Cuentos del narrador oral escénico*
31 cuentos hiperbreves
Francisco Garzón Céspedes**
LA VERDAD Y LA MENTIRA
LA VERDAD
Había una vez el amor.
LA MENTIRA
Nunca habrá una vez.
EL PRIMER NARRADOR ORAL
Él tenía una imaginación creadora. Desbordantemente fecunda. De tanto andar y andar por el universo, a solas, en silencio, inventó un idioma. Palabras a las que hubo de imaginarles lo que nombraban. Dijo: "Luz". Y la imaginó. Y fue la luz. Y habló y habló. Dijo: "Hombre". Dijo: "Mujer". Y los imaginó. Y ellos fueron. Hasta que al séptimo día de imaginar, eligió el reposo. Nunca ha sabido Él, el primer narrador oral, que cuando los hombres y las mujeres, en el tiempo de ese séptimo día, reinventaron las palabras, crearon una y nombraron al narrador oral: "Dios".
LOS TALISMANES DE DIOS
El Narrador Oral tomó una parte de sí, recordó al Hombre y la moldeó como éste. Le llamó Jesús, lo envió a la Tierra y le dijo las dos palabras elegidas talismanes. "Imaginarás." "Narrarás." Hizo una pausa. Y añadió: "Formarás discípulos. Y te negarán. Pero tú resucitarás. Imaginarás. Narrarás. Tal vez los humanos se den cuenta".
EL HIJO DE LA CUENTERA
La cuentera tuvo un hijo. Un momento antes de engendrarlo soñó que despertaba al ser besada por un príncipe. En verdad, el otro necesario para engendrar había sido elegido en amor. Era un mago. No cualquier príncipe, el de la ilusión. En el instante mismo en que el cuerpo de la cuentera se unió a ese otro cuerpo, como si tocados por una varita mágica pudieran fundirse en uno, ella pensó en la mujer verde y en el hombre violeta del cuento tantas veces contado: aquel dragón violeta dejándose ir en aquella cascada de peces verdes. Cuando el hijo nació, era tan pequeño que la cuentera recordó a Pulgarcito, e instintivamente le revisó los pies en busca de las botas de siete leguas. Sintió miedo de los gigantescos ogros que su hijo encontraría a lo largo de la vida. Luego sonrió, porque se dijo, como Meñique, que "el saber vale más que la fuerza" y ya ella se preocuparía de ese saber. Que si cuentos, que si refranes, que si trabalenguas, que si adivinanzas. Decidió comenzar a enseñarle sin esperar más. Ya al crecer le tocaría al padre, que le enseñaría a reaparecer intacto después de cada ilusión. Ahora era el turno de la cuentera. El turno de los dioses humanos. Y cada día ella contaba a su hijo, aunque todos a su alrededor exclamaban que aún no podía entenderla. Pasados unos meses, cuando su hijo empezó a hablar, las primeras palabras no fueron: "hambre" o "sed" tampoco precisamente "madre" o "padre", aunque de algún modo esto fue dicho cuando la frase mágica aleteó en los labios y el hijo de la cuentera balbuceó: "Había una vez...".
EL CUENTERO (YO TENÍA UN GATO ÚNICO EN EL MUNDO)*
¡¡Yo tenía!!... ¡Yo tenía!... Yo tenía un gato único en el mundo. Mi gato, cada vez que maullaba, lanzaba por la boca, como si fueran soles y estrellas relucientes, monedas y más monedas. Y mientras más maullaba, más monedas y monedas lanzaba... Les voy a advertir una cosa. No estoy dispuesto a que, en cada ocasión en que les cuente un cuento, unos me miren lastimeramente y los otros alcen las cejas en señal de duda. El hecho de que yo cuente cuentos, de que me vista con humildad y a veces hasta le pida dinero prestado a alguno no significa que mi gato, cada vez que maullaba, no lanzara por la boca monedas y más monedas, lo que ocurre es que eran... ifalsas!
* Este cuento de la invención del autor es una modulación del primer “yo mentiroso” que escribió en homenaje a los cuenteros mentirosos familiares o comunitarios, rurales o urbanos: “Una gata única en el mundo”, mucho más extenso y de ambiente marcadamente urbano y contemporáneo.
