Anormalidades y normalidades en sexualidad
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Jesus Tamariz Saldana.jpg Una de las preguntas más recurrentes cuando las personas solicitan apoyo psicológico y consejería en sexualidad, gira en torno a la “normalidad” y la “anormalidad”  de algunas de las diferentes expresiones de la sexualidad, y más específicamente cuando se trata de las expresiones comportamentales de la sexualidad.

Para entender adecuadamente de qué estamos hablando debemos, primero, comprender qué son las ya mencionadas expresiones comportamentales de la sexualidad.

Hablar de la sexualidad no siempre fue tan sencillo como hoy que vivimos en un mundo saturado de estímulos y de información. Antes, en tiempos de nuestros abuelos y aún de nuestros padres, era un tema absolutamente prohibido y sobre el que se colocaba un velo de misterio y pudor que lamentablemente desembocaba en la más atroz de las ignorancias y en su consecuente mala vivencia.

 

Es en esta misma época cuando aparecen descripciones para las diferentes expresiones de la sexualidad que no estaban destinadas a la procreación exclusivamente, que era la única función reconocida para su ejercicio, y que fueron englobadas en el concepto de “perversión”, mismo que de inmediato se relacionó con una idea negativa, pecaminosa y, por tanto, anormal.

Fue entonces que se empezaron a mencionar diferentes “perversiones”  que fueron retratadas por artistas y escritores como “El Marqués de Sade”, que sirvieron para enmarcar estas prácticas en un contexto de decadencia  y maldad, que terminó por justificar la concepción que de ellas se había formado.

En tiempos más recientes, y ya con estudios científicos que explicaran estas manifestaciones sexuales se optó por nombrarlas “parafilias”, ya que, según se creía, este concepto explicaba mejor la vivencia de éstas y les quitaba la connotación negativa.

Lamentablemente el ser humano es reacio a los cambios y terminó por dar la misma connotación negativa al término, lo que provocó que, en breve, el término parafilia fuera tan peyorativo como el de perversión y se les tomó como sinónimos.

Hoy, se ha adoptado el término expresión comportamental de la sexualidad pues se considera que carece de connotaciones negativas y permite una mayor integración de las diferentes expresiones sexuales.

Pero… ¿y la diferencia entre lo normal y lo anormal?

No existe, porque cuando entendemos que cualquier manifestación de la sexualidad humana se circunscribe al mundo de las expresiones comportamentales de la sexualidad, nos damos cuenta de que resulta imposible tipificar desde esa perspectiva y caemos en la cuenta de que, a lo más, podemos hablar de manifestaciones típicas o atípicas,  comunes o poco comunes, pero nunca normales ni anormales, pues no existe “norma” ni a quien se le adjudique el valor moral de imponerla.

Por lo que, normal será aquello que refleje mi propio modo de sentir y disfrutar la sexualidad y anormal aquello que la conflictúe y la cargue de culpas y prejuicios.

Lo que sí es cierto es que la expresión comportamental de la sexualidad tiene límites que debe respetar, me refiero a los límites legales que tales acciones implican:

 

  • No podemos forzar a nadie a realizar ningún acto sexual en el que no esté de acuerdo, ni por coacción, ni  por presión, ni por la fuerza física (aún y cuando se trate de una pareja estable y formal, pues esto constituiría una violación)
  • No se puede acceder sexualmente a menores de edad, ni hombres ni mujeres, aunque den su consentimiento, ya que éste no es legal y el acto se tipifica como una violación sexual (podemos o no estar de acuerdo con los límites de las  edades legales, pero estamos obligados a respetarlas).
  • No se puede acceder sexualmente a personas con discapacidad  mental, como personas con retraso mental, con síndrome de Down o algún otro impedimento que afecte las facultades mentales.
  • No podemos obligar a nadie a presenciar un acto sexual o a la exposición del propio cuerpo al desnudo a menos que este de acuerdo, sea mayor de edad y su consentimiento sea legal.
  • Es recomendable cuidar siempre de la integridad física y emocional de los participantes en un acto sexual, de modo que sus vidas o estabilidad no corran riesgos.

Ahora viene lo más importante, cuestionarte si tus actos sexuales son plena y legalmente consensuados, si te producen placer y se lo producen a tu pareja, si se pone en riesgo la integridad física y emocional de alguien…

De tus respuestas dependerá la normalidad o anormalidad de tu vida sexual…  por lo que si te das cuenta de que algo no está funcionando bien debes pedir ayuda profesional con un sexólogo (médico o psicólogo) que te ayude a vivir mejor tu sexualidad.

Lo mejor es que: vivir una sexualidad sana… ¡Sí se puede!

En la próxima entrega abordaremos  temas de adolescentes,  no te lo pierdas y recuerda escuchar mi programa “Sexo Sentido” todos los jueves a las 8 de la noche en el 105.9 de F.M.  y ahora también en mi programa “Inteligencia Sexual” los domingos en a las 10:30 a.m. en la página XHTVFM.COM radio por Internet en donde seguiremos realizando esta labor educativa en torno a la sexualidad.  Van a estar  buenos… no te los pierdas.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Álvarez-Gayuo, Juan Luis. Educación de la sexualidad: ¿en casa o en la escuela?. Edt. Paidós Educador. México. 2007.

Álvarez-Gayuo, Juan Luis. Sexo terapia integral. Edt. Manual moderno. México. 2007.

Murillo Gamboa, Margarita. Cómo enseñar sexualidad. Edt. Pax México. México. 2007

McCary James Leslie. Sexualidad humana. Edt. Manual Moderno. México. 2007.

 

*Jesús Tamariz Saldaña (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Licenciado en Psicología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, realizó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Palafoxiano.
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