La sabrosa desnudez. Angas o mangas
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- Angas o mangas -

La sabrosa desnudez

Diana la cazadora

El sastre*

Hace muchos años el que una mujer estuviera encuerada era un escándalo, bien recuerdo que mi abuelo se escandalizaba de que se hubiera puesto  en la capital del país, a finales de los 40´s del siglo pasado, una estatua de “una vieja encuerada” y mi abuela no decía nada, sólo se persignaba unas 7 u 8 veces en chinga, lo cual quería decir que el pecado era grande. Yo nací, por decirlo de alguna manera, con la desnudez de la Diana y no se me olvida porque mi abuelo, que era muy apegado a la iglesia decía: “a este niño le va a tocar vivir Sodoma y Gomorra”.

Mi abuelo murió y dejó instrucciones de que solamente su hijo mayor, mi tío Arnulfo – que le decíamos de cariño tionulfo- fuera quien lo podía ver desnudo. Mi tionulfo recibió esa encomienda, nos contaba él mismo, a la edad de 12 años, cuando mi abuelo una tarde en el potrero le dijo “mi´jo, el día que yo muera, quiero que tú me vistas, no quiero que nadie más me mire desnudo, ni tu abuela ni nadie” y el abuelo se la pasó diciendo por años que cuando muriera ya Arnulfo – mi tionulfo- sabía qué hacer, por eso cuando murió el abuelo todos los presentes entre mocos y berridos lo miraban como diciendo ¿qué hacemos?

Ese no fue ningún problema, yo era  un hombre joven cuando mi abuelo murió y mi tío estaba ya entrado en sus  50 años, el problema es que mi tionulfo era lo opuesto a mi abuelo en cuanto al pudor y la vergüenza del cuerpo, porque esa idea de que nadie viera a su padre desnudo lo hizo muy curioso y se la pasaba espiando entre las maderas a cuanta gente podía; las personas pensaban que era un animal si llegaban a oír un ruido y había mujeres que sabiendo que el tionulfo iba a mirar cómo se desnudaban, hasta lo disfrutaban y ponían más cerca los quinqués de sus cuerpos para que mi tío se echara un taco de ojo. Y le creo porque muchas mujeres en el pueblo le sonreían muy raro a mi tío al salir de misa acompañado del abuelo.

Así que crecí con el tema prohibido de la desnudez pero con la certeza que era un tema muy sabroso. Ahora ya de viejo pues qué cosas no he visto en mi casa, justo frente a estos ojos que se han de comer los gusanos cuando vienen las chicas del Sindicato de Ficheras Pirujas Anexas y Similares, el SIFICHPAS a probarse la ropa para los teibol. ¡Sería el paraíso de mi tionulfo!

Pero me acordé de todo esto porque una de mis nietas que estudia veterinaria no baja de “maldita vieja hipócrita, guanga rídicula, hija de Diana la cazadora” a la artista ésta que sale pidiendo dinero del teletón y que ahora disfruta siendo cazadora de animalitos, la Lucerito esa. Dice mi nieta que a la mejor le mete dos tiros a Mijares porque le puso los cuernos y lo vaya a confundir con un borrego cimarrón con eso de que tiene el pelo chino el cuernudo que salió del baño de mujeres.

Yo le dije a mi nieta que eso de cazar era algo normal en los pueblos, pero ella, que ama a los animales me dijo, que estaba de acuerdo en la cacería para comer, pero no por deporte y que de por sí le caía mal la Lucerito esa que desde chiquita se hacia la mosquita muerta pero bien que se le notaba que era una caliente reprimida, así dice mi nieta.

Yo no quise seguirle la plática a la nieta porque mi mujer grito: “así son esas moscas muertas hija, de esas cuídate, yo no me preocupo, porque las únicas moscas que se le pararon a tu abuelo recién casados, fue porque olía a mierda”, ante lo cual dije ¡no me chingues vieja, jamás he olido así, si yo me ponía mi loción de 7 machos y la gente me recuerda oloroso y limpio”. Lo que siguió después fue una serie de ofensas y anécdotas que me dejaron en ridículo ante mi nieta que casi se orina de la risa de todo lo que mi vieja le contó y le inventó sobre mis humores corporales, mis flatulencias, mi eructos y mucosidades. Al principio me enojé, pero era tanta la babosada que decía mi mujer que también terminé a las carcajadas a mis propias costillas.

Por angas o mangas eso de la desnudes y las secreciones del cuerpo a muchos les causa vergüenza y otros viven de ello. Mi tionulfo cumplió con mi abuelo y cuando murió el tío, como no dejó dicho nada, muchas mujeres, de esas que le sonreían raro al salir de misa, llegaron a ofrecerse para vestir al difunto y entre ellas se miraban con picardía. La Diana cazadora sigue en el DF, y le doy la razón a mi abuelo de que me ha tocado vivir los tiempos de Sodoma y Gomorra, pero que rico siento cuando llega nueva ropita para las muchachas del SIFICHPAS y me piden opinión del cómo se ven, es más, estoy seguro que van a sacar un liguero, una tanga de cazadora y unas botas altas que se llame “Lucerito”.

* El Sastre vive y se regodea en la región de la cuenca del Papaloapan ( río de las mariposas) en el sureste mexicano. Esta casado y ya de viejo la dió por escribir.

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