Estrangulación (Género Híbrido)
Minuto a Minuto

5 de febrero del 2021



El dosel de las miserias, flema de los días, vislumbre y óleo donde la angustia sembró el sisal enredo de agua que pudrió su cuello, hasta cercenar el interior ignorado de la mañana. Con el rostro rebasado, con la oquedad empozada en la tristeza, rema en el cieno apretado de las sombras.

La noticia:
Lo encontraron muerto, pendía del marco de la puerta, atado al enorme clavo que daba fin a su vida. Sus pies rosan la oscuridad lunar y su rostro describe el desprendimiento, el ahogo, la libertad sin retroceso.
La boca y los ojos son heridas descomunales que vomitan y aumentan el cuajo espeso de la noche. Invertido el techo de los desvelos, la profundidad ciñe su cuerpo en el infinito desencanto.
La cámara mortuoria del ahogo, cristaliza la lengua rota de palabras y los labios blanquecinos ignoran la mediática fe que los asiste, tan solo una agónica cascada pende de las comisuras de la marioneta.
Los objetos exhalan el póstumo suspiro. Cercanos unos de otros, doblan la luz y reflejan un prisma de reclamos a la mano que los estalló en la pared. Alguien dio la noticia (cuelga un hombre del quicio de su puerta) y la consecuencia derivó en adjetivos, en interpretaciones que ya se gestaban desde la mirilla, desde el breve espacio donde se filtra la muerte del otro.
Quiso morir en su lecho, pero había que conseguir primero el sueño de no exponer su rostro testarudo, domesticado y restaurado hasta el límite de la miseria. El virus llegó cauteloso a encontrar la agonía en sus manos ociosas, en su mente empobrecida.
La gente muere en las calles desde hace mucho tiempo. Enfermos cruzan las calles, redoblan esfuerzos para cargar con tantos trapos y artificios. Estropeados, sin fuerzas para apreciar la dicha de regresar a su origen de arcilla; tristes con el espíritu ausente y desbordados en el fango de las angustias.
No era la muerte de un rostro, era la premura que asfixia a todos, la serpiente y su cola extendida, enturbiando el entorno.
Como si el virus acabara con sus recuerdos, se anticipó al confinamiento y de sus manos descarnadas chorreó el tedio que embelesó la pluralidad en el espejo.
Reposando en el silencio, una nota revela el misterio:
He resuelto terminar con la tentación de apropiarme del infinito. Ni una noche más, sin esperanza rompo las cadenas de mi encierro. Llegué solo y me voy solo, egoísta y ufano quiero inventar mi infierno.
A mis espaldas la herencia del llanto. Ya percibo al sucesor, al aprendiz de errores.
Me esperan los abismos que he inventado, la salvación y el regreso son aldabas que representan caminos a lo mismo.
Dejo en la percha mi estado. Estoy deprimido, impenetrable es mi cometido.
El virus como rígido martillo penetra el aire, enjuicia mi codicia, mi falta de rigor, el desbordamiento y lo absurdo de mi aniquilamiento.
Poco a poco el camino se reduce, la inconciencia me ha ganado, la vida rebosa mi rechazo.

Leticia Díaz Gama, Coordinadora del Cículo de Escritores Sabersinfin