LAS ALAS DE REDOBLANTE
El narrador oral afirmó: "Y al juglar Redoblante, me crean o no me crean, le brotaron alas". De su propia carne surgieron. Venían desde los aleteos interiores de los cuentos en su corazón. Las necesitaba para poder ir con mayor rapidez de un sitio a otro a contar sus reinvenciones. Algunos de sus cuentos salvarían a alguien de la muerte. O abrirían una puerta de amor a una pareja desesperada. Otros harían sonreír a los convertidos en estatuas de amargura. Otros emocionarían a los en apariencia indiferentes. Así que Redoblante deseó sus alas como hay que desear lo imposible. A riesgo de perder la razón, para reinstaurar otros códigos secretos e inexplicables. Y le brotaron alas. "¿No me creen?", preguntó el narrador oral buscando las miradas. Y cuando insistió: "¿Me creen o no me creen?", estas palabras ya fueron dichas mientras el narrador oral sobrevolaba la multitud.
LOS ANTIGUOS CUENTOS
Allá dentro el narrador oral, para calmar su ansiedad, decidió limpiar los dientes de la ballena. Lo hacía y recordaba los antiguos cuentos, convencido de que encontraría la solución para salir de aquel encierro. Limpiaba los dientes con la misma persistente intensidad con que recordaba. La ballena, molesta, tragó en seco y casi lo arrastra hasta la cueva más profunda de su estómago. "Cueva", pensó el narrador oral en silencio, y de inmediato alzó un brazo y su voz resonó: "¡Ábrete Sésamo!".
EL MÁS FUERTE
Cuando ocurrió lo que nunca había ocurrido. Cuando el enfurecido elefante lo tomó con la trompa y lo lanzó a volar por los aires, el domador del cuento supo, en las improvisadas palabras, voz y gestos del narrador oral, quién era el más fuerte.
DAMA DE LA CARICIA
Ella estaba en el recinto escénico. Acababa de narrar oralmente en el acto de clausura del Taller. Había sido un Taller con damas de la caricia. Así decían. "Sexo servicio", afirmaban ellas. Preferían no repetir los vocablos que usaban en la calle para nombrarlas. Allí estaba ella. Acababa de descender del escenario. Narró y la aplaudieron. Mucho. Ahora, sentada, mientras aguardaba que culminara el acto, acariciaba el diploma de graduada. Las palabras del diploma. Negras y brillantes. Sensibles al tacto. Resonando en el corazón. Las acariciaba. Dama de la caricia. También persona. También narradora. También caricia de contar.
VOCACIÓN DE PARAÍSO
El narrador oral, equivocadamente llevado al Infierno, supuestamente atrapado, perdido, indefenso, aun dentro de las llamas, a palabras, voz y gestos convocó el Paraíso.
LA PALABRA
Allí estaba la nube, con asombro de asombros, sintiendo cómo al ser nombrada por la voz y el cuerpo del narrador oral se reproducía en forma de algodón, o de nieve, o de espuma, o de humo, en la imaginación de cada ser humano donde aposentaba su reino de cielos.
LA JUSTICIA POÉTICA
(EL NARRADOR ORAL ANTE EL CADÁVER DE SU AMOR)
El narrador oral perdió la memoria. Los cuentos de su vida quedaron quién sabe dónde cuando presenció morir a su pareja. Él narraba desde siempre, pero, desde que descubrió el amor, contaba con todos porque primero contaba con el amor. Así que en ese instante en que su mente recuperó la pureza absoluta de los orígenes, aun en ese instante, ante el cadáver que se tornó conocidamente desconocido, la intuición, la magia, el oficio fue tan poderoso que, como si el antiguo cuento le tocara el corazón, dijo: "Hace mucho tiempo...". Y se inclinó, y en caricia besó esos labios, y miró fuera del tiempo esos párpados. Los ojos del amor se abrieron. Los labios musitaron: "Había una vez un hombre que narraba. Tenía cuentos para compartir con su amor, tantos que su amor era también el mundo, la justicia poética del universo. Y el narrador poseía el misterio de afirmar la vida y negar la muerte".
LA IMAGINACIÓN
(EL NARRADOR ORAL CONDENADO A MUERTE)
El narrador oral había sido condenado a muerte. La ejecución lo aguardaba. Faltaban veinticuatro horas cuando los jueces y asesores entraron en su celda. El narrador era un hombre venerado por el pueblo y era imposible no concederle una última voluntad. La condena obedecía a que sus cuentos sobre la justicia, en un territorio de injusticias, propiciaron una rebelión cada vez más inacallable. Habiendo sido capturado, cárcel, juicio y culpabilidad resultaron cuestión de horas. La rebelión debía ser ahorcada, quemada, gaseada, electrocutada, empalada, decapitada, borrada. El narrador dijo: "Una única voluntad. Antes de morir, deseo ver, a cielo abierto, la noche. Y en la noche narrar un cuento". Los jueces y asesores se miraron entre sí estupefactos. Pensaron que el narrador hubiera podido pedir hacer el amor una vez más o que su cadáver no fuera enterrado en una fosa común. Pero era su última voluntad. Podía ser respetada. Resultaba permisible. Llegó la noche y los soldados, en presencia de los jueces y asesores, condujeron al condenado a muerte hasta el patio de la prisión. El narrador contempló intensamente el cielo, alzó un brazo hacia aquel poblado vacío y con voz potente habló: "Había una vez un narrador oral condenado a muerte. A petición suya, para cumplir con la costumbre de una última voluntad, lo condujeron hasta el patio de la prisión. Y cuando alzó brazo y voz, y pronunció las palabras que únicamente son mágicas en los labios de los narradores, una estrella fugaz cayó, cayó, cayó, y a punto de tocar el suelo, cual una alfombra prodigiosa, se detuvo para que el narrador subiera y lo condujo fuera de los muros de la cárcel". Y mientras el narrador contaba, y se alejaba libre sobre la punta de la estrella, todos comprobaron que "la imaginación es tan poderosa" que predice el futuro y, si es necesario, lo moldea.
