma de mi suegra “la elote” y también, el fantasma de la pata derecha de mi amada, que con pelos o sin pelos, flaca del chamorro, cuanta falta le hace…como ella me hace falta a mi…eso diré en el brindis de navidad, porque es la puritita verdad.

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