Mi primer beso (Cuento)
Minuto a Minuto

13 de febrero 2021



Eso de ser una chica tímida en la adolescencia es terrible. Hacia esfuerzos por ser “normal” y no se me daba. Salí de la secundaria y nada de novio aún. Tenía que apresurarme porque de lo contrario pensarían de mí que era de otro bando y eso era el acabose.

Hoy es mi primer día de clases en el bachillerato y no conozco a nadie. Dos muchachos me observan y se secretean entre ellos. Los veo con desconfianza. En eso, siento que alguien pone su mano sobre mi hombro y me sobresalto. Es Jorge que me mira suave y me dice hemos ido a la escuela desde la primaria y ahora coincidimos aquí. Ya es tiempo que nos hablemos, deja que seamos amigos. Le digo que sí. Aprovecho para pedirle ayuda. –claro que sí ¿qué favor quieres?
─Mi mama me inscribió aquí en la escuela y sólo me explico cómo llegar. ¿Me puedes indicar cómo regresarme a casa?
─Claro que sí. Mejor te esperare o tú me esperas y te llevo hasta el carro de pasaje.
─Si gracias. No te vayas a ir y me dejes porque nunca he venido a Córdoba sola.

A la salida amablemente me acompaño, pero extrañamente el rumbo se me hizo demasiado largo, cada rato me preguntaba si quería un refresco o un helado. Negaba y le decía que sólo ansiaba llegar a mi casa.
Subimos al carro y se sentó junto a mí, él muy animado me platicaba sobre la época de la primaria. Trataba de ocultar mi nerviosismo y solo contestaba palabras cortas.

Al día siguiente me di cuenta que aparte de Jorge había más conocidas: Santa, Paty y Dalila; me sentí feliz. Tendía a estar más tiempo con las chicas y Jorge se daba cuenta de eso, pero muy paciente se me acercaba con palabras suaves. Me gustaba que Jorge se me acercara como el viento fresco, sin asustarme ni alterarme. Siempre parecía atento a mis gestos.

Dalila era coqueta con Jorge, pero él parecía ignorarla. Entonces Dalila me susurraba sus características; alto, moreno, fuerte, guapo, su rostro tiene facciones bonitas y solo sus cejas corridas le imprimen fuerza.
─Es un moreno de fuego, ya me lo imagino ¡Qué ricura! ¿Qué no te gusta?
–No
─No me digas que te gustan los güeros desabridos. Tú eres güera, necesitas un moreno de fuego para que sepas lo que es bueno.
–Estás loca. Deja de decir tonterías.

Ese día había llegado mi prima Consuelo de México y pidió ir conmigo a mi escuela.
─¿Para qué quieres ir? Te vas a aburrir, no puedes entrar a las clases y me esperaras en el pasillo.
─Sé divertirme a mi manera. No hay ningún problema con que te espere fuera de tu salón.

Mi prima me acompañó a la escuela y mientras estaba en clases, ella deambulaba por los pasillos haciendo amigos. A la salida ya llevaba un pretendiente que no se le despego todo el trayecto hasta el carro de pasaje. Subimos y nos fuimos hasta el final del carro, de pie porque ya tenía ocupados los asientos. Mi amiga Santa observo el flirteo de mi prima con el muchacho y me dijo: hay que hacer que estos dos cabrones se liguen.

─Mi prima regresara en una semana a su casa, dudo que le haga caso a Rafael.
─Pues me canso que se ligan, hoy mismo. Hay que empujarlos cada que frene el carro. Nosotras empujamos a mi prima con Rafael, exagerábamos que, cuando frenaba el carro nos ladeábamos sobre mi prima y entre risas y apretones trascurrió el trayecto.
Antes de bajar, Santa, se fue a secretear con Jorge y él se acercó conmigo y me susurro: ─sígueme la corriente, somos amigos, confía en mí. Vamos a fingir delante de tu prima que andamos y así se anime con Rafael.
─De acuerdo, pero ¿qué es lo que fingiremos?
─Todo, tienen que pensar que de verdad somos novios. Santa se encargara de lo demás.
─Bien ¿y cuál es la idea? ¿Qué se te ocurre?
─Pues te tomare del brazo y a veces de la cintura. (Diciendo y haciendo)

Bajamos del carro y Jorge dijo. Necesito un rato a solas con mi novia, así que con su permiso. Me llevó por delante de los demás y donde el consideró que no nos veían dijo: Aquí vamos a estar y veremos lo que ellos hacen.
Espiaba con él y no veíamos nada. Solo que hablaban. Le dije que no podíamos llegar muy tarde porque me regañarían. Entonces me tomo de la cintura y me llevo con ellos.
─Ya estuvo. Y ustedes ¿a qué hora se animan?
Nos miraron y nos dijeron que solo fingíamos. Que ellos necesitaban ver algo de cerca para que fuese creíble. En eso Jorge me miro y dijo vamos a demostrarles que eres mi novia. Me quedé sin palabras con el rostro en interrogación y sentí su rostro pegado al mío. Sus labios probaban los míos. No sabía cómo reaccionar. Solo le susurre: estás haciendo trampas.
Jorge dejo de besarme, se volvió a ellos y dijo: ahora van ustedes.
Ellos se besaron
Jorge trato de separarme de ellos y explicarme, que solo así se besarían ellos. Estaba tan “sacada de onda” que no atinaba hacer nada. Jorge me miro y me dijo: tú me gustas, este es de verdad. Y volvió a besarme. Fue entonces que lo empuje y enojada le grite a mi prima: ¡Vámonos ya!

Tuve que esperar a mi prima que estaba a los grandes besos con Rafael.
Regresamos a casa entre las risas de mi prima y mi sarcasmo. La bonita amistad con Jorge se había roto.

Al día siguiente él miro la frialdad de mi rostro y no se atrevió siquiera a hablarme así transcurrieron muchos días. Cierto día faltaron a la escuela Santa y Dalila; Paty y Luis, que eran novios tampoco fueron. Tuve que caminar por las oscuras calles y unos tipos salieron de las sombras. Diciendo: “compa, una pollita para cenar”. Corrí con todas mis fuerzas, mi boca se había puesto amarga, ellos me estaban dando alcance cuando vi unos muchachos delante y escuche la voz de Jorge. Le grite, el volteo y se percató de la situación. Me quito la bolsa de útiles y me jalo para que corriera más fuerte. Los tipos iban tras nosotros, casi nos daban alcance, a tiempo alcanzamos un carro y subimos a él.
Jorge inició la conversación de manera errónea: ─ ¿qué milagro que me hablaste? …perdón, estuviste forzada a hablarme.
─No. Te iba a hablar en estos días. Ahora eres mi héroe salvador. Me ayudaste y no me dejaste ahí. No quiero pensar…
─No lo hagas. Mejor, piensa en ser mi novia de verdad. Tú me has gustado desde la primaria. Siempre quise llamar tu atención, pero termine por comprender que eras muy tímida y tenía que acercarme a ti muy suave. Perdóname lo de ese día, no debí seguir el juego. ¿Quieres ser mi novia?

Como decirle que no a quien ha sido mi salvador. Ese día le dije que sí. Jorge volvió a besarme dulce y suavemente.

Olivia Sesma Rascón, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin