ÉTICA Y COMPETITIVIDAD
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Hay quienes piensan que la educación es cara, pero la ignorancia es todavía más cara. El denominador común de todas las sociedades que han logrado avanzar comienza con sistemas educativos orientados al desarrollo humano. Sólo hay que ver a Japón para comprender este concepto.

ÉTICA Y COMPETITIVIDAD EN LA

EDUCACIÓN SUPERIOR

 

Por: 

Raúl García Tlapaya[1] y

 

 

Óscar Miguel Puig Hernández[2]

 

 

 

 Introducción 

Cuando se habla de competitividad, lo primero que nos viene a la mente son robots, rayos láser, computadoras entre otros. Muchas veces confundimos competitividad con productividad y por eso la identificamos con el lado “duro” de la producción industrial; sin embargo, la competitividad es mucho más que eso y tiene sus orígenes en los aspectos “blandos” ligados a los individuos, a las empresas y a los mismos países.

              El único camino que puede seguir un país para lograr alcanzar su verdadero desarrollo es la competitividad. Los países no son competitivos por sí mismos, sino que dependen de la competitividad de sus habitantes y de las instituciones que ellos forman. Las verdaderas ventajas competitivas sostenibles en el tiempo se construyen basadas en educación: buena educación, mucha educación, educación permanente y siempre más y mejor educación.

               Desde la mitad del siglo XX, con los primeros inicios de lo que hoy conocemos como la tercera revolución industrial con  la aparición de la robótica, la electrónica, la informática y las telecomunicaciones, el “cuadro mágico” como lo llama Benjamín Coriat, la educación superior tuvo ante sí un creciente fenómeno relacionado directamente con uno de sus fines: la formación de la competitividad. Hoy día no sólo se ha convertido en una necesidad el tomar en cuenta la naturaleza de este fenómenos, sino que dado los períodos cada vez más cortos en que se están produciendo los cambios en la esfera del trabajo, por los resultados que el desarrollo científico y la evolución tecnológica que esto conlleva, la educación superior tiene un desafío enorme, sobre todo por los modos tradicionales y conservadores como se lleva a cabo.

Todo comienza con la educación.

              “Nadie nació aprendido” dice un refrán popular. Durante la historia de los pueblos han existido diferentes ventajas competitivas a través del tiempo. Hace siglos la principal fuente de competitividad fue la posesión de tierras y otros recursos naturales. Luego fue la mano de obra barata y más tarde fueron las máquinas y el dinero.  En este siglo XXI la educación se ha convertido en la principal ventaja competitiva de las naciones.  El capital humano está desplazando al capital físico y al capital financiero como verdadero generador de riqueza en el futuro.

             Hay quienes piensan que la educación es cara, pero la ignorancia es todavía más cara. El denominador común de todas las sociedades que han logrado avanzar comienza con sistemas educativos orientados al desarrollo humano. Sólo hay que ver a Japón para comprender este concepto.

             Japón es un país muy pequeño, no hay petróleo, hierro, plata, azúcar, café, cacao… lo único que hay son montañas, terremotos… y una población altamente preparada. La riqueza y la ventaja competitiva de Japón radican en su población.

              Por otra parte, Jerome Rifkin, en su obra publicada a mediados de los noventa, desarrolla la tesis de los cambios que se están produciendo en el mundo del trabajo, a partir de la ampliación de la base  tecnológica de los empleos.   Ello está provocando que una franja social importante domine no sólo conocimientos actualizados sino, además, un conjunto de cualidades actitudinales que le permitan responder con aptitud a las exigencias que el desarrollo del propio conocimiento trae consigo. En los países desarrollados, particularmente en USA (que son referente de Rifkin), esta problemática se agudiza más con la presencia de elementos de la tercera revolución industrial como computadoras y software que sustituyen cada vez más empleados.  Ello no sólo está impactando a la estructura y a las capacidades requeridas por el empleo sino, además, reduciendo el número de trabajadores con empleo seguro.  Inevitablemente se está viviendo un proceso de reestructuración que, si bien es un fenómeno de los países desarrollados, las relaciones que trae consecuentemente la globalización en todos los órdenes y, por el tema que aquí se aborda, particularmente en el mundo del trabajo de los países con economías subordinadas como lo es México, también tendrán este impacto, aunque con grados y modalidades propias de las regiones. El mismo Rifkin afirma que:

              Las empresas han iniciado rápidos procesos de reestructuración de sus organizaciones para adaptarlas al uso de ordenadores. En el proceso, se eliminan puestos tradicionales de dirección, se concentran categorías laborales, creando equipos multidisciplinarios de trabajo, se instruye a los empleados en distintas habilidades, acortando y simplificando los procesos de producción y de distribución, y perfeccionando los procesos administrativos.

