Juan Pablo II, ¿santo de los pederastas? Parte II
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Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente
el que los pidamos.

Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.

Hace unos días comentaba que el primer milagro de Juan Pablo II ya como santo, desde mi perspectiva, fue el captar la atención de gente de buena voluntad en todo el mundo. Pero no todo el mundo piensa lo mismo.

En la red se lee que Juan Pablo II puede ser el santo de los pederastas, por su tibieza al enfrentar los escándalos mundiales de abusos infantiles por parte de sacerdotes. Si los narcos tienen su santo, Jesús Malverde, los pederastas pueden ir pensando en pedir la canonización del fundador de los legionarios de cristo, Marcial Maciel, que si bien no se la darían, sí causaría tal revuelo que puede que tenga tanto éxito como lo ha tenido la adoración a la santa muerte.

Es que la canonización de Juan Pablo II ha sido la más polémica de la historia del Vaticano.  No podemos decir mucho de San Juan Diego porque nadie de nosotros lo conoció. Así que le vienen bien todas las virtudes, además de que su condición humilde y oprimida, dista mucho del poder que dirigía el papa polaco.

Queda claro que el Papa podrá tener las más cristinas intensiones y las acciones personales más ejemplares que se quieran, pero el  Estado del Vaticano no se gobierna solo y es ahí donde están las debilidades del nuevo santo, en el comportamiento de los otros.  Si bien esto no tiene peso dentro del pueblo católico que pedirá la intervención del Santo amigo de México para la concreción de los milagros solicitados, sí la tiene para el análisis de las necesidades de la iglesia en el contexto mundial.

“Que se haga rápido, pero bien” fue el argumento ante las críticas por la celeridad en el proceso de canonización, y no es para menos, el horno no está para bollos, pues el último censo del INEGI señala un crecimiento en la población no católica. Este fenómeno es mundial, como  también lo es la sabida diferencia en cuanto al carisma entre Juan Pablo II y su predecesor y la falta de credibilidad creciente en la iglesia católica.

Nada que suceda en el Vaticano puede verse tan sólo como un acto para preservar la fe. Es un Estado y como tal tiene intereses económicos y políticos con otros Estados. El Papa dirige una institución complicada y eso le lleva a tomar decisiones no de un santo ni de un cristiano apegado a los 10 mandamientos, sino al de un estadista que tiene que mantener un poder. Eso lo convierte en un hombre que conoce la condición humana y opera desde, con y para ella, y además, no lo hace sólo. De ahí que cabe la posibilidad de que Juan Pablo II hubiera querido tomar otra postura frente a los múltiples casos comprobados de abuso sexual infantil por parte de sacerdotes. Casos con mayores pruebas contundentes de su veracidad, que las pruebas que presentaron para mostrar su intervención en la consecución de un milagro y solicitar su canonización, según, recalco, se lee en  internet.

Pero estamos habidos de milagros de todo tipo y eso lo saben bien los ideólogos de las iglesias. Es una demanda estudiada desde las ciencias sociales. Por ello el nuevo Santo puede hacerle un milagro al Vaticano.

Y así, entre el manejo de la imagen de Juan Pablo II  por parte de la cúpula eclesiástica  y la fe sincera basada en lo que le gente percibía en la mirada del ahora santo, navegamos cada quien en su barca, mirando el horizonte, en búsqueda de milagros.


luis fernando paredes y nino*Luis Fernando Paredes Porras. Pedagogo, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM

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