Regalo a la tamarindo. Angas o mangas
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Angas o mangas

Regalo a “la tamarindo”

El sastre

Me estoy encanchando apenas, como dicen los chavos, porque después de dejar de escribir unos meses,  siempre como que  cuesta retomar el trote, pero como dicen por ahí: ya tengo la yegua, ya tengo la rienda así que ¡vamonos!

No saben cómo he disfrutado mi regalo de Reyes Magos, el paquete de pilas chinas para mi marcapaso acompañado del recadito “ponte las pilas, porque aún te necesito a mi lado”, hizo que se me llenara  mi nuboso ojo izquierdo de lágrimas – el derecho no sé por qué, pero no me lagrimea tanto- . Aunque caro pagué el regalito, porque con eso de que mi mujer anda enyesada de la pata, tuve que andar empujando su silla y para acabarla de chingar, empujar el carrito lleno de juguetes para los hijos, los nietos, bisnietos y colados, al final, ya en la caja,  hasta me confundieron con los viejitos que embolsan y una señora me dio una moneda.

Mi coja esposa, amante de las tradiciones familiares, se gastó casi 10 mil pesos en regalitos, llevaba una lista que me sorprendí de cuanto chamaco, según ella,  hay en la familia.  Cuando pregunté que quién era ese Federiquito, me dijo “viejo pendejo, ¿cómo que quien es Federiquito?, es el medio hermanito de Carmencita, que es la hija de la segunda esposa de Carlitos, el hijo de mi primo José de Campeche, el que fuimos a  visitarlo hace un año, es que el niño me cayó muy bien, es muy tierno”, ante lo cual me di cuenta que era mejor quedarme callado.

Mi mujer puede hacer con sus dinero lo que quiera, así que si quiere darle estudio al Federico ese, por mí que le pague la boda, porque además tiene razón, para eso es el dinero y ya a nuestra edad el querer guardar unos pesos pues sólo que no tuviéramos cariño verdadero y quisiéramos comprarlo, que por fortuna, no es el caso. Y me gusta que se lo gaste en esas cosas y en el Sindicato de Ficheras Pirujas Anexas y Similares, SIFICHPAS.

Ya en el coche, después de que puse todo en la cajuela, y después de que me ofendió porque dice que no la ayudo a subirse con cuidado, me dijo que la llevara a ver a Rosalía “la tamarindo”, allá en Tres Valles. Cuando llegamos ya nos estaba esperando porque mi mujer le llamó antes, sólo le dijo “este carrito Rosalía, es para tu niño, llévaselo al panteón y llórale todo lo que no le has llorado, pero después regresa con tus dos niñas, que ellas te necesitan fuerte”; la tomó de la mano y cuando “la tamarindo” quiso hablar, ella le puso un dedo en sus labios, luego me dijo, vámonos viejo.

Por angas o mangas recordé muchas cosas que hacen que ame a mi coja verduga. Reconfortar a “la tamarindo” a quien apenas hace una tres semanas, un cañero le matara a su niño cruzando la carretera, me llenó de satisfacción y me dio una lección.  Espero y el próximo año, o en abril para no ir tan lejos, pueda hacer la misma magia de mi reina.

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