Gran ciencia es ser feliz
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31 de julio de 2021

La alegría más grande es la inesperada.
Sófocles

Ramón Pérez de Ayala, escritor y periodista español, decía: “Gran ciencia es ser feliz, engendrar la alegría, porque sin ella, toda existencia es baldía”. Y mucha razón tenía ya que esta emoción (la alegría) se ha comprobado que nos genera bienestar física y emocionalmente hablando y es de fundamental importancia el tratar de mantenerla todos los días. Ya el Eclesiastés 3:12 decía: “Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva”.

Para conmemorar la alegría el colombiano Alfonso Becerra propuso designar una jornada durante el Primer Congreso de Gestión Cultural, celebrado en Chile en el año 2010, justificando que, si existen días para conmemorar días históricos, políticos, religiosos, comerciales, deportivos, entre otros, era necesario reconocer este sentimiento -la alegría, que hace bien a todos los seres humanos. Decidió que se debía de instaurar el 1 de agosto como el Día Internacional de la Alegría. Día en el que muchas personas empiezan sus vacaciones.

En un principio, solo 14 países se unieron a esta celebración, como Chile, Brasil y Argentina. En la actualidad esta jornada se conmemora a nivel mundial. Con esta propuesta se busca motivar a los ciudadanos del mundo sobre la importancia de la alegría en su vida diaria, aun cuando ésta no se presente el cien por ciento del tiempo.

La palabra alegría proviene del latín, “alacer, alacris” y su significado corresponde a “rápido, vivaz o animado”. San Isidro de Sevilla (560-636) dice: Alegre viene de alacer -que tiene velocidad y carrera y habla como si tuviera alas.

Expertos psicólogos definen a la alegría como una emoción pasajera de placer, producido normalmente por un suceso favorable, que se manifiesta con un buen estado de ánimo por medio de la risa o la sonrisa, aunque también es cierto que la alegría provoca manifestaciones de todo tipo, desde saltos, aplausos, bailes, llanto, euforia y muchas otras diferentes expresiones más ya que cada persona la manifiesta de forma diferente. Realmente, la alegría es una emoción subjetiva, y dependerá mucho de la persona que la siente y su forma de manifestarla.

El efecto de la alegría en el sistema circulatorio se manifiesta porque la cara se sonroja o el corazón se acelera. Por supuesto que la alegría no es la única emoción que influye en este sistema: el miedo, la tristeza y otras emociones también pueden causar reacciones. Otros aspectos autónomos que pueden verse afectados por la alegría son la salivación, la sudoración, la temperatura corporal e incluso el metabolismo.

A nivel científico, sentimos alegría en nuestros neurotransmisores, que son pequeñas células químicas mensajeras que transmiten señales entre las neuronas y otras células del cuerpo. Esos neurotransmisores son responsables de los procesos y sentimientos en casi todos los aspectos del cuerpo, desde el flujo sanguíneo hasta la digestión.

Sentimos alegría en nuestros cuerpos debido a la liberación de dopamina (causante de sensaciones placenteras y la sensación de relajación) y serotonina llamada también como la “hormona de la felicidad” (ayuda a regular el estado de ánimo, el comportamiento social, el apetito, la digestión, el sueño, la memoria, el deseo y la función sexual), dos tipos de neurotransmisores en el cerebro. Las personas con depresión clínica a menudo tienen niveles más bajos de serotonina.

Investigadores del Columbia University Medical Center (EE. UU.) han llegado a la conclusión de que el "Sonreír puede engañar a tu cerebro al elevar tu estado de ánimo, disminuir tu ritmo cardíaco y reducir tu estrés. La sonrisa no tiene que estar basada en una emoción real porque fingirla -o sonreír sin ganas- también funciona".

A propósito de la alegría, en México existe un típico dulce que desde el siglo XVI se le conoce con ese nombre de “alegría” está hecho con semillas de amaranto, miel o piloncillo y algunos frutos como pasas o nueces. Anteriormente lo mezclaban con aguamiel. La alegría de Tulyehualco fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México en septiembre de 2016.

Sobre el origen del nombre de alegría, se dice que había un Franciscano llamado Fray Martín de Valencia que llegó a Xochimilco con algunos misioneros y un día al estar en un cerro y al intentar prender una fogata, utilizaron varas de amaranto para prenderla y de pronto éstas comenzaron a tronar y a volverse a un color blanco. Esto les causó tanta curiosidad y alegría que empezaron a cantar y bailar alrededor de la fogata.

Lo que sí es cierto, estimado lector, es que una persona alegre rinde más, tiende a estar más sano, a superar las dificultades, y a provocar alegría a las personas que tiene alrededor, a hacer el bien. La alegría se multiplica exponencialmente, así que en este día y siempre, debemos compartir la alegría para que más personas se contagien de esta emoción, una de las más hermosas que puede tener el ser humano.

Celebremos, hoy 1 de agosto, el Día Internacional de la Alegría.
Feliz y alegre día.

Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com
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  • Jorge Nández