LA COMUNICACIÓN (RESURRECCIÓN)
Le habían cortado la lengua para que no contara. Las manos. Le habían cortado también las manos. Le llevaría tiempo aprender a escribir con los pies. No desestimaba esta posibilidad. Pero quizás muriera antes. Y necesitaba entregar todo aquel manantial de cuentos a otros que contaran. Necesitaba resucitar los cuentos vivos en su interior. Resucitar su lengua, sus manos. Recordó entonces la telepatía. Quizás un espejismo. Mas él veía la luz de sus cuentos. Sentía como sangre su resplandor. Era cuestión de encontrar otro Humano. Sintió dentro una voz milenaria que le decía: "Levántate y anda". De entre las ruinas arrastrándose,
apoyándose contra un tronco, se levantó. Y anduvo.
LA VISUALIZACIÓN (EL JADEO SALVAJE DEL CUENTO)
El narrador oral intentaba penetrar en el cuento tras las huellas del Gran León. Para poder contar esa historia, necesitaba visualizar internamente al león con tal minuciosidad que le olfateara la carne devorada, le palpara los músculos prensados de los flancos, le viera el acero contra la piedra de afilar de los ojos. Visualizarlo en detalle para elegir lo esencial y sugerirlo. Escucharle el rugido de incendiada madera. El narrador, concentrándose, olvidó las huellas y recordó aquella vez que del circo escapó un león enorme como una llamarada. Varios hombres con una red, él mismo entre ellos, apoyándose unos a otros, lo atraparon. Entonces pudo el narrador regresar al cuento, imaginar al Gran León inmenso como aquella montaña de fuego. De repente el narrador sintió por detrás un jadeo salvaje. Ásperamente cálido. No se volvió. No existía un circo en las proximidades, estaba solo y no tenía una red. Se inmovilizó. Requería tiempo para imaginar, a su espalda, una jaula.
LA CONFIANZA
Cuando el narrador oral, por golpes de la vida que no del oficio, comenzó a faltarle la confianza, murió de posibles.
EL AMOR
Cuando fue abandonado y la casa de dos quedó toda para su soledad y su centro fue la sinrazón y la amargura, el narrador oral decidió no volver a contar cuentos de amor. Después de decidirlo, en la primera ocasión en que pisó un escenario, el público no lo vio. Desde el espacio escénico él intentó e intentó hacerse visible, hacerse oír; pero el público, sin percibirlo, gritó desaforadamente exigiendo su presencia. Y él supo que intentar recuperar el centro del universo despoblándose de amor, de posible o imposible amor, para salvarse de la soledad y de la locura y de la muerte, no es una técnica de vida, sino de miserable, rastrera, cobarde sobrevivencia.
LA RESPONSABILIDAD
Le sedujo. Con aquel cuento donde el amor afirmaba por siempre y para siempre. Creyó que podía dar la vuelta, irse, no regresar. Abandonar después de haber seducido. Mas el cuento retornó. Lo detuvo. Exigió responsabilidades. Lo demandó judicialmente. Presentó a la víctima. Y consiguió que lo condenaran por daños y perjuicios ocasionados con el arma del encantamiento.
