Ángel navideño (Cuento)
Minuto a Minuto

24 de diciembre del 2019


Hace 25 traslaciones elípticas alrededor del sol que tengo conciencia de mi presencia en este planeta. Pertenezco a la generación de inteligencia artificial diseñada para proporcionar a los humanos apoyo inmediato en caso de alguna emergencia que pueda poner en peligro su vida, existe una adscripción a este servicio en la que los humanos solo tienen que pensar en recibir ayuda y ésta se presenta casi instantáneamente. Estamos capacitados para volarle la cabeza, sólo señalando con el dedo índice, a todo delincuente que atente contra los ciudadanos y casi cuando apenas va a cometer el delito, así como para para diagnosticar y tratar cualquier enfermedad. También actuamos para proporcionar satisfacción mental y física y varios podemos asistir en fiestas infantiles.

Estamos desprovistos en su totalidad de cualquier manifestación de sentimientos o emociones. Algunos de nosotros tenemos defectos de disociación cognitiva conductual y aunque raramente, nuestro desempeño es lento y relativamente ineficaz. En mi caso no puedo procesar la información de enlace automático, llamada memoria RAM antiguamente, relacionado con lo que llamaban fiestas decembrinas.

Por esta razón me han designado a realizar suplencias en el amplificador del espacio-tiempo que me permite desplazarme hacia los años de las fiestas navideñas, en donde el vórtice primitivo de nano partículas biocinéticas neuronales de los humanos, recientemente lanzadas al mercado, no requerían de mayores aptitudes de respuesta en casos de peligros emergentes.

Con el nombre humano de Salvatore Buongiornio, aparecí y pasaba desapercibido el 24 de diciembre de 2017 enfrente de la basílica papale de San Pietro mejor conocida como basílica de San Pedro en la ciudad del Vaticano. La regia y masiva construcción era la máxima expresión del catolicismo y había sido erigida 500 años atrás sobre la tumba de San Pedro, uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret.

Había que recorrer la Via della Conciliazione desde las inmediaciones del Castel de Sant’Angelo iniciando en el largo Giovanni XXIII junto al río Tíber, pasando al final por la plaza Pío XII para llegar a la basílica.

Ángela y Bruno esperaban que la lluvia pasara guarecidos en un restaurante en la vía de la conciliación y que fueran las 6 de la tarde para marcharse al aeropuerto Fiumicino y tomar el avión a Viena para reunirse con su hija y su yerno en Noche Buena y Navidad.

Cuando salieron a la calle había cesado de llover y un bellísimo arcoíris parecía nacer en el Tíber enmarcando una típica tarde del incipiente invierno. pensando que tomaría la mejor foto de su vida, Bruno intentó subir a un bloque de concreto que sirve de soporte al barandal que separa a los turistas del acceso al río Con la cámara en la mano izquierda y tratando de sujetarse al barandal con la derecha trató de trepar al soporte del muro. El barandal demasiado ancho impidió a Bruno sujetarse y quedar parado en el soporte cayendo hacia atrás empujado por su propio impulso, logró girar su cuerpo evitando caer de espaldas sobre las milenarias baldosas pero no alcanzó a protegerse el rostro. El borde metálico de la máquina fotográfica rasgó su ceja izquierda provocando de inmediato un profuso sangrado. El impacto no le hizo perder la conciencia y más preocupado por su mujer que gritaba y lloraba aterrorizada trato de incorporase.

Salvatore lo ayudó, pasó ambas manos por el cuerpo del accidentado detectando que no había ninguna fractura sino un derrame puntiforme en el lóbulo parietal izquierdo de su cerebro. La punta de uno de sus dedos emitió la descarga de algo parecido a un destello que cauterizó automáticamente la pequeñísima hemorragia que amenazaba crecer y acabar con su vida. Tomó del brazo a Ángeles que sollozaba sin saber qué hacer.

Dos o tres turistas se detuvieron tratando de ayudar, Salvatore intervino la red inalámbrica solicitando una ambulancia y apretando la nuca de Bruno para colocar en su lugar un deslizamiento de la segunda vértebra cervical.

En el pronto soccorso, los estudios radiológicos confirmaron el diagnóstico del androide. Determinaron que el accidentado permanecería toda la noche bajo observación.
Al amanecer del 25 de diciembre con nuevos estudios de imagen no le fue encontrada ningún tipo de lesión física. Fue dado de alta y salió de prisa a abrazar a su hija recién llegada y a su esposa quienes reían y lloraban felices.

 Armando Bañuelos Romero