Hasta muerto los alimentó
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

Manuel decía que los perros lo seguían porque le olían el hambre.

Algo en ellos  los hacía parecerse, la manera de caminar,   tallando el cuerpo sobre el muro.  Sus nueve perros se reparten formados en media luna para protegerle la espalda y la guitarra que le cuelga.  

En los días en que el hambre lo somete,  no le importa que los perros coman  las inmundicias de las inmundicias, entonces arrastra las  piernas  hasta la banca pública para rasgar las cuerdas de su guitarra, se recuesta  con la firme intención de recordar la belleza,  sin percatarse del sabor amargo y salado que recoge su lengua al saborear los sueños donde entre dos pechos, adormecido se perdía.

Los perros lo mantienen alerta, se enrosca como ellos sin liberar el cuerpo,  como si a cada minuto las sombras funestas se acercaran para robarle el  aliento; tras su oreja se esconde una voz semejante a la suya, una voz en tono sarcástico que  alarga las frases y las hunde en el túnel de las palabras, y como un juez le recuerda los crímenes cometidos en nombre del amor, cuando atrapado en su naturaleza violenta y opresora fue incapaz de cambiar.

_ No soy yo, fuiste tú el que te  condenaste, diste la vida entera, no ahorraste nada_

_ ¿Dónde están tus hijos?_


_ Se acabó el dinero, sólo te quedó la ausencia_


Hacía tiempo que Manuel sentía que el costal del desperdicio le pesaba como si la gente en ves de tirar sus miserias, le diera por burlarse de él, dejando sólo engaños que se convierten en enormes piedras y someten  aún más su enferma vida.


Cada día tras el muro del silencio y el olvido encuentra el saludo bromista de los compañeros del barrio:


_ Compa, ¿ ya te vas pa´la chamba?_

_Toma; ayer tuve suerte, encontré estas cajas de pastillas_

_Ojala te sirvan_

_ ya la pierna  te revienta dentro del pantalón_

Los perros responden en coro, sus ladridos cantan una letra de auxilio y dolor.

Manuel abre la palma automáticamente, por instantes y antes de sostener la caja deja ver en ella las líneas que han dibujado la suciedad.

Esta noche los latidos del alma le marcan un lento viaje, hoy la angustia se planta frente a él.

_  Los perros tienen hambre_

¡ échense  a dormir!

Los sueños contienen todo lo que la carne quiere

El barrio duerme, y en sus siguientes veinte días nadie pregunta por  Manuel.
La gente pasa frente a su cuarto  y un olor fétido los hace alejarse,  saben detectar la descomposición de todo, poco a poco se van acercando, con el miedo oculto; alguien se atreve a tirar de una patada las tablas que lo encierran.

Manuel está tirado, es él porque tiene el traje que lo vistió durante largo tiempo; la guitarra la lleva en la espalda, pero….


¡ no tiene rostro, ni pecho, ni brazos!


La gente tiembla y susurra:


Hasta muerto los alimentó….

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