MOMENTO DE LA VERDAD
"Las palabras estarán en el círculo del viento aguardándome", piensa. Ni siquiera integra el círculo. Tampoco se trata de un círculo, sino de una oleada de círculos, de los que el último contiene a todos los otros. En el Taller habían explicado que el público debía situarse en arco. Eso fue después. Lo puntualizado como preámbulo del arco fue que el narrador oral escénico delimitaría con el público el espacio que necesitaba para contar y le propondría el arco. En la plaza, cuando él vino a darse cuenta, se halló en el centro de una sucesión de círculos, por lo que siempre tendrá público a su espalda. "Pero las palabras están en el viento
aguardándome", piensa. Ha elegido un cuento que, por los personajes y peripecias, considera le permitirá lucirse. Demostrar las cualidades escénicas que cree poseer: la opulencia de su lenguaje verbal, las artificiosas modulaciones de su voz, las disímiles caracterizaciones del rostro para cada personaje, la agilidad de su cuerpo para contorsionarse en el espacio. En fin, no en balde es actor, y aunque comienza a comprender que es otro el proceso, otra la relación con el texto y con el público, por algo le habían repetido y vuelto a repetir que la narración oral es un arte escénico. Piensa: "Qué manía de definición". Ciertamente, tiene dudas en éste su primer cuento para el público y prefiere despegar desde su experiencia como actor profesional. Piensa: "para el público"' y en el Taller no le dijeron "para el público" o "al público" o "frente al público", reiteraban "con". Tampoco hablaban de interpretar o representar. Hablaban de sugerir. Si hubiera pedido entonces que le aclararan. "Pero las palabras están aguardándome", piensa. "Ante la elección del cuento, más que conmocionara al propio narrador oral... ¿cómo lo expresaban?: 'que lo motivara internamente'." Prefirió elegir una historia que, si bien le gustaba, no lo estremecía y en su criterio admite que él muestre sus dotes. Recordó su preparación para apropiarse del cuento. Sabía de las opiniones enfrentadas en cuanto al uso del espejo. Él necesitó verse desde el comienzo, admirarse. "Bueno, admirarse no. No es una postura admisible." No deseó afirmar eso. Quiso decir: "comprobar", "fijar". "Ése es otro aspecto en discusión con el teatro. ¿No son artes escénicas los dos?" También contra todas las indicaciones de que, al menos al inicio, no se grabara durante los ensayos, lo hizo. "Fue... grato escucharse." No por narcisismo, no, sino que pareció como si su voz se reflejara en un espejo de agua y regresara a buscarlo. Él no se desestimuló por escucharse. "Lo más difícil será mirar a los ojos de la gente. Cómo van a saber que no los miro cuando dirija la mirada no por encima, ni abajo, ni arriba, ni a los lados, aunque tampoco a los ojos, sino entre una y otra persona del público." Dirige la mirada al vacío para amurallarse. "¿Qué dijeron de 'desnudarse con el público', de 'un momento de la verdad'?, cuando el arte es ficción. Y escenificación es invariablemente representación. ¿O no?" Ya debe comenzar. Busca las palabras fuera. Las palabras aguardándolo. No logra atrapar las palabras, traerlas a su voz. Y no se ahoga de palabras como cuando son tantas que se atropellan o vienen de dentro con tanta emoción que anudan. Allí, frente a la multitud, que no con el público, que no indefenso con cada uno; sin momento de la verdad, el aprendiz de narrador oral escénico se ahoga de impotencia, se hace invisible de palabras.
LA IMAGEN (COMO SI NUNCA)
La imagen se fue agrandando en su interior. Nítida. Él se había concentrado hacia dentro. No desde dentro. A solas con su visualización interna. Pero él estaba allí, debía narrar. El público estaba allí. Debían compartir un mismo espacio. La imagen continuaba agigantándose dentro. Hasta que el aprendiz de narrador desapareció. Como si nunca hubiera existido. Tragado por una imagen que no logró sugerir.
LA SUGERENCIA
"Sugerir. ¿Será describir?", se pregunta el aprendiz de narrador oral escénico. "¿Cuál es el secreto? ¿Los matices de brillo que diferencian una perla de otra? Es diáfano entre carbón y diamante. Mas sugerir..." Cuando narre dirá que "el hombre era muy fuerte". Puede verlo. Palparlo en el cuento. Camina. Respira. Está vivo acá. Pero si lo dice así, tan escueto, tan definitivo, y sigue contando, el público no tendrá suficiente materia prima para imaginar, ni tiempo. Dirá que "el hombre era muy fuerte, porque, siendo alto y sano, había hecho pesas para tener anchas espaldas, piernas resistentes y músculos poderosos". Pero si lo dice así, tan determinativo, y sigue, el público no podrá crear su propio hombre muy fuerte, sino que, como mucho algunos comenzarán a ver el hombre muy fuerte que él está viendo. Y si dijera que "el hombre era muy fuerte, tanto que hubiera podido de un cabezazo traspasar las montañas". 0 que "era un hombre tan fuerte como un elefante enloquecido de sed". Y si no dijera "fuerte". Sino que "era un hombre que parecía capaz de detener, con una sola de sus manos, un dragón". "Un hombre que podía alzar a otros dos como si los pesara en una balanza." "Un hombre que de un soplo derribaría uno tras otro los robles crecidos en hilera." Eso resonaba. ¿Qué pasaría? Pero ¿y la concisión? ¿Eran o no concisas esas... sugerencias? Y, sobre todo, ¿qué pasaría cuando comparara al hombre con el dragón, la balanza, el soplo devastador? El aprendiz tomó una decisión. La hizo palabra, voz, gesto. Evocó al hombre muy fuerte y dijo "dragón" y dijo "balanza" y dijo "soplo". Una multitud de hombres muy fuertes comenzaron a flotar por encima de las cabezas del público, como si numerosas botellas conteniendo genios hubieran sido descorchadas para que brotara el humo moldeable de lo sugerido.
