El diario caminar sin darnos cuenta,
Hacia un punto final desconocido,
Arrastrando, sin ver, el hilo de la vida,
Es el designio que cargamos
Desde el momento en que se funden
Dos enigmáticos corpúsculos.
No es necesario que sepamos
Lo imponderable del momento.
Así lo determina el caminar secreto
Del arcano proceso
Que desemboca, finalmente
En tu existencia,
En la mía.
Tu existencia y la mía…
¿Qué hemos hecho de ella?
¿Qué hemos hecho con ella?
Es obvia la respuesta:
Incertidumbres angustiantes,
Furias enajenantes,
Ilusiones monstruosas
Orientando la vida
Lo mismo que la muerte,
Hacia invenciones fantasiosas,
En aras de las cuales
Sacrificamos el presente
Condicionando los afectos,
Y la tranquilidad.
Por esas fantasías,
La vida no transcurre
Serena y sin alarmas.
La zozobra es el signo:
¿Qué pasará la noche
En que mi habitación
Se encuentre reducida
Al dos por uno en la medida?
¿Y qué sucederá
Si he rebasado las medidas
Impuestas a lo bárbaro,
En los lances tan dulces
Guiados por el eros?
Y sin embargo, al son
De triunfales trompetas,
Destrozo y asesino
A otro que apareció
En ese mismo mundo
En el que yo me muevo.
Y por ello, recibo
Honores y homenajes,
Medallas y listones
Que me adornan el pecho.
¿Y me hablan en el templo
Del amor al hermano?
¡Si lo esquilmo y le robo!
¡Si lo calumnio y lo golpeo!
¡Si ordeno que lo tundan!
¡Si le miento, lo engaño!
¿Así le muestro amor?
Y, otra demostración
De falsedades y mentiras,
De dobleces, y de simulaciones:
No obstante que yo incurro
En todas la bajezas señaladas,
Si yo tengo poder,
Cualquier poder que sea,
Y se que otro, sin él
Ejecuta las mismas villanías,
Ordeno que lo hundan
En la mazmorra más oscura
O que lo priven de la vida.
¡Cuánto celo!
¡Cuan justiciero es que me muestro!
¿No será que con eso
Me limpio la conciencia,
Me baño en la moral,
En la que solo pienso
Cuando la viola o la transgrede cualquier otro?
Pero esto no es más que morder
La incertidumbre ante el futuro
Del que me han dicho que es de fuego
Por una eternidad.
No lo creo del todo,
Pero no deja de inquietarme;
No dejan de roerme el enojo y la furia,
Porque sospecho que me mienten
Y que, con ello, han hecho de mi vida,
Precisamente aquí, en la tierra,
El verdadero infierno...
Es el designio que cargamos
Desde el momento en que se funden
Dos enigmáticos corpúsculos…
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 29-9-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








