Comprensión
Minuto a Minuto

De pronto, el globo,  que era diminuto
En el inmenso mar de los dolores,
Adquirió dimensiones de universo.
¿Hacia donde volver
Los ojos, la mirada;
Los pasos, hacia donde dirigir
Si todo era tormento,
Si el placer de que hablaban
En los tiempos de piedra,
Era solo espejismo?
Por más que persiguieras
Sus huellas, no lo hallabas
Porque ya estaba en otro sitio.
Encontrabas la huella, nuevamente,
Pero de él solamente referencias
En los labios ajenos.
Escuchabas decir: nos fuimos juntos
Y estuvimos a la orilla del mar,
En las playas risueñas;
Anduvimos después por las colinas
Desde las cuales se avistaba el valle
Y la floresta, allá, a lo lejos;
Saboreamos néctares, manjares,
Y aspiramos aromas deliciosas.

Tú escuchabas decir. Y en tu garganta
Un nudo te asfixiaba. La pregunta:
¿Por qué con ellos es benévolo
Y ante mi pone siempre gran distancia
O de  plano se esconde?

Así rumiaba yo,
Aprisionado
Por una enorme frustración,
Hasta que un día de pleno invierno,
Opaco, gris y nebuloso,
Entres las febles nubes que vagaban
Indiferentes a  los avatares,
De cada infortunado,
Una estrecha hendidura
Dio paso a un tenue rayo
De sol. Indiferente a mi presencia,
El rayo pronunció
Una vaga sentencia:
Los placeres, son la miel de la vida,
Pero el dolor te enseña
Si sabes descifrar significados.

Nada más, eso dijo
Y se volvió a ocultar.

Transcurrieron, después, varios abriles
Y de pronto,  otra vez en invierno,
Apareció el recuerdo
De la vaga sentencia.
Algo dentro del ser entró en ebullición:
Se abofetearon entre sí
Los componentes de los sueños;
Unos gritaban furibundos:
¡Para qué los placeres!
Si tendrán siempre fin.
Otros decían: es muy cierto.
Pero no debe haber solo dolores,
Porque entonces, la vida,
Pierde significado.
Si sabes del placer, si lo conoces,
Tendrás un referente,
Igual que en el dolor.
Así, aún con este a cuestas,
Es necesario, y hasta sano
Perseguir el placer.
Pero, cuidado, previnieron,
No el placer en abstracto,
Y no el placer de un solo rostro:
¿El placer del amor?Está muy bien.
El contemplar paisajes, arreboles
En las puestas de sol,
En los crepúsculos,
Tiene un encanto que reaviva,
La intensión de vivir.
Pero hay otro placer
Para el cual hay que ir
Hasta los límites del cosmos
A como de lugar:
El placer de crear.
¡Ese es el triunfo de la vida!

Y el sol volvió a brillar, tibio, pero jovial.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue.,  27-1-2013

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.