9 de mayo de 2014
- La Historia Jamás Contada -
El ya muy próximo IDAHO (“International Day Against Homophobia”) trae a primer plano la íntima relación entre Historia y Política, en este caso negativa, pues la segunda niega a la primera. Más específicamente, la casta de los políticos profesionales, la que vive de la política, no se atreve a institucionalizar lo que históricamente es un hecho: la diversidad, sexual y de otro tipo. Es una situación comparable, propiamente un isomorfismo, de la contradicción entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones de producción, que descubriera Marx en sus reflexiones “holísticas” sobre la economía social, sólo que aquí las fuerzas son culturales.
Pero en este y otros casos semejantes, exceptuando a los fanáticos sectarios –los hay- que se oponen por razones “divinas”, la negativa viene del inveterado pragmatismo del político común, consecuencia de su formación empírica –esto es, “sobre la marcha”- que lo lleva a hacer sólo lo que vio hacer a otros políticos –sus modelos, mentores o “padrinos”-, siendo refractario a cualquier innovación y más si ésta expresa una contradicción entre fuerzas sociales, sobre la que además espera, ingenua aunque irresponsablemente, que se resuelva por sí sola. (En particular, la mera proclamación del 17 de mayo como “Día Internacional Contra la Homofobia” (DICHO) con todas sus letras, sólo tuvo lugar apenas el pasado 21 de marzo de 2014, pues el panista Calderón no se atrevió a hacerlo: sus “santas” razones tendría.)
Junto a esta actitud de los políticos, que constituye su “nivel de incompetencia” (principio de Peter), está la falta de perspectiva de la sociedad “correcta”, empeñada en tomar como “desviación” todo comportamiento que se aparte de la tradición aceptada o dominante… Y aquí está el punto, la tradición, que de ser simplemente “lo traído” –eso significa- de generaciones pasadas, el régimen clerical-priísta lo fue convirtiendo en principio universal –y atemporal- de conducta. Ya hace 50 años nos tocó presenciar de niños, el “drama social” que armaron los conservadores (de la tradición) por las nuevas formas de vestirse, que desde entonces son el standard: hacerlo como nos sintamos a gusto, sin obedecer la rígida etiqueta –supuestamente inamovible- de antaño.
El mismo “conflicto moral” que urden ahora sus descendientes consanguíneos o ideológicos, por las expresiones individuales sin tapujos respecto a la sensualidad, la sexualidad y el deseo. ¡Cómo hace falta en nuestro País la disciplina académica conocida como “Historia de la Cultura (o Vida) Cotidiana”!, que se ocupa precisamente de mostrar el desarrollo (cambio, evolución) de las formas y estilos de vida de las sociedades a través del tiempo: sería mucho más fácil establecer como alternativas culturales socialmente válidas, las expresiones vitales personales de todo tipo que aún causan escozor a políticos pragmáticos y fundamentalistas religiosos por igual.
Fernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.
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