              Los cambios que se están produciendo en el mundo del trabajo están disminuyendo la importancia de los trabajos rutinarios y de acciones estandarizadas, para dar paso al uso de habilidades intelectuales y de aptitudes profesionales que se ponen en uso en circunstancias tales que, las veloces vías de obtener información relevante y, por lo tanto, el desarrollo de prácticas de desempeño oportuno con posibilidades de crear conocimientos locales, a partir del acceso a saberes significativos que en diversas partes del mundo han sido creados, los únicos que pueden salir airosos en esta transición son aquellos que, apercibidos de esta realidad tienen en mente el cuadrado mágico que Coriat ha mencionado.

              El escenario al cual tienen que inscribirse quienes egresan de las instituciones de Educación Superior (IES), es altamente flexible y rápidamente cambiante, si estamos atentos al impacto que  los nuevos saberes y las diversas interpretaciones que los saberes ya existentes provocan en las problemáticas locales y regionales. Se trata del valor cada vez mayor del conocimiento en la sociedad contemporánea, pues tal como lo ha señalado Axel Didriksson, son las manifestaciones y, por tanto, las exigencias de la sociedad del conocimiento que requieren ser tomadas en cuenta por las instituciones de educación superior. No es que anteriormente el conocimiento no haya tenido valor; sino que son las características que hoy está asumiendo, las condiciones en las que se está produciendo y, sobre todo, la rica relación en la que esto se lleva a cabo transformando el sentido del tiempo, del espacio y el involucramiento de mayores actores en su circulación y producción.

              El sesgo técnico que la educación superior está tomando en algunos discursos de organismos internacionales influyentes en las políticas educativas, se traduce en políticas gubernamentales. Los criterios de evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el sentido de establecer parámetros de evaluación externos a las instituciones educación superior, desestimando la evaluación del trabajo académico llevado a cabo por los propios académicos; así mismo, los ejes de política educativa para este nivel establecidos por el Banco Mundial, al indicar que la eficacia y eficiencia en la enseñanza superior son su principal referente  para su evaluación y, por lo tanto, la base para su reorientación se localiza en la participación de fuerzas exógenas de las IEA para ejercer control de matrícula, desempeño de los profesores y el control de los conocimientos y habilidades profesionales que hoy exige el mundo moderno.

              Lo anterior nos remite al concepto que se ha venido imponiendo en las orientaciones oficiales para las IES en México. El Programa para el Mejoramiento del Profesorado (PROMEP), el Fondo para la Modernización de la Educación Superior (FOMES), (en ambos programas los tecnológicos descentralizados no tenemos acceso, como si no fuéramos educación superior) y los programas de estímulos al desempeño docente están inspirados en esa política; estos programas se han convertido en el eje principal de desarrollo de las IES, subordinando reformas curriculares, oferta educativa y política laboral a los parámetros establecidos en tales programas federales.

              El cuestionamiento se localiza no en los citados programas por sí mismos, sino porque son dados como factores exógenos condicionantes para apoyar el desarrollo de las instituciones, cuando las IES pueden lograr convertirse en competitivas en tanto creadores de procesos endógenos generados por los actores universitarios y, relacionando éstos, a las problemáticas regionales no después de la formación profesional, sino durante la construcción de aprendizajes y habilidades en el desarrollo curricular de cada carrera.

              La base ética para lograr la competitividad en la formación está imprescindiblemente ligada al aprovechamiento de iniciativas de política académica y al uso de saberes de las distintas disciplinas académico-profesionales, siempre y cuando en el centro de los procesos formativos las decisiones, diseño de políticas y prácticas educativas sean un producto endógeno. La naturaleza endógena de las principales orientaciones académicas es lo que reúne dos grandes requerimientos de la educación superior en la vida moderna: eticidad y competitividad.

