CAMBIO DE ACTITUDES
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CAMBIO DE ACTITUDES
Por: Jesús Tamariz Saldaña* 

Bienvenidos, como ya saben, esta columna está diseñada para hablar de temas propios de la psicología de un modo digerible y comprensible para la mayoría de las personas.

En esta ocasión vamos a abordar preguntas que nuestros lectores nos han hecho favor de compartir,  a las cuales pretendo dar una respuesta desde el punto de vista terapéutico. Eso sí, de una manera amena y digerible.

Espero lo disfruten y me hagan llegar pronto sus sugerencias acerca de los temas que deseen conocer y las dudas que quieran resolver.

Entremos en materia.

 

Recientemente una persona me preguntó:

 ¿Qué puedo hacer para cambiar mi actitud?

Desde luego que la pregunta tiene que ver directamente con que esta persona se estaba dando cuenta, por fin, de que su actitud no le estaba ayudando y de que era hora de cambiarla. Muchas personas viven una situación similar, pero no saben qué hacer o a quién preguntar, vamos a ver qué es esto.

Una actitud es, en esencia, un modo de actuar, es decir, es el modo en que accionamos, y reaccionamos, ante las diversas circunstancias de nuestra vida.

Decimos que una actitud es positiva cuando las consecuencias de nuestras acciones son positivas en nuestra vida, decimos que es negativa cuando las consecuencias también lo son. Lo difícil es distinguir la diferencia ya que solemos empecinarnos tanto en nuestras actitudes que, aunque nos estén causando muchos problemas, nos negamos a reconocerlas y, en su caso, cambiarlas.

Así es, aquí se aplica el consejo bíblico de: “Por sus frutos los conoceréis”, porque, en efecto, cuando queremos saber si una actitud en nuestra vida es positiva o negativa, bastará con voltear alrededor y observar lo que ésta ha acarreado para nuestra vida.

La pregunta que surge a continuación es: ¿Podemos cambiar nuestras actitudes?

Desde luego que sí.

Es muy común que las personas se crean eso de que “nadie cambia”; pero es un error. Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar a lo largo de toda nuestra vida. Lo único que puede evitar ese cambio es la falta de voluntad, de ahí en adelante podemos cambiar tanto como lo deseemos.

Lo que sí debemos tener en cuenta es que muchas de nuestras actitudes están tan arraigadas que cambiarlas solos puede ser una tarea titánica, por lo que se recomienda buscar la ayuda apropiada para apoyar ese cambio y, en muchos de los casos, identificarlos adecuadamente y modificar los entornos que favorezcan el cambio de la actitud indeseada.

Insisto, sí es posible cambiar; pero vale la pena pedir ayuda terapéutica para que ese cambio sea permanente, se identifiquen adecuadamente los factores que favorecen o entorpecen el cambio y se realice el camino acompañado.

Algunas personas piensan que ya es demasiado tarde para cambiar, que ya están grandes o que el daño ya está hecho. Es perfectamente comprensible que alguien piense eso cuando se encuentra en una situación de daño emocional (ver artículo al respecto aquí en sabersinfin.com); pero vale la pena intentar un cambio de actitudes, quizá ya no para compartir con las personas a las que se dañó o con las que se sufrió un daño emocional, pero sí para poder continuar con la vida sin necesidad de repetir el mismo patrón en nuevas oportunidades.

Es importante tener presente que las actitudes negativas no son siempre evidentes, que muchas veces vienen disfrazadas de buena voluntad, buenas intenciones, abnegación, resignación, comprensión, tolerancia, paciencia y hasta de amor. Sí, no todo es lo que parece en torno a las actitudes.

Una actitud negativa puede serlo aún y cuando sea socialmente aceptable; si la abnegación que tanto te alaban se presta para el abuso de tu pareja, amistades o familia, desde luego que es una actitud negativa, autodestructiva. Lo mismo ocurre con las tan aclamadas virtudes de la paciencia y la tolerancia, si el resto el mundo se sirve de éstas para obtener de ti lo que deseen en detrimento de tu seguridad, de tu estabilidad emocional, económica, laboral o familiar; no son actitudes que te estén ayudando, por tanto, son negativas y hay que modificarlas. Lo mismo ocurre con el amor, en nombre del cual cometemos las peores atrocidades contra nosotros mismos y permitimos que las personas a las que amamos nos utilicen a su voluntad; que, en nombre del amor, abusen consecutivamente de nosotros y se sientan con el derecho a regir sobre nuestras vidas.

Aclaro, no estoy en contra de ninguna de estas virtudes y valores que engrandecen al ser humano, estoy en contra de que las personas asumamos actitudes negativas, autodestructivas, nocivas para el desarrollo y sostenimiento de una autoestima saludable que enriquezca la convivencia social armoniosa.

Identificar las actitudes que nos hacen daño es la mitad del trabajo en la búsqueda de un cambio de actitudes, modificarlas, aún y cuando socialmente sean aceptables, es el verdadero reto.

Pero quiero reiterar… Sí se puede, sólo debemos aprender a pedir la ayuda adecuada.

En la próxima entrega abordaremos el tema del “Sentido de la Vida"; no te lo pierdas y recuerda escuchar mi programa “Sexo Sentido” todos los jueves a las 8 de la noche en el 105.9 de F.M., va a estar  bueno… no te lo pierdas.

* Jesús Tamariz Saldaña ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es Licenciado en Psicología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, realizó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Palafoxiano.

Bibliografía:

Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Edt. Pax. México 1995

Calle, Ramiro. Guía práctica de la salud emocional. Edt. Improve. España. 2002

González Ramírez José Francisco. Inteligencia emocional. Edt. Promolibros S.A. de C.V. España. 2003

L. Taylor Cathryn. Supere sus traumas y triunfen la vida, Edt. Roca. México. 1992

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