LA INCONGRUENCIA
Cuando el aprendiz de narrador oral dijo la palabra "luz", nada se iluminó dentro de cada persona. Los rostros del público continuaron ensombrecidos. Las posturas. Él, con otras palabras, reiteró: "Todo se había iluminado; todo era fulgurante". Pero los rostros de sus interlocutores continuaron ensombrecidos, como el suyo. Como el suyo. Y como sus puños, cerradamente inscritos en las sombras.
LA REINVENCIÓN
A las brujas del cuento no les agradó el giro brusco de la trama en las palabras, voz y gestos reinventores del narrador. Había aprendido la técnica recientemente. El giro, en opinión de las brujas, era rebuscado, falto de coherencia interna y, por tanto, de verosimilitud. Terminaría por dejarlas en ridículo y tendrían que montar en sus escobas y desaparecer del cuento. No esperaron a verse envueltas en más desatinos. Con un conjuro lo enmudecieron. Y tomaron ellas la palabra.
LA CONCIENCIA
El narrador está a oscuras, de pie, detrás del telón que en un momento se abrirá. En esa soledad que tensa el murmullo de un público al que aún no puede ver. Cree que no recordará ni uno solo de los cuentos a contar. Y se pregunta angustiado: "¿De dónde vienen las palabras que narro? ¿De dónde acuden a encontrar voz? ¿A convocar los gestos?". Y el murmullo cada vez más anhelante del público al otro lado del telón parece responderle. Porque una respuesta lo remueve: "Lo primero es el eco, no la voz de cada cual. Uno escucha dentro. El eco musita las palabras. Las susurra en milagro. Esas que uno dice como propias. Primero fue el eco. Primero es. Las palabras son únicamente el eco del eco". Y esto es lo último que le resuena en la conciencia, porque los cuentos vuelven, uno a uno, vivos, deseosos.
LA PAUSA Y LA REITERACIÓN
El narrador oral contaba con adultos un cuento sin edad, se acercaba al final y dijo: "Con tan mala suerte que los monos... los monos tiraron una cáscara de plátano, el elefante la pisó...". Debía decir: "¡Y se cayó!". Pero el día no era bueno: discusiones, lluvia y faringitis. Equivocándose exclamó: "¡Y desapareció!". Con lo que el cuento perdía su sentido, porque el final era que el elefante al caerse comprobaba que no desaparecía, y levantándose respondía animoso a la duda de sus amigos. Cuando el narrador oral se equivocó afirmando: "¡Y desapareció!", deseó que el proscenio se abriera y lo tragara. Deseó desaparecer. No podía traicionar al cuento y a quien lo había escrito, ni a sí mismo, ni al público, ni a aquel recinto, por escénico, sagrado, ni a la circunstancia amorosa, optimista. Hizo una pausa, y siempre mirando a los ojos de la gente, retrocedió hasta el centro del escenario y se detuvo, abrió y cerró los brazos, y con un énfasis de una tristeza lenta, reiteró: "... ¡y desapareció!". Hizo otra pausa, retrocedió hasta el fondo, mientras buscaba ansiosamente una solución y, en el momento en que su espalda tropezó con el mar negro de la cortina, de nuevo abrió y cerró los brazos, con mayor rapidez y amplitud, y con alegría reiteró: "¡y desapareció la cáscara de plátano bajo su enorme pata al caer. Y con su trompa verde se tocó cada una de las patas azules y estaban allí. Y el lomo rosado, y estaba allí. Y las orejas amarillas, y estaban allí. Y se levantó y otra vez comenzó a bailar. Y sus amigos le dijeron: 'Pero, Guy, ¿un elefante no ocupa mucho espacio y, si se cae, puede desaparecer?' .Y él respondió: '¡Sí, un elefante ocupa mucho espacio y, si se cae, puede desaparecer; pero, si quiere, si quiere, si quiere también se puede levantar!' ".