              La flexibilidad y versatilidad como características del conocimiento que la realidad social y económica ahora demandan, están en correspondencia con un mayor acento en las convicciones y acciones de los actores universitarios, paradójicamente con más importancia que el conocimiento producido, por más actualizado que éste sea. Precisamente porque los periódicos de validez del saber constituido y la aparición de múltiples interpretaciones del que a existe, son cada vez más cortos dada la multiplicación de vías humanas y técnicas para crear nuevos conocimientos, es por ello que cobran relevancia los modos pedagógicos por medio de los cuales se relacionan académicos y estudiantes para hacer circular y producir los nuevos hallazgos e interpretaciones en las distintas disciplinas y campos profesionales.

              Contrariamente a lo que pudiera pensarse, en la denominada sociedad del conocimiento, la racionalidad técnica está subordinada a una relación ética entre los actores de las IES, es decir, basada en el intercambio de saberes y experiencias, en la búsqueda conjunta no sólo del saber constituido actualizado, sino convirtiéndose en actores colegiados constituyentes del nuevo conocimiento, como estrategia formativa apropiada para enfrentar los cambios que se están produciendo en cada campo temático.

              En el estudio de Clemente Ruíz acerca del debate que se lleva a cabo respecto a la vinculación de la educación superior y el desarrollo económico, establece que en su concepto la sociedad del conocimiento se destaca por:   “La necesidad de integrar, encadenar y vincular a las instituciones al mismo proceso de aprendizaje con otras instituciones y sectores sociales. Así el proceso de aprendizaje y autoaprendizaje no sólo requiere de un alto grado de dinamismo con respecto al contenido del mismo, sino también entre instituciones y clases sociales que participen. El proceso de aprendizaje y autoaprendizaje es significativo y complejo, ya que requiere de constantes modificaciones y consensos ante cambios domésticos e internacionales, por lo cual no es posible establecer una definición estática del mismo”

                         De acuerdo con eso las IES, particularmente las del sector público, sobre todo la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros (UTIM) y el Instituto Tecnológico Superior de Atlixco (ITSA) que mantenemos un discurso acrítico ante las orientaciones del gobierno federal, contribuyen a constituir un escenario adverso a lograr aprendizajes y actitudes flexibles, versátiles, competitivos y socialmente útiles, sobre todo con habilidades intelectuales apropiadamente en la sociedad del conocimiento.

              En contrasentido se promueven ámbitos de control y medición alejados de los requeridos en la nueva fase que la educación superior ha de entrar. La búsqueda de la medición entre intereses auténticos de las IEA con miras a desarrollar políticas y capacidades endógenas, y los que representan los programas oficiales, en la construcción de tal medición, generalmente se genera una eticidad cuestionada que, por la relación que guardan estas acciones con los procesos formativos, tienen su impacto en los aprendizajes.

              Si los profesores de las IES tienen como objeto principal de trabajo el conocimiento, es inevitable que todo estudio riguroso acerca de lo que están haciendo y, sobre todo, de lo que deben hacer al asumir la tarea de la formación superior, tome en cuenta las problemáticas teóricas, técnicas y prácticas en la cual se ve envuelta la enseñanza, si efectivamente el propósito es la buena calidad e la educación superior.

              Ahora bien, si las capacidades endógenas, las relaciones éticas y la formación competitiva están en el centro de los desafíos de la educación superior contemporánea, entonces: ¿cómo incorporar estas referencias del mundo moderno al trabajo formativo de alto nivel en las IES sin darle un sesgo meramente técnico a la educación superior?¿cómo lograr que la tradición humanista de las IES no frene la formación competitiva?¿qué relación guarda esta problemática con la inculcación de valores sociales y ético profesionales durante los procesos de aprendizaje que al seno de las IES se llevan a cabo?  Estas interrogantes son útiles para conocer el sentido y los énfasis de la educación superior y, como consecuencia, hacer prospectiva respecto del destino del trabajo que ahora realizan los profesores.

Ética y competitividad

El valor que el conocimiento está adquiriendo en toda estrategia de desarrollo social ha elevado el papel de la enseñanza. En  el arranque de este nuevo siglo, las IES están dejando de ser importantes tan sólo por considerarse nichos privilegiados donde se transmite el saber y se cultiva la erudición académico-disciplinaria, vieja tradición enciclopédica que empezó a ser cuestionada desde el siglo XIX a través del proyecto innovador alemán de Humboltd; así pues, las IES se convierten en importantes sólo en la medida que incorporan en su vida cotidiana al formar profesionales a los ritmos, las claves y fuentes relevantes en la construcción del conocimiento, así como la fusión de éste con las problemáticas de sus regiones y naciones.

