
4 de febrero de 2017
Déjame quererlo amor, dejamé contarte
de este amor desbordado que brotó de repente...
me enamoré una tarde... No. fueron muchas tardes,
también varias mañanas y noches estrelladas.
El vuelo de las garzas me guio hasta su encuentro,
unas veces pasaba, triste, silencioso
otras veces radiante, con su piel sonrosada.
Lo miré frente al fuego, danzábamos muy juntos
hasta llegar el sueño.
También lo vi furioso, arrasándolo todo, pero a mí, amor y
a los míos, el no nos hizo nada.
Le hice un altar con flores y cruz de caña dulce,
quemé ramo bendito y nació la plegaria.
Un día, vi que lloraba... traía entre sus brazos
la cara de la muerte, un mandato Divino me hizo
acompañarlo, nacieron los poemas, epístolas eternas, y
fui sellando el paso, de aquellos pobrecitos que él,
cargaba con frio.
Me hizo, un manto de tarullas, encendimos un
cirio... desde ese momento, amor me convertí en la novia,
del Cauca de mi río.
Imagen: mariposasenelparque.blogspot.mx
Margarita Rosa Patiño Arbeláez. Santiago de Cali, Colombia. Del Poemario Llorare un río. Mujeres poetas en la Cuenca del Papaloapan.