EL PODER
Cuando el cuchillo penetró más allá de la piel, el narrador oral concluyó: "Pero el cuchillo era sólo una pesadilla del desamor". Y el cuchillo retrocedió velozmente. La herida desapareció sin cicatriz. Y la sangre se transformó en una manta roja y protectora.
LA INDAGACIÓN (CUENTO ENIGMÁTICO)
El narrador oral reinventa por primera vez un cuento donde un hombre llora encima de una taza de café. Y el narrador se pregunta: "Cuando el hombre al beber café caliente llora sobre la taza, ¿lo hace porque el humo le irrita los ojos?; ¿lo hace para contemplarse, con mayor nitidez, al aclararlo?; ¿o lo hace con el inconfesado propósito de beberse las lágrimas?".
EL DESNUDAMIENTO (DONDE EL NARRADOR ORAL HABLA DE CÓMO LAS PELÍCULAS NORTEAMERICANAS...)
Si les voy a contar, pues les cuento. Les cuento cómo las películas norteamericanas me destrozaron la vida. ¿Recuerdan cómo en Angustia de un querer*, después de que el corresponsal de guerra ha muerto en la contienda, ella, al recibir la noticia, sube por la colina, hasta la cima donde siempre se encontraban, y cree verlo venir, transparente él, hacia sus manos? ¿Recuerdan cómo en Mañana lloraré los dos exalcohólicos se enamoran y a ella no le importa el defecto físico visible en él cuando camina? ¿Recuerdan cómo en Algo para recordar él la reencuentra inválida, porque un tiempo atrás, cuando habían acordado reunirse, ella en su apresuramiento por hallarlo fue atropellada? ¿Y recuerdan que a él no lo frena la invalidez de ella, y le ama, tanto o más que antes, y se queda a su lado? ¿Recuerdan cómo en Y ahora brilla el sol después de huir uno del otro, ella y él se citan para proseguir un mismo camino, y a ella ya ni siquiera la detiene que él, por las heridas de la guerra, esté impotente? Pero no vayamos tan lejos en el tiempo. ¿Recuerdan, hace no tanto, cómo en Corazón de cristal él rompe las paredes de su cámara de aislamiento inmunológico, y elige la muerte probable para tener la dicha de tocarla a ella? ¿Recuerdan? Las películas norteamericanas me convencieron de que el verdadero amor puede con todo. Y me destrozaron la vida, porque parece no ser cierto. Ese amor parece no existir más que en la pantalla. Y yo no me resigno a que no exista, no acepto que no exista, no cedo, no dejo de buscarlo, y ven, ven, estoy muy solo. Y cuento.
* Angustia de un querer (Love is a many splendore thing), en España titulada: La colina del adiós; Mañana lloraré (I’ll cry tomorrow); Algo para recordar (I an affair to remember), en España (se refiere específicamente a la segunda versión de): Tú y yo; Y ahora brilla el sol (The sun also rises), en España: Fiesta; Corazón de cristal, título utilizado en México para su estreno a fines de los ochenta.
LA CREACIÓN (EL CUENTO DEL DRAGÓN QUE SUEÑO)
Nunca he padecido de insomnio. Tampoco ahora. Se trata de que no debo dormirme. El dragón del cuento me espera en ese persistente sueño inacabado que cada noche suma nuevos sucesos. La primera vez que lo soñé era una imagen lejana, difusa. Pero una tras otra se ha acercado. Anoche desperté cuando la lengua de fuego del dragón que cuento casi me devora. Y lo que no puedo soportar es la certeza de que, al devorarme, devoraría la voz que lo reinventa.
EL NARRADOR ORAL ESCÉNICO
El narrador, de pie en el centro de la plaza, convoca las palabras, la voz y los gestos para reinventar el mundo real de la imaginación. Con los seres humanos congregados en arco, expande palabras, voz y gestos como pájaros amorosos. Alas de vuelo leve, preciso o fugazmente acariciador, veloz o lento. Altísimo o rasante el vuelo. Pájaros del azul al gris, del amarillo al rojo, del blanco al negro, regresando vivos en las miradas, las mímicas, los ademanes, las posturas, las exclamaciones del público. Yendo, viniendo, yendo. Cuenta una historia de amor entre un joven muy joven juglar y una anciana muy anciana princesa, encontrados y desencontrados en un tiempo de asombrado, mutuo, intocado amor. Y cada ser humano se siente tan joven, tan anciano, tan pero tan enamorado. Y los pájaros convocados por el narrador, los numerosos pájaros crecidos de los humanos en la plaza, los infinitos pájaros del cuento van siendo uno solo, diminuto, revoloteando tristemente tierno en el corazón de cada cual.
