Putrefacción divina
Minuto a Minuto

La ciudad se levanta sobre lápida herida
para perderse en el anonimato de su propia muerte.
Crucigrama contestado de espacios negros
que desciende a eyacular
rostros idénticos al suyo.
Espejo inhóspito.
La ciudad prefiere contemplarse desde dentro.
Y absorta en el ajedrez de sus medias,
se sostiene en cada esquina por el peso de su sombra.
Zoológico de culpas que aprisiona una jaula paranoica;
Cadalso que se ahorca y  suspende
toda perspectiva en su rutina:
la multitud se corroe en el día.
Flama abierta a la pobreza para continuar las horas.
Girando en la decencia,
el fondo abierto trastorna la mazmorra:
el naufragio de Dios es lo evidente en la somnolencia de una alarma
y donde la cara de un muro impide el ósculo del fuego.

II
La ciudad engrana menopausias en los frutos del asfalto.
Y en cada esquina la sombra es menos frágil que el futuro,
es el progreso que avanza hacia su propia muerte.
¡Harpía parapetada en el sí mismo
entre la indiferencia y el vestido!
La ciudad se obsesiona por creer que todo marcha bien
cosechando uñas gastadas que la arrastran
y cubre espantada los anuncios evidentes de lento genocidio.
Es inútil. En el interior de su vientre
cada quien se mata a su manera
desde que venimos a nacer entre callejas
y escombros extraviados del progreso:
cada biografía sólo pretende el suicidio de su sombra
desgranando la otredad perdida.
Eco prisionero del pasado, imán de culpas.
Los años mueren en el sudor del sueño.
Ajedrez inútil. Copulación perdida.

III
Espejo escéptico:
La ciudad espera el tiempo entre la gente que desanda la avenida
y con el cordón umbilical flagela el vértigo de su ausencia.
Puta con inhibición de ombligo
que se cierra con ofertas y remates de sí misma
y con su fruto ya pudre el árbol que la sostiene  en la mentira.

IV
Ícaro del progreso:
Ahoga el sitio que la detiene en el laberinto,
aumentando las salidas falsas de su propia búsqueda,
asfixiando la lectura de llagas que supura su memoria abierta.
Cita fragmentada en las postales donde nunca muestra
los escombros de su propia defecación
y cambiando de página a diario olvida los frutos del arrabal.

V
Falacias geométricas del desencanto,
fagocito del sitio que la soporta.
Calle tirada a la basura donde la noche
fermenta sus propias heces .

VI
Con la noche  en las esquinas,
estas calles sin rumbo
escurren sus gárgolas sobre una pierna
y en el quicio sus sirenas cantan rojos
desde el fango de sus rasgadas vestiduras…
La hora del sexo, la calle vacía
y yo vagabundo masturbando esquinas,
acariciando el pubis deshecho de las calles nocturnas.
La ciudad quedo dormida de no pasar más que silencio.
Es inútil. No tiene ya orgasmos la ciudad vacía.

Vll
Condenada a perderse en sus propias contradicciones
es una loca harta de sí misma en las calles del inconsciente.
En los escombros húmedos del sueño rompe cimientos
al bañarse en las luces de su inmundicia:
Dios se pudre en su creación pues en asfalto
nunca germinarán los girasoles.