Bajo vagabundeo mental sería un nuevo síntoma de la esquizofrenia
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21 de enero de 2022

La reducida capacidad para “englobarse” o estar “elevado” (vagabundeo mental), o para imaginar el mundo o simular situaciones probables en escenarios hipotéticos a futuro, serían un nuevo hallazgo de los especialistas en estos pacientes.

Contrario a lo que se creía, la capacidad reducida para imaginar situaciones del futuro y para mentalizar o imaginar, no sería consecuencia de la esquizofrenia sino un nuevo síntoma no identificado hasta el momento y que impactaría negativamente la capacidad de enfrentar posibles situaciones futuras, por ejemplo.

Así lo evidencia la investigación de la médica Catherine Meneses, especialista en Psiquiatría de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien estudió con su tutor –el profesor Hernando Santamaría García– cómo se da el vagabundeo o englobamiento de la mente en pacientes con trastornos de pensamiento como la esquizofrenia.

El estado de vagabundeo mental o englobamiento define los pensamientos involuntarios que tienen todas las personas y que no están relacionados con alguna tarea que realicen en el momento. En palabras de la especialista, “es cuando se hacen preguntas, se recuerdan situaciones vividas en el día o se reflexiona sobre lo que no ha pasado pero puede llegar a ocurrir”.

Nuevo abordaje de la esquizofrenia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esquizofrenia –que afecta a más de 21 millones de personas en el mundo– es una psicosis, un tipo de enfermedad mental caracterizado por una distorsión tanto del pensamiento como de las percepciones, las emociones, el lenguaje, la conciencia de sí mismo y la conducta.

Esta enfermedad es más frecuente en hombres (12 millones) que en mujeres (9 millones), ya que los primeros la desarrollan generalmente a una edad más temprana, y aunque no se ha identificado un único factor para su origen, se provocaría por la interacción entre la genética y una serie de factores ambientales y psicosociales.

El trabajo de la doctora Meneses señala que a lo largo de la vida este trastorno tiene una prevalencia generalmente estimada en el 1 % y un riesgo de por vida para quienes la padecen de 4,0 por cada 1.000 habitantes en el mundo.

“Las personas con este trastorno usualmente tienen ideas delirantes y creencias erróneas del mundo, además de alteraciones en lo que ven o escuchan. También presentan problemas en sus funciones ejecutivas –relacionadas por ejemplo con la capacidad de tomar decisiones, de planear actividades en el día, de tener control sobre las cosas– y en los procesos de mentalización, que es la facilidad que tenemos los seres humanos de imaginar cosas, como por ejemplo cómo nos irá mañana”, sostiene el profesor Santamaría.

En este sentido, los investigadores buscaban relacionar los resultados obtenidos mediante unos instrumentos aplicados, con los síntomas de la enfermedad, sus funciones ejecutivas y poder de mentalización. “En estos pacientes era difícil saber si tienen la capacidad de englobarse y qué tan buena es, y si esta se relaciona con tener creencias o percepciones falsas, facilidad de tomar decisiones, o si pueden o no mentalizar”, explica.

En el estudio participaron 40 personas, 20 diagnosticadas con esquizofrenia y 20 sanas (grupo control), quienes cumplieron criterios específicos de inclusión.

Se les aplicó una prueba inicial (desarrollada por el docente Santamaría) que consiste en pedirles a los participantes que piensen en una letra específica, y se les daba un tiempo determinado para pensar en palabras que comienzan con esa letra. “Se espera que el paciente esté muy concentrado, hasta que llega el momento en que empiezan a hablar de otras cosas y pierden el hilo de la tarea específica, que es cuando uno asocia a que se está englobando”, refiere la doctora Meneses.

Después de unos minutos se detenía la actividad y se les pedía a los participantes que contaran en qué estaban pensando en ese momento, para evaluar si se refería o no a la actividad que estaban desarrollando.

A los pacientes sanos también se les aplicó un cuestionario de autorrelleno y otros instrumentos específicos para medir la capacidad de mentalización y funciones ejecutivas, mientras que los pacientes con esquizofrenia hicieron cuestionarios para medir los síntomas de su enfermedad.

“La experiencia fue muy interesante porque teníamos varias hipótesis y nos encontramos con algunos resultados asociados con lo que pensábamos y otros que no, como por ejemplo que los pacientes esquizofrénicos tienen menor capacidad de producir pensamientos espontáneos frente a las personas sanas”.

“En el tratamiento existe una tendencia a concentrarse mucho en los síntomas de las alucinaciones e ideas falsas, y este estudio nos abre todo un campo en el que podríamos intervenir en la práctica clínica, porque hay muchas otras alteraciones de funciones mentales que es necesario profundizar para el bien de los pacientes”, sostiene la especialista de la UNAL.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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