Si les voy a contar, pues les cuento. Les cuento cómo las películas norteamericanas me destrozaron la vida. ¿Recuerdan cómo en Angustia de un querer*, después de que el corresponsal de guerra ha muerto en la contienda, ella, al recibir la noticia, sube por la colina, hasta la cima donde siempre se encontraban, y cree verlo venir, transparente él, hacia sus manos? ¿Recuerdan cómo en Mañana lloraré los dos exalcohólicos se enamoran y a ella no le importa el defecto físico visible en él cuando camina? ¿Recuerdan cómo en Algo para recordar él la reencuentra inválida, porque un tiempo atrás, cuando habían acordado reunirse, ella en su apresuramiento por hallarlo fue atropellada? ¿Y recuerdan que a él no lo frena la invalidez de ella, y le ama, tanto o más que antes, y se queda a su lado? ¿Recuerdan cómo en Y ahora brilla el sol después de huir uno del otro, ella y él se citan para proseguir un mismo camino, y a ella ya ni siquiera la detiene que él, por las heridas de la guerra, esté impotente? Pero no vayamos tan lejos en el tiempo. ¿Recuerdan, hace no tanto, cómo en Corazón de cristal él rompe las paredes de su cámara de aislamiento inmunológico, y elige la muerte probable para tener la dicha de tocarla a ella? ¿Recuerdan? Las películas norteamericanas me convencieron de que el verdadero amor puede con todo. Y me destrozaron la vida, porque parece no ser cierto. Ese amor parece no existir más que en la pantalla. Y yo no me resigno a que no exista, no acepto que no exista, no cedo, no dejo de buscarlo, y ven, ven, estoy muy solo. Y cuento.
* Angustia de un querer (Love is a many splendore thing), en España titulada: La colina del adiós; Mañana lloraré (I’ll cry tomorrow); Algo para recordar (I an affair to remember), en España (se refiere específicamente a la segunda versión de): Tú y yo; Y ahora brilla el sol (The sun also rises), en España: Fiesta; Corazón de cristal, título utilizado en México para su estreno a fines de los ochenta.
LA CREACIÓN (EL CUENTO DEL DRAGÓN QUE SUEÑO)
Nunca he padecido de insomnio. Tampoco ahora. Se trata de que no debo dormirme. El dragón del cuento me espera en ese persistente sueño inacabado que cada noche suma nuevos sucesos. La primera vez que lo soñé era una imagen lejana, difusa. Pero una tras otra se ha acercado. Anoche desperté cuando la lengua de fuego del dragón que cuento casi me devora. Y lo que no puedo soportar es la certeza de que, al devorarme, devoraría la voz que lo reinventa.
EL NARRADOR ORAL ESCÉNICO
El narrador, de pie en el centro de la plaza, convoca las palabras, la voz y los gestos para reinventar el mundo real de la imaginación. Con los seres humanos congregados en arco, expande palabras, voz y gestos como pájaros amorosos. Alas de vuelo leve, preciso o fugazmente acariciador, veloz o lento. Altísimo o rasante el vuelo. Pájaros del azul al gris, del amarillo al rojo, del blanco al negro, regresando vivos en las miradas, las mímicas, los ademanes, las posturas, las exclamaciones del público. Yendo, viniendo, yendo. Cuenta una historia de amor entre un joven muy joven juglar y una anciana muy anciana princesa, encontrados y desencontrados en un tiempo de asombrado, mutuo, intocado amor. Y cada ser humano se siente tan joven, tan anciano, tan pero tan enamorado. Y los pájaros convocados por el narrador, los numerosos pájaros crecidos de los humanos en la plaza, los infinitos pájaros del cuento van siendo uno solo, diminuto, revoloteando tristemente tierno en el corazón de cada cual.
*Los Libros
de las Gaviotas. Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral
Escénica. Comunicación, Oralidad y Artes. Número 3/ Cuentos breves e
hiperbreves/ Madrid/ México D.F./2010. De Cuentos para un mordisco:
Cinco colecciones con noventa y dos textos 1991/2001
**Francisco
Garzón
Céspedes (Cuba/España, 1947) es escritor, director escénico,
periodista, comunicólogo, profesor, teórico de la oralidad y artista
oral, vive en Madrid y en el mundo. Desde los sesenta son publicados
sus textos brevísimos, primero de poesía experimental y, desde los
setenta, de narrativa. Desde esos años su obra literaria gráfica ha
sido expuesta en galerías profesionales, e incluida en libros y
revistas de arte de: Bélgica, Cuba, España (Barcelona, Madrid),
Francia, Italia, México, Uruguay, Venezuela, Yugoslavia, entre otros.
