Tu sonrisa
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Tu sonrisa


Jesús:
Un día mi madre me llevó  a tu casa. ¡Me quedé  asombrado cuando vi las torres! Aquella campana llamando a rosario y en fila la gente se acercaba a ti.

Allá en el fondo del largo pasillo, entre las arcadas, la bóveda oscura con cirios de cera en mortecina luz y allí estabas tú, clavado en la cruz.


Cuando vi tu rostro ¡qué gran impresión!
¡Vi cuanto dolor y yo  lo sentí! La herida en tu pecho. Clavos taladrando tus manos, tus pies.


Tu frente perlada por gotas de sangre que afiladas púas hirieron tu piel.
Pero más se grabó en mi mente mirarte indefenso, envuelto tan sólo por la soledad.


Y así otra vez te vi en una estampa de altar de mi abuela, entre los olivos en noche de luna hablándole a Dios.


Luego en un calendario encontré tu rostro, ¡la misma expresión! En ese momento mi párvula mente como una autodefensa te miré diferente. ¡Mi Jesús reía!...y ¿por qué no?, tal vez algunas veces a grandes carcajadas, mostrando a sus hermanos  la gran felicidad al estar cerca de ellos…¡amándolos! Como tan sólo él nos ha sabido amar.


Jesús: ahora que me miras conozco tu sonrisa. Es igual como ascua, con destellos de amor. Y oigo tus grandes carcajadas nacidas del venero divino de tu vida…¡para entregarnos vida!, la que gustoso diste por esta humanidad que a diario te flagela y borra la sonrisa de rostro otra vez…

 

Felipe Matías Velasco

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