El claxon no nos hace ir más rápido
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26 de septiembre de 2013

"Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen"
Alfonso X el Sabio

En la actualidad, andar por las calles resulta ser una tarea sumamente estresante debido a que estamos expuestos incesantemente al ensordecedor ruido del claxon por parte de los conductores de motocicletas, autos, taxis y unidades de transporte público, tratándose no solo de ruido molesto ya que está comprobado científicamente que este es un verdadero problema de salud, puesto que nos produce estrés, irritabilidad, dificulta la concentración, el aprendizaje  y causa alteración del sueño. Generando además problemas fisiológicos como dolores de cabeza, taquicardias, aceleración del ritmo respiratorio, hipertensión arterial y pérdida de la audición.

La palabra claxon, proviene de un anglicismo derivado de la marca comercial registrada de las bocinas Klaxon, de la compañía Lovell-McConnell Manufacturing de Newark, Nueva Jersey en Estados Unidos, probablemente basado en el término griego klazein -chillar, rugir; relacionado además con la palabra latina clángere -resonar. Pero sea cual fuere su origen, el uso indiscriminado del claxon, produciendo ruido, es realmente perjudicial para la salud del individuo.

Murray Schafer en Le paysage sonore, utiliza el término de “imperialismo” para referir al fenómeno expansivo del ruido —como producto de la dominación de Occidente a través de las máquinas— durante la Revolución industrial. Dice Schafer que “así como una ideología dominante se expande y somete sistemas de valores diferentes, el ruido —propiamente la potencia sonora — también se impuso sobre el paisaje sonoro de la época, invadiendo el espacio con su estruendo, superponiéndose a sonidos anteriores y en muchos casos haciéndolos desaparecer”. Schafer ejemplifica su idea diciendo que un hombre, es más imperialista con un altoparlante que sin él, porque éste le permite dominar un espacio acústico más amplio.

Desde esta perspectiva, el ruido como problema social, a través del claxon, ya que el tráfico representa casi el 80% de los ruidos diarios, se puede comprender como una lucha por el espacio acústico, en donde una de las partes impone su esfera sonora sobre otra y la otra queda sometida a través de lo que considera una intrusión. Así, “el espacio sonoro de la ciudad deviene en terreno político al volverse un escenario de rivalidades, en donde se disputa la posesión de un espacio y los derechos sobre el mismo”.
En el medio ambiente, al ruido se le define como todo lo molesto para el oído y desde ese punto de vista, la más excelsa música puede ser calificada como ruido por aquella persona que en cierto momento no desee oírla por estar muy fuerte. Cuando se utiliza la expresión ruido como sinónimo de contaminación acústica, se está haciendo referencia a un sonido, con una intensidad alta que puede resultar perjudicial para la salud humana.

El “umbral de audición” representa la cantidad mínima de sonido o de vibraciones por segundo requeridas para que el sonido lo pueda percibir el oído humano. La Organización Mundial de la Salud considera los 50 decibeles (dB) como el límite superior deseable. Un sonido de 70 dB produce efectos psicológicos negativos en tareas que requieren concentración y atención, mientras que entre 80 y 90 dB puede producir reacciones de estrés, cansancio y alteración del sueño. Los ruidos entre 100 y 110 dB, denominado “umbral tóxico”, pueden llegar a ocasionar lesiones del oído medio. Los ruidos superiores a los 120 dB entran en el denominado “umbral del dolor”, son ruidos insoportables que provocan sensación de dolor en el oído humano.

En todos los países del mundo se han elaborado normas que se encargan de la protección del medio ambiente contra el exceso de ruido. Pero no toda la responsabilidad es de los gobiernos, nosotros también podemos hacer algo para bajar el volumen en nuestras ciudades mediante los hábitos de higiene sonora, los cuales consisten en: Bicicleta, mejor que transporte público; y trasporte público mejor que coche; Hablar con moderación. No hace falta ni gritar ni vociferar; Si se utiliza el teléfono móvil en un transporte público, hablar lo más bajo posible; Cuidado con todos los dispositivos en los que se utilice cascos, pueden llegar a los 120 dB; Si se está expuesto durante bastantes horas al día a un ruido continuo, utilizar tapones auditivos.

Los ruidos se han convertido en los protagonistas de las ciudades y van minando poco a poco nuestra salud, física y psicológica, por eso estimado lector tomemos en cuenta los hábitos de higiene sonora para llevar una mejor convivencia social.

Jorge Rodriguez y Morgado 2Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSERbien en Sabersinfin.com

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