Maternidad de mujeres en condición de discapacidad, entre la inequidad y los estigmas
Minuto a Minuto

 

 

02 de mayo de 2022

Opresiones estructurales, microagresiones en la vida cotidiana y desigualdad, son situaciones a las que se tienen que enfrentar las mujeres con discapacidades diversas en el ejercicio del parto y la crianza de sus hijos.

Así lo estableció la docente Diana Maritza Calderón Tamayo en su tesis para optar al título de Magíster en Discapacidad e Inclusión Social de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual establece que las mujeres en condición de discapacidad son estigmatizadas como malas cuidadoras y malas madres.

“La motivación inicial surgió de mi experiencia laboral adquirida desde 2014 y del contacto con esta población. Encontré que había pocos estudios y desarrollo de conocimiento teórico relacionado con ellas, y que en la sociedad colombiana existen situaciones de desigualdad muy marcadas”, asegura la investigadora.

“La metodología que utilicé fue una búsqueda activa, fenomenológica, ubicando a las mujeres a través del voz a voz, ya que ellas no forman parte de ninguna entidad gubernamental. Conocí muchos relatos que no incluí en el trabajo pues las familias temen que por la condición de las madres les quiten a sus niños. Finalmente trabajé con seis mujeres con diferentes discapacidades: visual, psicosocial, física, cognitiva y auditiva; en este último caso la mujer no utiliza lengua de señas, sino que diseñó con su familia un sistema para comunicarse. Tres de ellas quedaron en embarazo tras ser víctimas de violencia sexual”, detalla la docente.

Al empezar el trabajo, la investigadora realizó tres preguntas orientadoras, enfocadas en su crianza, el momento del embarazo y el proceso de gestación y crianza de sus hijos.

“Hablábamos y caminábamos por el territorio, visité sus casas y entablamos diálogos y entrevistas profundas que me permitieron conocer su maternidad a partir de aspectos educativos, laborales, culturales, emocionales y de salud. Me encontré con que las mujeres en condición de discapacidad están sometidas a sistemas de opresión estructurales que la sociedad ha naturalizado”, cuenta la investigadora.

En ese sentido, se presentan microagresiones capacitistas, “que se dan de manera continua, ya sea en forma verbal o gestual, y que las personas utilizan sin querer ofender a las mujeres, pero que al ser repetitivas les generan un impacto. Situaciones que propician estereotipos y causan daño, en las que se desprecia el cuerpo diferente: acciones como la definición de que son seres que tienen que estar bajo la tutela de otros, que tienen que ser relegadas, que no entienden o en las que se cuestiona su inteligencia”, subraya.

Pérdida de identidad

Según la docente, a las mujeres en condición de discapacidad se les infantiliza, se les considera asexuadas, y esto lleva a que se les restrinja desde la infancia el conocimiento de su propio cuerpo, a que se limiten sus derechos menstruales y sexuales. “El conocimiento de esos derechos, el gozarlos y vivirlos es algo que no se ha puesto sobre la mesa, para ellas eso genera un impacto de trauma y de opresión”.

En la investigación se evidenció que las mujeres que participaron en el estudio no sabían cómo era la forma de quedar en embarazo; además, en su educación nunca les explicaron qué es una relación sexual, y mucho menos fueron orientadas sobre anticonceptivos o métodos de planificación.

“A nivel médico las barreras también son grandes. Los equipos son estándar y no se ajustan a las necesidades de las madres en condiciones diversas; por ejemplo, para hacerse una citología el espéculo es de una medida estándar y hay mujeres a las que no se ajusta, lo mismo que las camillas para parto; los medicamentos que se les brindan no tienen descripciones en braille, por lo que muchas veces no pueden acceder a información clara sobre su tratamiento”, asegura la investigadora.

En la comunicación también puede haber barreras, “porque los especialistas no estamos preparados para hablar con mujeres con discapacidad auditiva, por ejemplo. Ellas manifestaban que en la etapa de su embarazo era muy difícil comunicarse y acceder a una atención directa. Siempre se les hablaba a través de un tercero, tenían que ir acompañadas por otras personas y hubo decisiones médicas de las cuales ellas no fueron informadas debidamente, como la práctica de la cesárea”.

La docente subraya que las discapacidades son multidiversas y las condiciones para atenderlas cambian según el contexto y sus redes de apoyo.

“Las mujeres con discapacidad forman parte de los grupos tradicionalmente identificados como poco aptos para ejercer la maternidad, pues sus rasgos físicos, mentales o funcionales suelen conllevar obstáculos y limitaciones que, al enfrentarse a condiciones sociales y estructurales que no consideran su existencia, se traducen en signos de debilidad, dependencia, inferioridad, pasividad, e incluso abiertas exclusiones a sus derechos sexuales y reproductivos, al considerarlas incapaces de cumplir las expectativas sociales de salud e independencia para ejercer el rol materno”, indica la investigadora.

Para concluir, asegura que se requiere de un acompañamiento y una educación en igualdad de condiciones para todas las mujeres, sin importar su raza, orientación o condición, que puedan ser autónomas en tomar decisiones.

“Todas las disciplinas deberían tener una formación en relación con la discapacidad, para poder construir sociedades con diseño universal que les permita a las personas con condiciones diferentes movilizarse de manera adecuada por los entornos y por las agencias sociales para tener bienestar”.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
next
prev

Hay 869 invitados y ningún miembro en línea