Tentación (Poema)
Minuto a Minuto

 

13 de junio de 2020

 

Con la entrepierna mojada, así quiero estar mientras te tengo abrazándome; así, con una paz gloriosa como la que tienen los hombres después de fornicar. Fornicar, ¡claro! acaso fue hacer el amor mientras me cogías los pechos como un niño hambriento. O fue hacer el amor mientras me apretabas con tanta fuerza las nalgas, que me dejaste los dedos marcados en ellas. Y arrebatabas mi ropa para arrancarla como si fuese envoltura de un regalo nuevo que urgiera abrirlo para hacerlo tuyo, y poseerlo como sabedor de lo que de antemano te pertenece. Con desesperación y anhelo de querer descubrir algo nuevo.

Fornicar, ¡claro! No podría usar otra palabra. Si en tus ojos estaba la tempestad del mar en marea alta, y tu corazón parecía una manada de caballos salvajes corriendo intempestivos en campo abierto. No te importó desacomodar mi pelo, y jalarlo como quien jala en un carruaje y tratarme como un caballo de tiro. Hacer el amor ¡ja! ¡Fornicar! Si hasta se te olvidaron los modales. Pero si segundos antes me preguntabas ¿cómo gustas tu café? ¿Así está bien de azúcar?

…Yo quisiera no regresar y ponerme digna, sí, hasta que me trates como una reina, y entre abrazos y besos me colmes de caricias y me digas te amo eres la única. ¡Y hacer el amor!

Entonces me acuerdo de todas esas cosas de las que yo no me quiero acordar, pero mi cuerpo tiene excelente memoria… Y estando ahí aún tu esencia; en mi entrepierna húmeda. Quiero regresar y me cojas y me forniques… Y terminar abrazados así con tu rostro cerca del mío, observarte mientras duermes como el que nunca ha pecado… ¡Con esa paz gloriosa que tienen los hombres luego de fornicar!

 

Gina García