Mito de la creación de los anangu
Minuto a Minuto

 

 


Pueblo originario australiano
Los anangu creen ser los herederos de una misión:
la de custodiar el sagrado macizo de Uluru y todo el pasado ancestral
que perdura en su presencia monumental y en las paredes milenarias de sus cuevas.
Y los anangu también protegen su propia memoria mítica
que danza en derredor del Tjukurpa, la época de los sueños,
de los comienzos, de la creación, de los seres ancestrales.


Hace mucho, en el Tiempo de los Sueños, en la época Tjukurpa, sólo había una existencia sobre la faz de la tierra. Una existencia inmóvil, vida representada por una masa embrionaria gigantesca, transparente, hecha de una amalgama de seres inacabados, replegados sobre sí mismos. Y estos proyectos de seres pertenecían cada uno a una especie animal o vegetal.

 

Grabado, impreso en una materia primigenia se encontraba todo el devenir de la Humanidad. Todo el pasado, el presente y el futuro del mundo se hallaban allí latente. "Aquel que salió de la nada y existe por sí mismo", el llamado Ser Supremo, modificó esa masa. Esculpió con esa masa un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. En una de las caras de la cabeza, practicó dos orificios para los ojos; formó la nariz. Hizo una hendidura para la boca y un agujero para el ano. Así fue como los entes inacabados fueron transformados en seres capaces de sostenerse en pie.
El Tjukurpa habla en términos de pasado y de presente. Toda la tierra, incluyendo todo lo que hay y todo lo que vive sobre ella, fue creada durante el Tjukurpa y por el Tjukurpa. Ninguna montaña, valle, llanura, corriente de agua, existía anterior al Tjukurpa; nada había. Durante aquel tiempo, seres ancestrales en forma de humanos,animales y plantas viajaron a lo largo y ancho de la tierra y perpetraron hechos remarcables de creación y destrucción. Los viajes de aquellos seres son recordados y celebrados hoy, donde quiera que fueran. La memoria de sus actividades existe hoy día en la forma de accidentes geográficos como en la montaña sagrada de Uluru.
Así cada hombre y cada mujer quedaron ligados a la especie animal o vegetal de la que habían salido; y ese animal o vegetal se convirtió en su Tjukurpa. Así pues, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plan-tas y de los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua, el Ser Supremo, la Energía vital sagrada, difundió su esencia divina, haciendo entrar en una sola, pero inmensa familia, a todas las formas de la Vida. Pero, por desgracia, retenido por el cosmos, no dispuso de tiempo suficiente para concluir su obra y los seres humanos nacieron imperfectos. Enriquecidos por el Conocimiento primordial del que habían surgido, inspirados por la esencia divina de la que estaban impregnados, los Gran-des Antepasados, criaturas gigantescas, ni seres humanos ni animales, se pusieron a crear el mundo tal y como es ahora. En la inmensa llanura inacabable que era la tierra, crearon los ríos, las colinas y todos los accidentes del terreno. Promulgaron las leyes destinadas a vincular a todos los seres humanos entre sí por medio de parentescos sumamente complicados, parentescos que se imbrican los unos en los otros, naciendo aquí para reanudarse allá, arrastrando a todos los miembros de un pueblo en un verdadero torbellino de obligaciones de ayuda mutua, encadenando los unos a los otros desde el nacimiento hasta la muerte. Asimismo, proveyeron de vínculos parecidos a los diferentes pueblos. Así, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telaraña cuyos hilos nos guían y protegen desde entonces. Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sueños, cuando aparecieron los seres humanos en su forma actual, les dijeron: "Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí ustedes vivirán y lo conser-varán tal como se los entregamos. No lo dejarán nunca, pues ustedes son sus Guardianes. Ustedes son los Guardianes de nuestra Creación.

 

Publicado en Ediciones COMOARTES, Gaviotas de Azogue 31, Febrero de 2008; y en Los Libros de las Gaviotas V, Segunda Temporada de Gaviotas de Azogue 26/50, Madrid, España, 2009.

 

 

 


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