Cáncer y nutrición, protocolo para una mejor calidad de vida
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01 de junio de 2022

Cerca del 80 % de los pacientes en etapa avanzada que ingresan al Instituto Nacional de Cancerología (INC) presentan desnutrición crónica; la baja ingesta de proteína y el desbalance entre el consumo de carbohidratos y grasas afectan también los tratamientos y desenlaces de la enfermedad.

Así lo evidencia la química farmacéutica Laura Fernanda Ortiz, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien en su trabajo de grado, galardonado con el Premio José Félix Patiño, propone un protocolo para mejorar la nutrición de los pacientes oncológicos con sugerencias del INC y la UNAL.

El cáncer es uno de los principales desafíos de salud en el mundo. Según cifras del Fondo de Enfermedades de Alto Costo, en Colombia, entre el 2 de enero de 2020 y el 1 de enero de 2021 se reportaron 416.289 personas con algún tipo de cáncer. Además, se encontró que la mortalidad ha mantenido una tendencia ascendente, alcanzando los 33.600 fallecimientos reportados.

Pérdida de apetito, lesiones en la boca o en el tracto digestivo, ayunos prolongados debido a las cirugías, e inflamaciones en el cuerpo (propias de la enfermedad), que generan problemas en los nutrientes y proteínas de los músculos, son dificultades que ocurren debido a los tratamientos para enfrentar la enfermedad –cirugía, radioterapia Y quimioterapia, entre otros–, y la progresión de tumores.

La investigación sigue la metodología sugerida en el manual para el desarrollo de guías del Ministerio de Salud y Protección Social, cercana al Panel Delphi modificado, y que busca ser un insumo para complementar la Guía Práctica Clínica, creada por el INC, para la atención y EL soporte nutricional del paciente oncológico adulto hospitalizado.

“Esta metodología consiste en reunir un grupo de expertos en el tema que se va a tratar, para definir el alcance que va a tener el protocolo y los objetivos, así como las preguntas clínicas que se van a responder, la selección de la literatura para responderlas, y de esta manera llegar a consensos y reacciones frente a los resultados”, asegura la química farmacéutica.

La investigadora explica que se realizó un primer y segundo tamizaje, dividido en cuatro secciones, que pretenden describir el estudio, estas fueron: la valoración del riesgo nutricional o tamizaje, el tiempo necesario para dar inicio y final al apoyo nutricional, la nutrición preoperatoria y postoperatoria (antes y después de la operación), y la nutrición por medio de sonda.

Para la valoración se hacen una serie de preguntas, que forman parte de cuestionarios nutricionales como Nutri score y NRS 2002, acerca de: índice de masa corporal (relación entre el peso y la estatura), pérdida de peso en los últimos tres meses, alimentación en la última semana, y gasto calórico (relación entre la energía que consume y gasta en actividades, como por ejemplo caminar o subir escaleras).

En cuanto a los tiempos, se sugiere un máximo de cinco días para determinar el tratamiento que necesita el paciente, y así brindar el apoyo nutricional necesario.

Además, “el tratamiento preoperatorio debe ser de mínimo 8 o 10 días antes de la cirugía, y se recomienda que la nutrición enteral sea durante el postoperatorio, de 24 a 48 horas después de la cirugía”.

La profesional afirma que “aunque todos los pacientes tienen cáncer, el panorama cambia debido a las particularidades de la enfermedad, no es lo mismo la dieta de una persona con cáncer renal, que la de un paciente con cáncer gástrico, por lo que no es posible hacer una dieta general”.

Lo que sí se puede afirmar es que, en pacientes críticos (en UCI) es seguro y resulta efectivo el aporte de proteína, entre 1,5 y 2 g/Kg al día, cantidad que es superior a la suministrada a pacientes que no presentan desnutrición (aquellos que no están por debajo de 20 puntos en el índice de masa corporal).

“Se tiene la creencia entre pacientes con cáncer, de que no tienen que comer carnes o carbohidratos, porque estos alimentan los tumores; mito que dificulta el tratamiento y la prevención”.

La investigadora de la UNAL hace énfasis en que: “las necesidades investigativas son mucho mayores a las que se lograron cubrir, el estudio alcanzó a describir el 45 % de este gran proceso, por lo que se necesita seguir indagando y dar cada vez mejores recomendaciones para la nutrición de estos pacientes”.

Añade que: “a veces damos por sentado que la alimentación es algo normal, algo natural, pero cuando nos acercamos a ver la realidad de un paciente con cáncer, que tiene sondas, catéter para alimentarse, y todo tipo de dificultades, nos damos cuenta de lo afortunados que somos, y de lo mucho que deberíamos hacer para mejorar la calidad de vida de estos pacientes”.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co