              El tipo de intervención educativa que llamaremos modo 1, basada en la eficacia de la transmisión del saber, tal como lo contemplan los exámenes de CENEVAL, tiene dos cuestionamientos por más actualizado que sea el propio saber que se transmite: primero, la actitud receptiva que se fomenta, riñe con los cambios que se están produciendo en los conocimientos, cuando el mundo del trabajo demanda versatilidad, capacidad de invención de soluciones, trabajo de equipo, disposición al cambio; y segundo, se impone un discurso escolar sin la indagación de los alumnos, disminuyendo la posibilidad de comunicación y se fomenta la actitud a la dependencia limitando el desarrollo de la tolerancia, al quedar ausente la inculcación de escuchar al otro, no obstante su situación inferior en la jerarquía institucional.

              El referente conceptual para construir la crítica la denominaremos modo 2. Tiene en el centro el valor de la comunicación como eje axiológico para construir una relación ética entre el docente y los alumnos. En las ponderaciones teóricas y éticas que Haberlas hace al respecto dice que:

              Los problemas de la eticidad… sólo pueden surgir en el contexto de la comunicación entre actores y de una intersubjetividad que sólo se forma sobre la base siempre amenazada del reconocimiento recíproco.

              De lo anterior se puede colegir que los discursos institucionales, y el propio discurso del profesor en su tarea docente, que buscan construir una relación ética, lo logran sólo en el caso de persuadir al otro en un interjuego de culturas y de argumentos, buscando el entendimiento de los actores participantes, tolerando la disidencia ante el discurso oficial (sea el de autoridades extrauniversitarias, de la institución o del propio profesor). Esta es, a juicio de Habermas, la ruta congnoscente ética hacia el desarrollo de la razón, de la comprensión de la problemática existente o de la construida deliberadamente en la relación social.

              Sin el desdén a la transmisión de conocimientos constituidos, adquiere mayor importancia el conocimiento constituyente por los actores en el proceso de formación. En suma, el tipo 2 otorga más valor al aprendizaje que a la enseñanza de los contenidos del programa escolar. El epicentro de la formación superior es el desarrollo personal que se logra durante la crítica, el entendimiento, la reconstrucción y el uso en problemáticas cotidianas, dando como resultado aprendizajes no sólo en el plano tecno-cognitivo, sino en el plano actitudinal. Esto último es fundamental dada la flexibilidad, versatilidad, disposición al cambio y tolerancia de las convicciones ajenas que exige hoy el mundo económico, social y político.

              En el estudio que expertos de la UNESCO elaboraron en 1996, “La educación encierra un tesoro”, concluyen que la educación superior hacia el siglo XXI tiene la necesidad de tomar un nuevo rumbo. El desarrollo de la ciencia y la tecnología, el ordenamiento económico mundial, las problemáticas sociopolíticas y la puesta en relieve de la multicultura aún en círculos reducidos, como es la vida áulica-escolar, requiere de escenarios donde el conocimiento base de la competitividad, entendida ésta como la de ser los mejores no sólo en el mundo del trabajo económicamente productivo, tiene que circular, recrearse y crearse en ámbitos donde los valores pedagógicos adquieren alto contenido formativo. En este informe de la UNESCO, coordinado por Jacques Delors, dice que:

              Cada vez con más frecuencia, los empleadores ya no exigen una calificación determinada, que consideran demasiado unida todavía a la idea de pericia material, y piden, en cambio, un conjunto de competencias específicas a cada persona que combina la calificación propiamente dicha, adquirida mediante la formación técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud para trabajar en equipo, la capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos… Entre esas cualidades, cobra cada vez mayor importancia la capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, de afrontar y solucionar conflictos.

Conclusiones  

Tomando en cuenta todo lo anterior y apoyándonos en la posición del Banco Mundial y la de expertos como Trout y Rivking, sobre la materia, podemos sugerir que una sociedad estará más orientada al conocimiento en la medida en que los gobiernos inviertan más y mejor en las IES y éstas puedan como política:  

1)        Tener docentes competitivos y preparar recursos humanos de alto nivel en consecuencia serán competitivos.  

2)        Invertir en investigación y desarrollo. (Para ello se requiere de un sistema de inversión equitativo).  

3)        Demostrar producción científica. (Generando proyectos acordes a las regiones).  

4)        Demostrar investigación tecnológica. (Apoyando a las instituciones tecnológicas).  