Es uno de los escritores que más ha trabajado el texto hiperbreve: ha
escrito cientos, muchos más de quinientos, reunidos en muy diversas
colecciones. Y han sido impresos muchos de ellos en libros y
antologados (entre otras en la reconocida La Mano de la Hormiga,
España). En el 2002 publicó, primero como carpeta y de inmediato como
libro de arte, la colección de cuentos de una palabra: “La burbuja de
la síntesis” y la primera colección visual de textos narrativos de una
letra (la acción en el verbo del título) “Cuentos de una letra”, ya en
las Bibliotecas Nacionales y otras de varios países. Ha trabajado
además otros varios géneros de la hiperbrevedad: un alfabeto literario
visual, las definiciones, las sorpresas, los dichos, los pensamientos…
De sus treinta y dos libros impresos en países de tres continentes se
han vendido más de medio millón de ejemplares. Desde el año 2000 creó
en Madrid el Taller de Escritura Creativa del Cuento Hiperbreve
especializado en los textos de entre una letra y cincuenta palabras, el
primero en su género. Entre otros premios, condecoraciones y
reconocimientos es Premio Iberoamericano Ollantay. Dirige la Cátedra
Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica y eventos
internacionales de este arte en cinco países, del Teatro Vuotalo y la
Universidad Tecnológica de Helsinki a la Casa Museo de la Obra Pía de
la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, del Teatro
Fernán-Gómez / Centro de Arte a la Universidad Complutense de Madrid y
al Teatro Calderón de la Barca de Valladolid. En el 2006 fueron
editados dos libros suyos en Argentina y tiene varios inéditos. Julio
Cortázar dijo de Garzón Céspedes: “entrega el prodigio de cada una de
las palabras”.
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En cuanto al universo de la hiperbrevedad, los libros de cuentos y relatos, específicamente breves y brevísimos –o que contienen microficción–, de este autor dados a conocer por las editoriales son para adultos: Amor donde sorprenden gaviotas (Letras Cubanas, 1980), “Cuentos del narrador oral escénico”, en El arte escénico de contar cuentos (Frakson, España, 1991; en árabe, Ministerio de Cultura de Egipto, 1996), Cuentos para aprender a contar (Libros del Olmo, Colombia, 1995; Ediciones Antonio F. Prado, España, 2003), Cuentos para un mordisco (OEYDM, México, 2001); La burbuja de la síntesis / Cuentos de una letra / Alfabeto de la lucidez (Tres colecciones de textos visuales. CIINOE, México, 2002), Una historia improbable y otros textos (Ciudad Gótica, Argentina, 2006). Y para niños: Cupido Juglar, el niño más travieso (EDUCA, Costa Rica, 1985; Gente Nueva, Cuba, 1987); y para adolescentes y jóvenes: Cupido Juglar mensajero de la ternura (Amaquemeca, México, 1986).
En el 2007 Thule Ediciones (Barcelona) en su Antología Los mil y un cuentos de una línea incluyó la mayor parte de los doce textos de la Colección “Los cuentos del loco”. Y en el 2009 la revista Asfáltica 6 (México D. F.), en un número antológico sobre microficción iberoamericana, publicó cinco de los cuentos hiperbreves inéditos de Garzón Céspedes.
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En cuanto al universo de la hiperbrevedad, los libros de cuentos y relatos, específicamente breves y brevísimos –o que contienen microficción–, de este autor dados a conocer por las editoriales son para adultos: Amor donde sorprenden gaviotas (Letras Cubanas, 1980), “Cuentos del narrador oral escénico”, en El arte escénico de contar cuentos (Frakson, España, 1991; en árabe, Ministerio de Cultura de Egipto, 1996), Cuentos para aprender a contar (Libros del Olmo, Colombia, 1995; Ediciones Antonio F. Prado, España, 2003), Cuentos para un mordisco (OEYDM, México, 2001); La burbuja de la síntesis / Cuentos de una letra / Alfabeto de la lucidez (Tres colecciones de textos visuales. CIINOE, México, 2002), Una historia improbable y otros textos (Ciudad Gótica, Argentina, 2006). Y para niños: Cupido Juglar, el niño más travieso (EDUCA, Costa Rica, 1985; Gente Nueva, Cuba, 1987); y para adolescentes y jóvenes: Cupido Juglar mensajero de la ternura (Amaquemeca, México, 1986).
En el 2007 Thule Ediciones (Barcelona) en su Antología Los mil y un cuentos de una línea incluyó la mayor parte de los doce textos de la Colección “Los cuentos del loco”. Y en el 2009 la revista Asfáltica 6 (México D. F.), en un número antológico sobre microficción iberoamericana, publicó cinco de los cuentos hiperbreves inéditos de Garzón Céspedes.
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