Velorio de un sentimiento
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

26 de julio del 2011

 

He recibido aquella llamada que nadie desea recibir. Mientras me explican el motivo de la llamada una pequeña lágrima corre por mi mejilla, lo que a mis oídos llega es una información cruel y desgarradora, algo que todos saben que vendrá, pero siempre esperan recibir en el último respiro de su vida, aquella penetrante noticia; ahora tengo que ajustar mi agenda hacer un espacio, donde con la seca y careciente de vida “tinta” colocaré esa triste celebración a  la partida de la vida, a la extinción de lo profundo; “velorio” quisiera decir que son pocos los velorios a los que he asistido; pero la muerte bebe las vidas en elegantes copas sirviéndoselas como aquel líquido rojizo que el hombre ha apreciado desde tiempos inmemorables, aquel licor de uva; muerte sedienta que toma vidas sin dejar ni una pequeña gota de su existencia.

 

Es el día, asistiré a aquella deprimente celebración. “Negro” es el color que se acostumbra en los velorios; Negro porque carece de vida, de luz en su interior, es un color muerto, un color sin alma. Celebraremos la muerte con elegancia, con un traje, zapatos recién boleados, corbata, camisa. Pero no nos vestimos para el que perdió la vida, pues él solo se ha ido y no podrá ver aquellas galas.

 

He llegado al crematorio, camino por sus lúgubres pasillos, acompañado de los golpes de mis zapatos contra el suelo, me dirijo al velatorio, cada paso me acerca más al umbral de la puerta, sin darme cuenta me encuentro ya enfrente de la puerta desde donde puedo apreciar el féretro y parte de aquella sala. Me siento a punto de desmoronarme no quisiera tener que afrontar esta realidad, esta triste, pero irreversible realidad. Pero ni modo, no queda opción, no he avanzado tanto para darme por vencido, así es que armándome de valor entro a aquel cuarto.
 

Ni una sola alma, sólo yo y aquel féretro café, al parecer nadie conocía al difunto más que yo. Me siento en la silla más cercana al féretro preparándome para velar el cuerpo aquella noche. Mis ojos se empiezan a cerrar, el sueño empieza a invadirme y sin darme cuenta he caído profundamente en él, pero el sonido de unos tacones acercándose me hacen despertar y regresar a la realidad; una mujer acaba de entrar a la habitación su velo negro no me deja verle el rostro. Se dirige al féretro, se coloca junto a él y levanta la cubierta superior, dejando algo dentro de él. Sólo eso hizo y se retiró de inmediato.
 

La curiosidad me ganó, me paré de mi asiento y me acerqué al féretro, colocándome junto a él. Posé mis manos en la cubierta superior para alzarla, entonces procedí a abrirla y quedé impactado, mis lágrimas brotaron sin control, el miedo me invadió, quedé completamente atónito.

El cuerpo que se encontraba dentro, era yo, ¡yo muerto!. No lo podía creer, sentía que el mundo se me caía encima, no lo comprendía, no tenía lógica ver mi cuerpo en aquel ataúd.

Hasta que vi aquella foto, esa foto me dio la clave, el del ataúd no soy yo, es mi amor, es el amor que ha muerto, es nuestro amor el que murió. Pero ahora que será cremado, no dejaré que se transforme en simples cenizas, esparciré las cenizas por el mundo para que ese polvo de amor se fusione con la humanidad y aunque sé que tú ya no lo sientes y eres tan indiferente como en el momento que dejaste la foto sobre el cadáver de mi cuerpo. Yo aunque sé que no lo reviviré, sigo siendo parte de él y  haré que la humanidad se esmere en sentir un amor tan grande como el que yo sentí por ti. Porque es el tesoro más grande que se le puede regalar a alguien, y es un regalo más allá de lo material.


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