5)        Invertir en tecnologías de la información y telecomunicaciones. (No depender de decisiones que obstaculizan el desarrollo de las IES).

         Evidentemente pueden existir más indicadores, sin embargo éstos ofrecen un esquema amplio de comparaciones y son relativamente fáciles de medir.

         La ironía de la época actual está en que, según lo que apunta a los estudios del tema, a pesar de que hoy, como nunca antes, se genera y está disponible más información, leemos menos y pensamos menos.

         La competitividad, es una estrategia de supervivencia para el mediano y el largo plazo, y lo podemos fundamentar, con base a lo descrito con anterioridad, en diez principios y condiciones, que proponemos como política al interior de las IES:  

1.                          Definir en forma clara la filosofía de la institución; visión, misión y valores acordes con una planeación estratégica trascendente.  

2.                          Poseer espíritu innovador y manejo del cambio (Heráclito dijo, lo único permanente es el cambio).  

3.                          Fortalecer internamente a las instituciones y trabajar en equipo (Para ganar-ganar, se nos olvida casi siempre nuestro propio personal, para ello propongo que se integre una estrategia de recompensa al persona que logre la retención del mismo).  

4.                          Conocimiento del entorno, del mercado y de las necesidades de los clientes.  

5.                          Calidad (acreditación de programas académicos y certificación de procesos), servicio (atención y respuestas rápidas) y valor agregado.  

6.                          Nuevos compromisos y exigencias con indicadores de clase mundial y enfoque a las instituciones.  

7.                          Promoción del capital intelectual y emocional de las instituciones (Educación permanente y formación de líderes).  

8.                          Conocimiento y valoración de los signos vitales de la institución.  

9.                          Proceso de mejora continua.  

10.                       Sabiduría directiva.

        Con estos diez principios el punto es sencillo, ¿Qué queremos?: Distinguirnos o extinguirnos. 

               No pretendemos descubrir el hilo negro, pero sí sintetizar y esclarecer un poco más el concepto de competitividad para desterrar; la idea incorrecta e insana de que la competitividad consiste en una lucha feroz entre instituciones en las que el modelo no es, ni con mucho, el de ganar-ganar. Lo diremos una vez más, la competitividad es una manera de actuar; pensar y hacer; dentro de una cultura organizacional, en la que la visión, la misión y los valores institucionales, estén orientados hacia el bien común.

             La imagen de México proyectada para el 2020 no resulta nada agradable si nos medimos relativamente con nuestros principales socios y competidores. No podemos dejar de compararnos porque somos una economía abierta, internacionalizada y globalizada, y en este sentido, querámoslo o no, tenemos que competir y ser competitivos para crecer y mejorar nuestro nivel de vida.

         En un mundo tan cambiante como el actual, la educación se hace aún más importante. Una persona que no se actualice deja de ser “educada” en poco tiempo.  La “aceleración” de la historia hace imprescindible la continua renovación del conocimiento humano, para ello consideramos importante el prepararse en la educación permanente.  Como dijo el prócer cubano José Martí “la educación comienza con la vida y no acaba sino con la muerte”. Esa misma afirmación es más valida hoy bajo las rápidas transformaciones  económicas, políticas y sociales de un mundo que cambia a pasos agigantados.

        Es por eso que la educación no debe ser tan sólo una prioridad nacional. ¡Ella debe ser la verdadera obsesión nacional!  

Referencias  

·          Andere M. Eduardo. La Educación en México: un fracaso monumental. Planeta. 2003. México.

·          Coriat Benjamín. El taller y el robot. Siglo XXI. 1996. México.

·          Delors Jacques. La educación encierra un tesoro. Santillana-UNESCO. 1996. España.

·          Habermes J. Ciencia y técnica como ideología. Tecnos. 1986. Madrid.

·          Porter E. Michel. Ventaja Competitiva. CECSA. 2001. México.

·          Porter E. Michel. Estrategia Competitiva. CECSA. 2002. México.

·          Van Der Heijden, Kees. Escenarios. Panorama. 2000. México.  


[1] Raúl García Tlapaya ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es Director General del Instituto Tecnológico Superior de Libres y candidato a Doctor en Educación Permanente por el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE), Sabersinfin.com le agradece su anuencia para publicar el presente ensayo.

[2] Oscar Miguel Puig Hernández es Rector de la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros, Sabersinfin.com le agradece su anuencia para publicar el presente ensayo.

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