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LA IMAGINACIÓN
(EL NARRADOR ORAL CONDENADO A MUERTE)
El narrador oral había sido condenado a muerte. La ejecución lo aguardaba. Faltaban veinticuatro horas cuando los jueces y asesores entraron en su celda. El narrador era un hombre venerado por el pueblo y era imposible no concederle una última voluntad. La condena obedecía a que sus cuentos sobre la justicia, en un territorio de injusticias, propiciaron una rebelión cada vez más inacallable. Habiendo sido capturado, cárcel, juicio y culpabilidad resultaron cuestión de horas. La rebelión debía ser ahorcada, quemada, gaseada, electrocutada, empalada, decapitada, borrada. El narrador dijo: "Una única voluntad. Antes de morir, deseo ver, a cielo abierto, la noche. Y en la noche narrar un cuento". Los jueces y asesores se miraron entre sí estupefactos. Pensaron que el narrador hubiera podido pedir hacer el amor una vez más o que su cadáver no fuera enterrado en una fosa común. Pero era su última voluntad. Podía ser respetada. Resultaba permisible. Llegó la noche y los soldados, en presencia de los jueces y asesores, condujeron al condenado a muerte hasta el patio de la prisión. El narrador contempló intensamente el cielo, alzó un brazo hacia aquel poblado vacío y con voz potente habló: "Había una vez un narrador oral condenado a muerte. A petición suya, para cumplir con la costumbre de una última voluntad, lo condujeron hasta el patio de la prisión. Y cuando alzó brazo y voz, y pronunció las palabras que únicamente son mágicas en los labios de los narradores, una estrella fugaz cayó, cayó, cayó, y a punto de tocar el suelo, cual una alfombra prodigiosa, se detuvo para que el narrador subiera y lo condujo fuera de los muros de la cárcel". Y mientras el narrador contaba, y se alejaba libre sobre la punta de la estrella, todos comprobaron que "la imaginación es tan poderosa" que predice el futuro y, si es necesario, lo moldea.
LA COMUNICACIÓN (RESURRECCIÓN)
Le habían cortado la lengua para que no contara. Las manos. Le habían cortado también las manos. Le llevaría tiempo aprender a escribir con los pies. No desestimaba esta posibilidad. Pero quizás muriera antes. Y necesitaba entregar todo aquel manantial de cuentos a otros que contaran. Necesitaba resucitar los cuentos vivos en su interior. Resucitar su lengua, sus manos. Recordó entonces la telepatía. Quizás un espejismo. Mas él veía la luz de sus cuentos. Sentía como sangre su resplandor. Era cuestión de encontrar otro Humano. Sintió dentro una voz milenaria que le decía: "Levántate y anda". De entre las ruinas arrastrándose,
apoyándose contra un tronco, se levantó. Y anduvo.
LA VISUALIZACIÓN (EL JADEO SALVAJE DEL CUENTO)








